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Ellas también violan

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Sofía fue violada por su tía. Sí, por su tía materna. Tenía cinco años cuando esto pasó. Once años después fue violada de nuevo. Esta vez, por un amigo. Sí, un amigo de la familia, teniente, quien la forzó a tener sexo con ella. Además la amenazó de hacerle algo a su primo, quien para entonces era cadete en la Escuela Militar. Seis meses después de que el militar la violara, ella le contó a su madre acerca de lo ocurrido. Se lo contó porque su mamá la hostigaba porque tenía novia. Ella y su amiga de infancia eran novias. Ante la solicitud materna de tener una “relación normal”, ella le escupió su última violación.

“(Después de la violación), me sentía demasiado sucia e irónicamente devaluada. Se dieron cuenta seis meses (después). Se los dije por impulso, porque mi madre echó de casa a mi ex”.

– Sofía, víctima de abuso sexual.

Así la cuidó su tía materna durante dos años y nadie supo de “sus cuidados”, que incluían violencia física. Sofía se lo contó a su mamá. Su madre lloró y lloró. Luego le preguntó por qué calló. Sofía guardó silencio por miedo, porque era una niña a quien su tía materna violaba y golpeaba, mientras sus padres, a quienes casi no veía, trabajaban. El padre de Sofía, además, estuvo preso por un “delito similar”, me explica. Por eso también prefirió callar.

Sofía tiene ahora 21 años. Se casó hace dos meses y se separó porque su esposo apagaba los cigarros en las manos de ella. Esto no se lo ha contado, aún, a su familia.

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Aunque le dobla la edad a Sofía, Marvel tiene una historia en común y que inició también cuando tenía cinco años, pero de manera inversa: primero la violó el ordenanza de su padrastro; luego la obligaba a ella y a su hermano —unos años mayor— a tener relaciones sexuales entre sí. Y como la violencia siempre es una espiral que crece y crece, la historia no acabaría allí. En unas vacaciones, Marvel rompió el silencio y le contó a la prima de su mamá. La prima era una joven de unos 17 años. La prima reprodujo esta historia a sus padres, pero obvió contarles que, por las noches, ella abusaba de Marvel.

Ambas historias guardan en común la violencia sexual ejercida por familiares. Las mujeres también violan y abusan sexualmente de menores de edad. Esto es así porque los depredadores sexuales —en este caso depredadoras— están en todas partes. Y como bien recoge el reportaje “Las mujeres violadas de un país que no protege ni medica”, publicado por Séptimo Sentido, el mayor riesgo de violencia sexual se enfrenta en los hogares.

El Código Penal, en su artículo 159, es claro:

“El que tuviere acceso carnal por vía vaginal o anal con menor de quince años de edad o con otra persona aprovechándose de su enajenación mental, de su estado de inconsciencia o de su incapacidad de resistir será sancionado con prisión de catorce a veinte años”.

Sin embargo, las cifras oficiales siempre serán un subregistro, porque no todas las víctimas de violencia sexual ponen una denuncia. La mayoría de veces guardan silencio y cuentan esto hasta que llegan a su edad adulta. En 44 días (para el 10 de abril del presente año), desde que publiqué una columna llamada “Respeten mi derecho a decidir, casi a diario una conocida me cuenta su historia. “Las sobrevivientes, en la mayoría de historias, han sido violadas por más de una persona, y la historia se ha repetido en distintas etapas de su vida. Todas las que he conocido hasta ahora, excepto una, nunca pusieron una denuncia. Y en los casos que comparto en esta ocasión, quienes las violaron eran mujeres y además eran sus familiares.

En una entrevista que realicé recientemente al Dr. Aníbal Faúndes, médico chileno, él explica que “la violencia sexual existe con una frecuencia que uno no se imagina”. Y que toda mujer que sufre de violencia sexual necesita apoyo psicológico porque esta provoca problemas psicológicos.

Sofía no está preparada para buscar una terapia. Dice que no es su momento. Marvel va en su tercer intento de terapia con una especialista distinta. Casi tocó piso para volver al tratamiento del que ya lleva casi dos meses consecutivos. Las últimas crisis nerviosas la hicieron buscar ayuda. Finalmente siente que puede confiar en la nueva psicóloga, y contarle su historial de violencia sexual sin sentirse juzgada ni culpable.

“El enfoque debe ser no solo la interrupción del embarazo sino la atención integral a quien sufre de violencia sexual y así las personas van a entender mejor el problema de violencia sexual. Como no aparece a la superficie, esto no se conoce. Las mujeres no van a los servicios, no creen, no se conoce y la gente cree que esto no existe, que es mentira que hay mujeres violadas”, señala Faúndes.

Yo sí creo, hace años que creo. Así como creo que no solo los hombres violan.

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