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“Con el candidato del FMLN ya definido, este va a tener que buscar los vasos comunicantes con Nuevas Ideas”

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Francisco Jovel lleva ahora más de quince años fuera, formalmente, del FMLN. Pero se mantiene como un colaborador del partido, un hombre de izquierda que mantiene contacto constante con las bases. Luego de la derrota histórica en las elecciones del 4 de marzo de 2018, Jovel le tomó el pulso al FMLN desde la visión de los correligionarios. La renovación de la dirigencia y una transformación profunda en el FMLN es, para las bases, un deber después de la elección presidencial de 2019. El candidato que resulte elegido este domingo 27 de mayo deberá ser, también, promotor de esa renovación. Y de alianzas: Jovel cree que el FMLN, convertido en un partido tradicional parecido a Arena, debe limar asperezas con Nayib Bukele y su movimiento Nuevas Ideas. 

Foto FACTUM/Frederick Meza


En la guerra su seudónimo fue Roberto Roca. Fue uno de los comandantes y secretario general del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), una de las cinco organizaciones que integraron la guerrilla del FMLN en 1980. El PRTC de Roca tuvo su origen en la Organización Revolucionaria de los Trabajadores, un grupo que se separó a principios de los años setenta de otra de las organizaciones que se aliaron en el FMLN, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El partido en el que Roca fue comandante también tenía un frente de choque social: el Movimiento de Liberación Popular, que aglutinaba estudiantes universitarios, grupos de campesinos y sindicatos.

Jovel fue uno de los integrantes de la comandancia general de la guerrilla en los años ochenta. Fue también uno de los firmantes de los Acuerdos de Paz en 1992. En los años noventa, fue diputado de la Asamblea Legislativa y miembro de la Comisión Política del FMLN. La cúpula que llegó después de su salida como dirigente lo expulsó del partido en medio de las pugnas que ocurrieron entre el grupo interno que fue conocido como los renovadores, del que Jovel era parte, y los que representaban la corriente ortodoxa dentro del FMLN y que ahora son quienes controlan la dirección del partido.

¿Qué pasó con el FMLN después del 4 de marzo, desde su perspectiva?

Por lo que yo he podido constatar directamente, hay un gran descontento en una gran cantidad de gente de base. No solo de aquellos que han sido excluidos del padrón, sino incluso personas que están en ese padrón recortado. A mí, aun cuando no estoy como miembro activo del FMLN desde el 2003, la gente de base me ha invitado y yo he asistido a varias reuniones. Llamémosles reuniones alternas a las reuniones oficiales que han andado haciendo después del 4 de marzo para presentar a los precandidatos. El descontento es bastante significativo. Alguna gente ha documentado sus opiniones críticas. También, hay que decirlo, en esas reuniones se han reconocido los aspectos que les parecen positivos del quehacer del gobierno. Y hay algo que han sabido definir con claridad: ellos consideran que el problema no es del gobierno, sino que el problema es del partido. Y algunas veces han lamentado que da la impresión de que la culpa del retroceso que se ha dado en cuanto a alcaldías y diputados se le ha achacado al quehacer gubernamental, y ellos están convencidos de que se trata de un deterioro del papel que como organismo conductor debería jugar el partido.

“Yo creo que una alianza con Nayib, siendo él quien dispute la segunda vuelta, más que la dirección del FMLN, son las bases del FMLN las que van a aliarse con él”

