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El problema no es problema

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*La siguiente columna nace como una respuesta a la “blasfemia” inicial.

No presumo “pedigrí intelectual” ni critico por capricho, por tanto ve en paz hijo mío, no seré detractor de tus posturas. Aclaro que con “posturas” me refiero a “puntos de vista frente a una situación”, no a alguna especie de Kamasutra ilustrado del que seguramente nos quedaría más enriquecimiento que de hablar de Arjona. Aclarado esto, déjenme perder unos cuantos minutos de mi tiempo hablando sobre el chapín.

Sí, admiré sus inicios, canté sus estribillos, aprendí alguno de sus acordes. Acepto que la fiebre de la juventud no tiene nada que ver con esas desviaciones. No, era el simple gusto de disfrutar sus canciones. De aquellos primeros discos confieso que me gustaron más de un par. Más del segundo que del primero. Tuve la osadía de verlo en un programa de televisión nacional —de esos de TCS en que nadie piensa y todos sonríen embobados— y lo escuché decir que estrenaba en estas tierras una estrofa nueva en su sonada “Jesús, verbo no sustantivo”.  Y me desencantó su versión en español del éxito setentero de Jim Croce: “Time in a bottle“.

¿Es esto un pecado? No, jóvenes padawans. Cada nacimiento es una buena noticia, rezaba  mi abuela, y teníamos ahí a un bichistillo de Centroamérica queriendo decir algo en diversos temas.

Lo hermoso de la variedad es que uno aprende a disfrutar las diferencias y, en mi caso, me decanto por las que me sorprenden.

No desmayen, utilizo las palabras correctas. Tampoco sonrían mucho con ese tono burlón del gato de Cheshire. La madurez y la iluminación llegan tarde o temprano y de formas insospechadas.

Me harté de Arjona, simple. Su registro vocal —o tessitura— se me tornaron monótonos, sus temas de divo —no el de Juárez—, sus temas sociales, sus apologías al romance y al amor dejaron de sorprenderme. Me dejan el sin sabor de no encontrar nada nuevo desde su primer disco hasta el último. Sí, eso quiere decir que trato de escuchar cada tanto la música nueva que sale al mercado, incluyendo al mentado autor.

¿Y qué hay de la madurez musical? Vamos, insinuar que Arjona es bueno por tener colaboraciones de Arturo Sandoval  o Benny Faccone es tan patético como decir que sus letras son malas por la pésima imitación que hace de las líricas de Sabina y Serrat.  O que canta muy bien porque interpreta una canción con Pablo Milanés, quien sí posee un mejor registro. Por cierto, menudo pecado del cubano, cantar con él y con Maná en el mismo disco. Perdón el comercial.

Ahora bien, veamos un detalle… que a usted le importen tanto las letras de Arjona como las de Maná porque son música popular… Tranquilo, viva en paz, no se desespere, beba otro trago, yo invito. El mundo no se destruyó por el apocalipsis del 2012, menos se caerá por su gusto musical. Ah, pero eso sí, no pretendamos que la música popular es sólo melodía o sólo letra… Un artista se admira por el combo, y ahí, al menos para este pobre guanaco que apenas charranganea la guitarra, déjeme que le diga: Arjona queda debiendo mucho.

Y no se deje llevar por que gente como Charly García, Cerati o Páez han hablado mal del guatemalteco… Arjona es solo un producto de mercado que la gente consume. Y la publicidad ayuda.

La industria musical es eso, “una industria”. Parece un análisis arjonezco, pero aclaremos, no vaya a Wikipedia, yo le cuento: la industria transforma la materia prima en productos consumibles… Y en la música tenemos ejemplos grandes como Arjona, Shakira, Maná, Paulina, o ese consumo en masas que hacen transformar radios roqueras en radios de bachata y reguetón.

La industria de la música se regodea a sí misma dándose premios cuando logra hacer de nosotros un consumidor. Digo esto por aquel que quiera decirme que Arjona es un gran artista porque tiene discos de oro, platino o porque llena estadios. Un militar chileno llenó el estadio y eso no lo hizo por ser buena persona. Perdón por el segundo comercial.

Que Arjona haya dejado de sorprenderme no lo hace un pésimo artista, simplemente lo hace merecedor de mi olvido. Seguramente él no sufrirá una dramática caída en ventas por ello ni yo me escaldaré las neuronas tratando de encontrar razones para que los demás no lo escuchen.

En fin, admire o critique a Arjona por la razón que sea, no se disguste si los demás le llevan la contraria y disfrute cual púber de la música popular o sea su detractor senil si es su gusto. Pues como mi madre me enseñó ya hace un par de decenios: con su gusto y con su gana, ni su tata ni su gana. Y Otto u Orus, mucho menos.

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