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El viaje ‘ambulante’ de Ricardo B’atz

Ambulantes –actualmente en proceso de posproducción– es la primera película del salvadoreño Ricardo B’atz. Cuenta la historia de un choque, cuatro conductores, un muerto y el juicio que los une a todos. B’atz se estrenó en la cinematografía resolviendo en el camino. Bajo una mirada optimista, recorrió un viaje que ahora describe y comparte con Revista Factum para esta entrevista.


Ganadora del premio Pixels Pro 2016, la trama de “Ambulantes” se suma a la más reciente ola del cine salvadoreño –entre producciones como “Volar” y “La palabra de Pablo”–, que cuentan relatos ambientados no solo en lugares conocidos, sino también dentro del imaginario cultural del país. El director, Ricardo B’atz, junto al guionista, Leonel Novoa, le apuestan al cine de ficción como herramienta de identidad. 

Según la calendarización programada, la producción estima que la película podría ser estrenada en octubre del presente año. Aún no cuentan con una fecha de estreno exacta, pues han planificado hacer una gira de festivales previo a su estreno comercial. La apuesta es que luego de esa gira, el público salvadoreño pueda verla en las salas de cine de El Salvador. Para los cinéfilos que radican en el extranjero –y que quisieran verla a través de alguna plataforma de streaming– tampoco existe definido si estará disponible. “Creo que eso depende de los festivales que se hagan y de donde haya gente interesada en distribuir la película”, informa B’atz.

“Ambulantes” sabe tanto a San Salvador como las pupusas en parada de buses. Es más, hasta hay un bus involucrado, un bus que choca con un taxi, un carro particular y una coaster. El accidente deja a una persona muerta y a cuatro hombres encarcelados, quienes conspiran entre sí mientras esperan el juicio.

Nativo de Sensuntepeque, B’atz construye cuatro conductores simbólicos a base de recolectar historias en la capital, entre taxistas, buseros y sus propias vivencias. Yo estuve dos años, casi tres, fuera del país. Cuando regresé, vine a redescubrirlo. Me tocó volver a usar el transporte público y creo que no estaba preparado para el choque cultural al que regresaba”, cuenta este entusiasta del cine, quien después de transportarse con las comodidades de un tren o del metro, vio cómo El Salvador le esperaba con sus coasters, sus vendedores ambulantes y sus payasos de la calle.

“Me pareció bien interesante y yo dije: «esto tengo que contarlo»”.

Una anécdota juvenil: regresando de un concierto, a B’atz y sus amigos los atendió un taxista con el corazón roto, así que terminaron bebiendo con él. Como esta, muchas historias se entrelazaron para construir al taxista, al busero, al conductor particular.

“Fui a los puntos de buses de algunas coasters para hablar con ellos, que me contaran algo y, generalmente, salían cosas de violencia, que los asaltaban. Me empezaron a contar algunas cosas de terror, que ahí se sube una pasajera, que si no la dejás bajar en tal parada te va a acompañar por todo el camino y quien no la baja [a esta pasajera fantasma], tiene un accidente o lo matan. Ahí dije: «¡Ahh! Esta es la historia de la coaster!»”. 

Más allá del apoyo económico que otorgan de los premios Pixels, El Salvador no es un país que cuente con una plataforma de financiamiento permanente dedicado a las artes audiovisuales. Para solventar los gastos de postproducción, a finales del año pasado, B’atz recurrió a una estrategia común internacionalmente, pero relativamente nueva para la región: el crowdfunding. A través de la plataforma Indiegogo, su campaña logró recolectar $1,015 dólares de una meta inicial de $16,000, con contribuciones de países como Nicaragua, Estados Unidos, España, Francia y Canadá. A esto se le sumó lo recolectado de la venta de camisetas promocionales y una varieté artística desarrollada en la Alianza Francesa de la capital. “Me sentí bien contento de ver a los artistas que estaban apoyando independientemente. No me conocían, conocían el proyecto. Se les mostró el tráiler y ellos, muy encantados, dijeron: «Sí. Queremos colaborar». Para mí fue bien especial”, comenta el joven de 32 años.