Algunos han planteado situaciones fuertes, como por ejemplo consideran que debería, hasta por honestidad política, renunciar la dirección en pleno y abrir posibilidades. Pero otros han planteado que si las cosas van a ir para bien, hay que reconocer que la dirección ha hecho su rectificación, aun cuando yo lo que he escuchado es que hay mucho desaliento en la gente y consideran que es posible una pérdida más. Y entonces lo que esta gente plantea es que, bueno, que no sean nuevos dirigentes los que paguen esa factura, sino que sea la misma dirección. No es extraño que yo diga que personas que provienen de un sector de las FPL y otro sector del Partido Comunista, dos de las cinco organizaciones originarias del FMLN, han sido los principales protagonistas de una pugna sorda, porque la mayor cantidad de gente de la RN, del ERP o del PRTC han sido parte muy castigada en esta tarea de depurar el padrón. Hay un afán bastante grande por desplazar a algunos dirigentes conocidos desde la época de la guerra que, sin necesidad de expulsarlos como nos pasó a otros, están siendo objeto de una exclusión de nuevo tipo.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, ha sido más difícil para estas personas conseguir las candidaturas para diputados, para alcaldes, y con otros han tenido preferencias. Algunos de ellos me han expresado, incluso dirigentes, que el fenómeno que se dio con la expulsión de Nayib Bukele fue producto de que le prepararon una trampa. Y él, dado su temperamento, cayó en ella. Y ese fue el motivo o pretexto para su expulsión, cosa que esta gente lamenta porque le ha robado al partido las posibilidades de mejorar en términos de preferencia ciudadana. Las últimas encuestas lo evidencian. Colocan al FMLN en tercer lugar y bastante lejos de Nayib. Incluso bastante lejos de la misma Arena, cosa que debería obligar a una reflexión profunda al partido en su conjunto. Creo que hay algunos dirigentes obcecados que consideran que lo que están haciendo lo están haciendo bien y no se dan cuenta de que están cometiendo un gravísimo error y debilitando ese instrumento del pueblo que tanta sangre y tanto sacrificio costó.

“Yo creo que con cualquiera de los dos que gane, el partido puede experimentar un renacimiento, una refundación, una rectificación a fondo”

Si bien se ha llegado a la convicción desde la base que el gobierno del FMLN no es el responsable de lo que pasó el 4 de marzo, cuando empiezan a salir las primeras críticas, quien castigó fue el gobierno: hubo remociones de funcionarios que criticaron al FMLN.

Eso es lo que la gente considera que no es correcto. Es más, el problema lo enfocaron en determinadas personas. Pero la gente, posteriormente, ha planteado: entonces, ¿qué cambió en ANDA? Cambiaron a una persona, pusieron a otra, pero los problemas de ANDA siguen siendo los mismos. En otros lugares ha habido un pequeño cambio, como focalizar los subsidios. Yo no puedo negar que le ha dado un empuje a la labor gubernamental la presencia de Óscar Ortiz, que le ha dado un gran dinamismo, aunque considero que es una corrección tardía. Debió haber jugado, desde el principio, un papel más protagónico en el quehacer gubernamental para compensar, si se quiere, el estilo personal de trabajo del presidente Salvador Sánchez Cerén, que tiene un estilo muy diferente. Pero, bueno, la crítica va en ese sentido: no son necesariamente las personas, sino las políticas que el partido busca que el gobierno ejecute. El problema, me dicen, es que están tratando de personalizar el problema en lugar de hacer una crítica real como partido y como gobierno también, porque hay que reconocer que no toda la culpa podría ser del partido. En algunos casos puede ser que un funcionario no esté impulsando la política que el partido ha promovido. La gente está muy resentida porque no ha habido una verdadera diferenciación del FMLN respecto a los partidos tradicionales de la derecha.

¿Eso dicen las bases?

Dicen que el FMLN se ha convertido en un partido tradicional más, con los vicios de los partidos tradicionales, con la búsqueda de privilegios individuales que siempre ha sido característica de los partidos tradicionales en el país. Y esto pasa no solo en los ministerios del gobierno, sino que también se imita a nivel de los gobiernos municipales. Denuncian el nepotismo, por ejemplo, que dicen que es una enfermedad que también ha estado padeciendo el partido. Pero lo más global es: el FMLN ha caído en las trampas de la política tradicional y eso ha degenerado el papel de la izquierda, sobre todo después de una guerra tan cruenta como la que tuvimos.

¿Y usted qué piensa de la unión con GANA y a veces con el PCN para lograr votaciones en la Asamblea Legislativa? ¿No cree que esas uniones por conveniencia política le han traído costos al FMLN?

No hay duda de que para poder gobernar no se puede hacer de una manera pura, con las posiciones individuales de un partido. No. Los partidos pueden y deben buscar aliados, tienen que hacer concesiones. Algunas concesiones incluso son hasta indeseables para el partido mismo, pero la realidad política en un momento dado la impone.

“El FMLN ha caído en las trampas de la política tradicional y eso ha degenerado el papel de la izquierda, sobre todo después de una guerra tan cruenta como la que tuvimos”

¿Pero usted cómo califica, por ejemplo, la foto de Antonio Saca abrazando a Salvador Sánchez Cerén para la segunda vuelta presidencial de 2014?

