2039 Vistas |  31

El Salvador: ¿país de dinero negro?

Compartir...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestBuffer this pagePrint this pageDigg thisShare on TumblrEmail this to someoneShare on LinkedInShare on Reddit

“El precio que tenemos que pagar por el dinero se paga en libertad”
—Robert Louis Stevenson

En nuestra región, la participación en el tráfico de sustancias prohibidas y demás industrias ilegales han tenido un importante impacto en el desarrollo económico. Tanto así que, actualmente, nuestro país cuenta con un vicepresidente que es (presuntamente) socio comercial de uno de los mayores capos de la región, y así es como llegamos a ser un “narcoestado”.

El lavado y blanqueo de activos puede ocasionar una inestabilidad que provoque un efecto en cadena y cause una tragedia económica increíble, un desastre que culmina en las tan temidas recesiones o depresiones. Esto ha ocurrido una y otra vez a lo largo de la historia del capitalismo.

Como es de esperar, durante las recesiones el gasto y la inversión prácticamente se detienen por completo (como en cualquier otro país). Con las empresas y los gobiernos poco dispuestos a invertir, la cantidad de capital existente en nuestro deplorable sistema económico disminuye rápidamente. Los beneficios se desploman y se reducen los salarios y los puestos de trabajo mientras los ineficientes gobiernos recaudan menos ingresos fiscales, de manera que ante lo inevitable se impone la austeridad.

Pero existe un capital poco afectado en estas situaciones: el del mercado negro. Se encuentra libre de impuestos, regulaciones y todo tipo de intereses. Se trata de dinero “negro”, generado por actividades económicas ilegales, como el narcotráfico, la trata de personas, la explotación sexual o tráfico de órganos, por mencionar algunas.

Un informe de 2009 de la Oficina de Naciones Unidas para Drogas y Crimen (ONUDOC) estimaba que las industrias “clandestinas” representan al menos el 3.6% del PIB mundial. Las Organizaciones de Tráfico de Drogas (OTD) son el sector más grande de las industrias ilícitas y generan alrededor del 1% del PIB mundial.
El dinero líquido e ilegal de estas industrias resulta fundamental para mantener la economía global actual.

Antonio María Costa, ex jefe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, manifestó que los productos del delito representan “el único capital de inversión líquido” disponible para los bancos en peligro de hundimiento durante la crisis de 2008.”
“Los préstamos interbancarios se financiaron con dinero procedente del tráfico de estupefacientes y otras actividades ilegales … Había indicios de que algunos bancos eran rescatados de esa manera”, afirmó Costa.

En otras palabras: sin el dinero proveniente de los mercados ilícitos, la crisis financiera de 2008 podría haber acabado con el nefasto sector bancario (lamentablemente no fue así). A decir verdad, bancos que operan o han operado en El Salvador —como el Promérica y el HSBC— han sido señalados e investigados por facilitar el blanqueo y lavado de dinero vinculado a las OTD en diversos países.

En este punto debemos preguntarnos si los datos oficiales sobre la inflación en nuestro país son reales. Es decir, al carecer de política monetaria propia, no podemos hacer moneda, pero en teoría la inyección de activos ilícitos genera inflación. ¿Será que el Estado maquilla la inflación provocada por el crimen organizado?

Me atrevería a decir que gran parte de la responsabilidad la tiene la deficiente labor de la Fiscalía General de la República (FGR), la Unidad de Investigación Financiera (UIF) y los Agentes de Cumplimiento Bancarios. Desde el 2014, la ley de lavado de dinero estipula cuál tipo de entidades debe tener un oficial de cumplimiento, que es una persona adscrita a las empresas que mueven gran capital, para reportar operaciones sospechosas. Las empresas que tienen oficial de cumplimiento se llaman sujetos obligados. Este es el caso de los bancos, las concesionarias de carros, la bolsa y las cooperativas que anteriormente no contaban con esta obligación. La bolsa y los bancos debían contar con uno de estos agentes de cumplimiento ya en 2000. En su mayoría los tenían, pero sin mayores consecuencias o reportes relevantes. A pesar de esto, las autoridades correspondientes han otorgado prórrogas para el cumplimiento de esta medida, que vencía en septiembre de 2016, pero la indulgencia gubernamental extendió el plazo hasta marzo del presente año.

Igual que con el narcotráfico, el Estado ha negado en reiteradas ocasiones que el lavado de dinero exista en El Salvador. Esta postura fue remarcada desde la época en que Belisario Artiga fue fiscal y nunca se aceptaron capacitaciones para la persecución de lavado de dinero. Durante toda la década pasada, la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica promocionó la capacitación y entrenamiento de los fiscales sin mayor avance.

Literalmente, el proyecto de cooperación para la capacitación en el combate al lavado y blanqueo de activos está engavetado desde inicios de la década del 2000.

¿Pero de dónde viene exactamente este capital ilegal? ¿Cómo se mueve alrededor del mundo? ¿Cómo llega a El Salvador? ¿Cómo acceden los bancos a él? ¿Cuándo los bancos se involucran en el dantesco mundo de narcotraficantes, gobiernos y guerras?

Retrocedamos un par de siglos. En 1865, empresarios ingleses fundaron en medio de las Guerras del Opio la “Corporación Bancaria de Hong Kong y Shanghái”. Sí, el conocido banco HSBC. Los fundadores del mismo se enriquecieron directamente con el comercio del opio.

También otros bancos participaron en la gestión de las ganancias obtenidas del opio. Corporaciones como Barings Brothers, Jardine Fleming Bank Ltd. y Hottinger & Company administraron el dinero procedente del opio hasta el final de la Primera Guerra Mundial, cuando el opio se ilegalizó a nivel internacional. Desde aquél momento, los bancos pasaron a administrar este dinero de forma clandestina.

Ya en la década de los ochenta del siglo pasado, el blanqueo y lavado de activos daba sus primeros pasos. A decir verdad, resulta curioso que esta práctica se ilegalizara a nivel internacional durante esa década tan reciente. Seamos conscientes de que esa prohibición demostró —y sigue demostrando— que los bancos repetidamente siguen teniendo participación en el tráfico ilegal de drogas. Y nuestro país no es la excepción, menos aún siendo parte del temido Triángulo Norte, donde los cargamentos de esta industria ilegal evidentemente obtienen trato preferencial por parte de las entidades estatales.

Los sistemas de lavado de dinero han evolucionado hasta volverse un sistema articulado. Muchas veces utilizado por las potencias como herramienta neocolonialista, este sistema está compuesto por amplias redes de bancos, empresas y corporaciones que se extienden a través de todo el orbe. El dinero de las OTD se invierte en oro, diamantes, ropa, calzado, equipo agrícola y otros bienes legítimos, lo que convierte este dinero en casi irrastreable.

Al finalizar este artículo, me quedo con muchas preguntas que deben analizarse con detenimiento. La reflexión sobre estos temas debe empujarnos a buscar la forma de regular los mercados negros empezando con el de las sustancias prohibidas. Por otro lado se hace necesario fortalecer a la FGR, pues a través de la UIF carece de la capacidad de llevar con rigurosidad un caso, debido a la falta de personal cualificado, además de la posible presencia de “colaboradores de OTD” en la misma Fiscalía General de la República.


 

Compartir...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestBuffer this pagePrint this pageDigg thisShare on TumblrEmail this to someoneShare on LinkedInShare on Reddit