Tiempo atrás, B’atz contactó a la productora francesa La Luna Productions. Les envió el argumento de la película en francés y algún material en bruto. Aunque en ese momento la negociación se detuvo, en la actualidad es con ellos con quienes “Ambulantes” vive su última parada antes de estar lista para ser exhibida. “Ellos me mandaron una carta diciendo que querían coproducir el largometraje y que era necesario ir a Francia para trabajar junto con la editora y tener un acercamiento. Lo recaudado se ocupó para pagar el pasaje del El Salvador a Francia”, explica B’atz.

Con más de veinte años produciendo en Francia, La Luna expandió el horizonte de “Ambulantes” hacia programas de financiamiento internacional y redes de distribución. Al momento de esta entrevista, B’atz se encontraba en en el país europeo realizando la última versión del material, antes del trabajo duro de postproducción, que se prevé termine en octubre.

“De la versión de dos horas y media, vamos a trabajar dos meses hasta llegar a una versión fina o primer corte. En dos semanas llevamos la mitad de la película. El flujo de trabajo es bueno y se ha avanzado bastante”, comenta al respecto.

Un choque en las calles de San Salvador desencadena los sucesos que se narran en la película. Foto cortesía de la producción de “Ambulantes”.

Los salvadoreños y el transporte

Conocido por su parque vehicular saturado y el estilo agresivo de sus conductores, probablemente, ningún salvadoreño tiene visiones románticas sobre el tráfico. Mucho menos sobre el transporte público. B’atz no es la excepción:

“Es un caos. Es horrible. Pero en todo ese caos, encontré algo que necesitaba ser contado. Porque al final, ‘Ambulantes’ viene siendo un concepto: algo que está en movimiento, que no se detiene”.

En estos caminos que avanzan y se cruzan entre sí, los vehículos se revelan como armaduras de identidad. “Lo que a mí me encanta es ver el arte que utilizan las coasters. Son bien surrealistas. Al lado de un Jesucristo tienen una frase violenta. De pronto tienen un Bugs Bunny con el signo del Alianza. Me parece bien importante este sincretismo que hay en el arte de los buses. El bus, el microbús, viene siendo como la identidad del motorista y lo va decorando según sus preferencias”, comenta B’atz.

Esta identidad deja entrever también la realidad del conductor colectivo. “A veces uno juzga, pero también me decían sobre su trabajo, las extorsiones, el tráfico. Incluso, pues, la cantidad que a ellos se les paga depende de cuántas carreras hagan al día. Uno va también entendiendo un poco todo esto”, explica el director de “Ambulantes”.

Buena parte de la identidad de los motoristas del transporte público salvadoreño se ve retratada en algunos personajes de esta película. Foto cortesía de la producción de “Ambulantes”.

La ciudad y su gente

El tráiler de “Ambulantes” muestra rostros de facciones muy nacionales, un respiro del colorismo que padece mucha de la producción audiovisual salvadoreña. Para B’atz, esto significó un largo proceso de audición que fue desde convocatorias abiertas hasta terminales de buses donde buscó intérpretes auténticos. “Encontraba al personaje perfecto cuando iba a los puntos de buses, pero cuando ya les poníamos la cámara para hacer el casting, cambiaban totalmente. Se ponían tímidos, tartamudeaban. No sabían qué decir. Perdían ese personaje, la personalidad natural que tenían”, recuerda B’atz.

Pese a la dificultad de encontrar no solo actores competentes frente a cámara, sino también conductores que manejasen buses o coasters, el reparto final presenta una mezcla interesante de actores experimentados y personas con la actitud necesaria para su rol. En “Ambulantes” encontramos actores veteranos de teatro, como José Carlos Ramos y Ciro Rivera, quienes trabajan junto a otros como Rodrigo Marroquín, para quien esta es su primera gran producción.