(Ríe con disimulo) a la gente, creo, y a uno no le gusta. Sin embargo, habría que ver que algunos asuntos de orden protocolario deberán ser cumplidos, no obstante que no guste. Es un gesto simbólico ante el imaginario popular que resulta no tan positivo.

Pero, un momento, no fue tan simbólico. Ese abrazo estuvo acompañado del anuncio de que Saca daba el respaldo político a Sánchez Cerén para la segunda vuelta.

Sí, pero yo creo que una de las cosas que ha creado muchos problemas al FMLN es no haber tenido muy clara, bien definida, su política de alianzas. La política de alianzas del FMLN ha sido muy lamentable. Por ejemplo, eso que tú me planteas de Saca, que después se convierte en la alianza con GANA en el legislativo. Y también una alianza con el movimiento Nuevas Ideas, no obstante que eso significó la incorporación de Nayib y buena parte de su grupo al partido. Tampoco esa última fue una alianza bien definida. Fue una alianza de hecho. Incluso cuando se incorpora al partido, todo el mundo sabía que era una alianza entre el sector que conduce y ahora hegemoniza al partido y un sector distinto que tenía un propósito y una visión evidentemente diferente. No se ha precisado hasta dónde vamos a identificarnos y hasta vamos a diferenciarnos, y cómo vamos a administrar las diferencias, de tal manera que no nos haga crisis, o que no tengamos que estar poniendo trampas políticas que deterioran las alianzas y que a veces las rompen. Lo mismo pasó con Mauricio Funes. El FMLN hizo una alianza con el movimiento Amigos de Mauricio, pero no definió nada. Nadie sabía los términos de la alianza. Y resulta que una vez elegido Mauricio como presidente, fue él quien impuso su diferenciación respecto del partido, y yo estoy convencido de que el FMLN no dirigió nada en el gobierno de Mauricio. Fue él quien le impuso al partido que se dijera que ese era un gobierno del FMLN. Y me parece un error del partido seguir diciendo que ese fue el primer gobierno del FMLN.

¿Pasó lo mismo con Nayib?

Lo mismo. Y lo que yo siempre he sostenido es que si se quiere hacer una alianza que tenga visos de perdurar y de ser benéfica para los aliados, tiene que estar bien establecida. Y no se trata de que todo sea besitos en la mejilla, se trata de que se especifique bien en dónde habrá diferencias y en dónde habrá coincidencias. Vaya, la alianza de las cinco organizaciones del FMLN en la guerra no impidió que se notaran las diferencias de enfoque de cada organización. Esa alianza, que se pudo administrar cuando nos lanzaban balas, no se pudo administrar cuando ya no hay guerra.

En una entrevista que le hizo Marta Hanecker, en 1990, usted le dijo que había una expectativa entonces acerca de qué iba a ser el partido FMLN: un partido único o un “partido de partidos”, muy parecido al FMLN guerrillero. ¿En qué se terminó convirtiendo el FMLN?

Lamentablemente, a mi manera de ver, no es un partido de partidos. Yo siempre he sostenido que la fortaleza y la indomabilidad del FMLN era el hecho de que se había convertido en la casa común de las izquierdas. Esa era su fortaleza. Sin embargo, siempre hubo en el FMLN una discusión entre esa visión y la visión de que la fortaleza y la unidad de un partido consiste en que desaparezcan las diferentes corrientes y se imponga una sola. Yo siempre he considerado que esa última visión es errónea. Considero también que la lucha ideológica dentro de un partido le da fuerza, vitalidad, viveza, obliga a pensar. En cambio, en esa línea de partido uniforme, de un solo enfoque, lo que tiende a predominar es la mediocridad. Los dirigentes, para tener gente dócil, tienen que buscar mediocres. Tienen que buscar gente que en lugar de ser pensadores libres, son individuos que dicen lo que se quiere oír. Eso es lo que está debilitando al FMLN grandemente. Sin embargo, en la última fase, sobre todo después de la derrota del 4 de marzo, ha vuelto a surgir esa lógica de las corrientes internas.

“El principal daño a la imagen de Gerson es que, precisamente, él se dejó ungir. Siempre hay que saber quién lo llena de aceite a uno”

Pero, ¿cómo se pueden legitimar distintas corrientes de pensamiento de izquierda cuando, por ejemplo, el mismo padrón de electores que va a decidir este domingo quién va a ser el candidato presidencial del FMLN ni siquiera llega a cincuenta mil, cuando en 2014 casi un millón y medio de personas votaron por este partido?

Esta es una evidencia concreta de cómo las tendencias sectarias y hegemonistas en el FMLN lo están dañando. Tiene candidatos que verdaderamente no son representativos de los electores, de la misma gente que vota por ellos. La gente vota pero no elige. Y ya se han dado botones de muestra. Lo que pasó en San Antonio Los Ranchos, en Chalatenango, el candidato que la base quería fue repudiado por la dirección. El candidato se fue con la bandera de Cambio Democrático y ganó. Ese es un botón de muestra de cómo, después de todo, las bases quieren revertir esa tendencia sectaria y hegemonista que, en el viejo lenguaje de la izquierda marxista, se llamaría estalinismo.

¿Qué significado tienen estas elecciones primarias del FMLN?

Para algunos puede ser un asunto reaccionario. Para otros es algo así como el principio de lo que podría ser una rectificación. Los actuales precandidatos, tanto Hugo Martínez como Gerson Martínez, yo siempre le he tenido mucho aprecio a su labor dentro del partido y con el gobierno. Ellos fueron parte de una corriente del partido que se denominó tercerista, después les dijeron “Los Tulipanes”, porque se reunían en un lugar que así se llamaba, y ellos tenían siempre una visión más amplia respecto de otras corrientes. Eran más propensos a expresar su propia opinión, aunque manifestaban siempre cierta especie de obediencia. Yo creo que con cualquiera de los dos que gane, el partido puede experimentar un renacimiento, una refundación, una rectificación a fondo. Si pierden, que las encuestas van en ese sentido y ojalá las puedan revertir en los próximos meses, también eso podría dar lugar para una rectificación a fondo. Yo esperaría que en cualquiera de los dos casos, ellos lo hagan visible. Creo que en este momento no lo pueden hacer visible, por conveniencia política. El partido está golpeado y no se le puede golpear más creando una discusión. Porque es obvio que una refundación implicará una discusión que no puede ser una discusión intramuros. Tiene que ser una discusión pública. Si al final de cuentas el FMLN es un instrumento del pueblo salvadoreño, no es una empresa privada. Por lo tanto, todos los salvadoreños, adversarios y amigos, tienen que tener claro qué es lo que se va a estar discutiendo. Es que la izquierda no puede ni debe avergonzarse de sus propios planteamientos. Tiene que abrirles brecha.

¿Le va a hacer daño a Gerson haber sido ungido en un principio por la dirigencia?

Yo creo que el principal daño a la imagen de Gerson es que, precisamente, él se dejó ungir. Siempre hay que saber quién lo llena de aceite a uno. Yo creo que él, desde un principio, debió hacer lo que ha terminado haciendo a destiempo: dejar claro que él no quiere ser el candidato único, ni el candidato ungido por los actuales dirigentes, que por cierto esa es una expresión de reconocimiento indirecto de la culpabilidad de la política que impulsó la dirección que lo ungió. Lo ha hecho, pero a destiempo. Ahora, yo creo que Gerson es una persona que si aceptó ser el candidato de la dirección no lo hizo para seguir a ciegas la política de la dirección. Creo que lo hizo resignado, porque las cosas en este partido así se están haciendo. No creo que él haya asumido como propias las políticas que se han estado impulsando en el partido. Su historia personal y política refuerzan lo que digo.

“Hugo no solo cuenta con ese apoyo. Hay un sector, en cuya cabeza predominan personas del Partido Comunista, y lo voy a decir con su nombre: Ramiro (José Luis Merino), que también le brindan su apoyo”

En caso de que logre la candidatura, ¿usted ve a Gerson en 2019, gane o pierda la presidencial, como un protagonista que va a promover la renovación de la dirigencia del FMLN?

Yo esperaría que ayude. Yo creo que por la personalidad de Gerson, buscaría hacerlo sin crear un cisma. Eso sería bueno, siempre y cuando esa conducta no impida la transformación del partido. Estoy seguro de que él sigue teniendo una conducta no sectaria, aunque no ha luchado al interior del partido para que esa conducta no sectaria sea protagonista. Pero el partido debe renovarse. A mí me plantearon: ¿y vos te vas a reinscribir? Y yo les digo que aún no es el momento apropiado para que una persona que piensa con su propia cabeza tenga suficiente espacio allí. Tengo más espacio desde fuera que desde dentro.