Sin embargo, con la variedad también vienen los retos. “Estos actores naturales no se transforman, son ellos. En cierta manera te facilita el trabajo, pero también te lo complican, porque no están acostumbrados a hacer una toma cinco o seis veces. O a estar tanto tiempo en una postura, mientras se hacen los planos de otras personas. Toca bastante trabajo explicar el proceso de producción”, comenta el director de la película.

Entre el cast y el crew han trabajado 40 personas, al momento de la edición de esta entrevista. “Luego están los extras. Hemos tenido la participación de Comandos de Salvamento y de la Policía Nacional Civil (PNC). Así que serían al rededor de 40 extras, también, entre pasajeros de bus y otros”, detalla B’atz.

El director, Ricardo B’atz, le apuesta al cine de ficción como herramienta de identidad. Foto cortesía de la producción de “Ambulantes”.

Grabar la película tomó cuatro semanas, las mismas que B’atz describe como agotadoras, pero disfrutadas. El trabajo en equipo del crew fue intenso, especialmente para gestionar permisos, seguridad y colaboraciones en las locaciones. Incluso se gestionó la colaboración de los policías que aparecen en el tráiler. “Se trató de policías reales, que estaban contentos de salir y ayudar. Realmente sentí el apoyo”, añade el cineasta.

Los lugares en los que transcurre “Ambulantes” son familiares para los capitalinos: El Centro Histórico, el cementerio La Bermeja, el bulevar de Los Héroes. “En ese momento estaban remodelando el Centro Histórico y filmamos una de las escenas en La Dalia –un billar histórico de la ciudad–. En ese momento, La Dalia estaba estigmatizada y solo llegaron mis amigos”, confiesa B’atz, quien además apunta que mucho de lo grabado, sin embargo, se desarrolla dentro de las unidades de transporte. 

El financiamiento otorgado por los premios Pixels le permitió a B’atz y a su equipo llevar a cabo la preproducción y la producción de la película. “Pero, realmente, con estos fondos lo que lográs es tener una película editada. Para poderle dar ese feeling, que la imagen y el sonido tenga calidad, ya son otros costos, donde toca involucrar a más personas”, advierte B’atz. 

Agentes de la Policía Nacional Civil participaron en distintas escenas de la película. Foto cortesía de la producción de “Ambulantes”.

Cine salvadoreño: ¿para qué?

B’atz no deja entrever cansancio o desilusión, como sería natural ante las capacidades limitadas del país para apoyar a sus productores. Al contrario, la motivación que lo ha llevado desde terminales de transporte al otro lado del mundo es transparente: el cine como reafirmación de la identidad salvadoreña. Pero en la identidad de B’atz cabe también la reflexión: “Podemos ver problemáticas a través del cine y reflexionar qué podríamos hacer mejor. Mi película trata de los medios de transporte. ¿Y quién no sufre del trafico acá? ¿Por el transporte público, por los asaltos, por los conductores? Además de la identidad, creás empleos. A veces uno ve la parte artística, pero hay mucha gente trabajando en esto. Sería bonito tener un gremio”, agrega.

El director le apuesta a la ficción como punta de lanza, aún si es un género que percibe como joven en el país. “Creo que ofrecer una película de fición es arriesgado, pero es algo que yo quería hacer. En 2018 se estrenaron cuatro películas: ‘Volar’, ‘Salvador soy yo’, ‘La palabra de Pablo’ y ‘La travesía’. Cada una va con un tema distinto, pero tocando de cierta manera alguna realidad salvadoreña. A medida vaya creciendo el cine salvadoreño, vamos a ir creando más identidad, porque el cine de ficción puede llegar a mucha más gente que, por ejemplo, un documental”, explica B’atz.

De su futura audiencia, sin embargo, dice no esperar más que entregar una película en la que encuentren reflejadas las dinámicas sociales del día a día. “Yo estoy haciendo, prácticamente, un experimento. Son cuatro géneros que estoy mezclando. Esta es mi primera película. Ha sido mi escuela y, cuando salga, va a ser mi graduación”, puntualiza.

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