Aquí yo lo cuestiono a usted. Si usted dice que Gerson tiene una posición no sectaria, pero que lo malo es que no ha luchado dentro del FMLN por tener voz y voto, y si usted también tiene una posición distinta a la de la dirigencia, ¿por qué en su caso es mejor estar fuera?

Es que yo me mantengo alejado de la estructura formal, no alejado de la izquierda en general. Como te decía, yo me reúno con la gente de base, yo expreso mis pensamientos a esta gente. De tal manera que yo siempre colaboro. De hecho, me pudieron ver como supervisor del FMLN en un centro de votación, aun cuando no soy parte de la estructura formal. Y ha sido una forma de estar con un pie fuera, porque me lo han sacado, y un pie dentro, porque me lo he ganado, si soy de los fundadores de ese partido, miembro de la ex comandancia general, miembro de la Comisión Política, diputado y soy un hombre de izquierda. Eso me da posibilidades de que hablen conmigo con más sinceridad y franqueza mucha gente que no está en el FMLN o que no ha estado en el FMLN pero que son personas de izquierda.

En el caso de Hugo, él dice que no es el candidato de Óscar Ortiz, como se puede leer en una entrevista que le hizo El Faro. Una publicación de Factum, en cambio, sí coloca a Hugo como quien lleva el estandarte de un sector del FMLN en el que se ve con claridad el rostro de Óscar Ortiz. ¿Es así?

No es tan simple. Yo reconozco que Óscar le ha brindado su apoyo y que es en quien Óscar tiene confianza de que el partido pueda hacer ciertas rectificaciones. Sin embargo, ¿en qué consisten cabalmente las rectificaciones que Óscar pudiera plantear para el partido? No las conozco. Hay mucha palabra, pero no hay algo sistematizado. Es algo parecido a lo de Nayib: nuevas ideas, pero ¿cuáles son? No las ha especificado claramente. Sí reconozco que Óscar pide un dinamismo diferente al interior del partido y eso es muy bueno. Pero más allá de eso, siempre a las horas de las horas ya sea Hugo, Gerson, Óscar luego se muestran silenciosos respecto de quienes han estado poniéndole improntas al partido. Creo que Hugo tiene el respaldo de sectores que apoyan o que siempre han tenido como heraldo a Óscar. Sin embargo, creo que Hugo no solo cuenta con ese apoyo. Hay un sector, en cuya cabeza predominan personas del Partido Comunista, y lo voy a decir con su nombre: Ramiro (José Luis Merino), que también le brindan su apoyo, no tan visible, pero se lo brindan, y que tienen una apertura hacia la búsqueda de aliados mucho más amplia. Por eso, en los discursos de Hugo, no se cierra la posibilidad de la búsqueda de una alianza con Nayib. En cambio, en el discurso de Gerson, más pegado a la dirección del FMLN, se habla de alianzas con los sectores sociales, con los sindicatos, con los gremios, que ese ha sido el lugar común. Entonces, yo creo que esa diferencia ayuda a Hugo y afecta a Gerson, porque en las bases del partido una de las cosas que más resienten es la expulsión de Nayib. Y, como te digo, llegan a decir que esa expulsión fue organizada. ¿Será cierto o no? Ya es cosa de buscar detectives que lo averigüen.

Ahora, hacia fuera, ya no con los ojos del FMLN, a Gerson se le tiene como el ministro mejor evaluado de los últimos nueve años. Y se tiene a Hugo con los apoyos de Óscar y Ramiro, uno que fue socio de Chepe Diablo y el otro investigado por Estados Unidos.

Eso es lo que explotan los adversarios del FMLN también. Pero podemos crear los escenarios. Realmente, hay que decirlo, esas van a ser situaciones que Arena, particularmente, y otros sectores de la derecha van a tratar de contraponer a Hugo, si logra la candidatura. Habrá que estructurar una estrategia contra eso. No es nada fácil, porque quienes harán las acusaciones juegan un papel político muy importante. Considero que si bien hubo una relación de Óscar con Chepe Diablo, fue una relación en la que este señor lo embarcó a Óscar. Lo lamentable de ese asunto fue no haber hecho las investigaciones correspondientes de “a quién me acerco”. Supongo que ha sido una gran lección para Óscar. En el caso de Ramiro, yo creo que lo que no le logran perdonar los viejos círculos del gran capital en El Salvador es que le abrió la posibilidad a la izquierda de crear un nuevo sector económico importante. Y, por otro lado, la vinculación que hacen de Ramiro con las FARC de Colombia tiene una base muy débil. En todo caso, el FMLN, que es el que supuestamente él representaba ante las FARC, ha tenido una política muy distinta respecto a las FARC. A la larga, aunque creo que van a tratar de explotar ese tipo de cosas, no creo que hagan mella. Desde luego, a Gerson esas cosas lo afectarían menos. Eso es evidente. Pero Gerson se verá obligado también a hacer un manejo apropiado de esa situación porque, aun cuando él llegue a ser el candidato, no podría rechazar el respaldo que necesita de los otros.

“Una expresión de esa falta de dinamismo carismático en el FMLN son el actual presidente de la República y el secretario general del partido. Para mí, son buenos amigos, pero tengo que ser objetivo: no tienen ese dinamismo, ese atractivo que tienen las personalidades carismáticas”

¿El FMLN, sí o sí, después de la elección presidencial, va a tener que renovar a su dirigencia? ¿Se puede decir que es algo casi de agenda?

Yo creo que sí. Es demanda de la base, como te decía en un principio. Si se gana la presidencial, se va a levantar un poco la imagen de esta actual dirección, cosa que es muy cuesta arriba. La derrota de marzo puso todos los escenarios cuesta arriba. Y segundo, además de esa situación, si se pierde, surgirá la necesidad de que el partido haga lo que hicimos quienes estábamos en la dirección cuando Facundo y Nidia perdieron la elección (1999). Nosotros convocamos a una convención, depusimos todos los cargos y se dio la libre elección. En ese momento, nosotros éramos los culpables. Y fue entonces que de allí hegemonizaron la corriente que llamaron revolucionaria y socialista. Hoy no hablan ni de revolución ni de socialismo. Todo mundo considera que están administrando el neoliberalismo. Habrá que hacer algo parecido. Se gane o se pierda.

Y si esta dirección quiere enraizarse, ¿qué pasaría?

Ese sería el peor de todos los errores. Que se lo permita el FMLN sería el peor de todos los errores. Porque ante esa situación se volvería absolutamente legítima una actitud beligerante de las bases del partido. Ya algo de eso se está manifestando hoy. Pero en esas circunstancias se convertiría en un deber de rebelión.

¿Cree que hay posibilidades reales de que se pacte una alianza con Nayib para 2019, teniendo en cuenta que el adversario común será Arena?

Yo preferiría una alianza para primera vuelta. Pero no es fácil o factible. Sería más accesible en segunda vuelta, más obligado por las circunstancias. Yo creo que una alianza con Nayib, siendo él quien dispute la segunda vuelta, más que la dirección del FMLN, son las bases del FMLN las que van a aliarse con él. Por eso te digo que a mí me parece que lo más sensato sería que desde antes se hablara, se limaran asperezas, quizás no con los dirigentes formales, pero, bueno, allí están los precandidatos. Desde ya debería haber conexiones, no visibles, con el movimiento Nuevas Ideas. En política, las conexiones no visibles son las que terminan de armar los rompecabezas. Es la función de la diplomacia partidista. Mucho de eso se prepara en silencio. Yo creo que a partir de este lunes, con el candidato del FMLN ya definido, este va a tener que buscar entre sus partidarios, y entre los partidarios de su competidor, los vasos comunicantes con Nuevas Ideas. Quiérase o no, Nuevas Ideas no puede ser invisibilizado. Es un hecho. Lamentablemente el FMLN no ha podido tener personalidades tan carismáticas como han surgido en otros escenarios. Una expresión de esa falta de dinamismo carismático en el FMLN son el actual presidente de la República y el secretario general del partido. Para mí, son buenos amigos, pero tengo que ser objetivo: no tienen ese dinamismo, ese atractivo que tienen las personalidades carismáticas.

Y no se trata de la edad, supongo. Bernie Sanders le llegó a la juventud de una manera increíble y atrajo a una gran masa de millennials en Estados Unidos.

Así es. No es un problema de cantidad de existencia (ríe). Es un problema de esencia. Es una cuestión de ser imán. Hay gente que es imán, hay gente que no es imán y hay gente que es repelente. Así son las cosas.

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