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El papa de todos, el papa de nadie

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Francisco es un hombre del mundo, al mando de un barco que ha pretendido por milenios estar por encima de este mundo. Fresco tras un baテアo de masas multitudinario tras su viaje por Estados Unidos, el papa enfrenta ahora una autテゥntica rebeliテウn por ambos flancos de la Iglesia.

Mテ。s de una semana despuテゥs de su regreso a Roma nos enteramos de que su propio embajador en Washington, el cardenal Carlo Marテュa Vigano intentテウ meterle un gol al pontテュfice al gestionar un encuentro con Kim Davis, una empleada del registro civil que fue enviada a prisiテウn por desobedecer la orden de la Corte Suprema de extender licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo. Fue un encuentro que se percibiテウ como una estocada a la separaciテウn de iglesia y Estado que mucho de este paテュs considera intocable y como un espaldarazo incontestable a la derecha mテ。s conservadora que insiste en mantener ese contubernio, siempre y cuando la iglesia en cuestiテウn sea la suya.

El Vaticano sugiere ahora que Francisco ni siquiera sabテュa a quien estaba saludando entre un grupo de personas elegidas directamente por la Nunciatura Apostテウlica para el privilegio de un apretテウn de manos con el pontテュfice durante su apretada agenda en Washington.

La misma Davis cantテウ victoria dos dテュas despuテゥs cuando hizo pテコblicaツsu propia versiテウn, segテコn la cual el pontテュfice le concediテウ una audiencia privada durante su visita en Washington, durante la que asegura queツel papaツla encomiテウ por su oposiciテウn por motivos supuestamente religiosos a desempeテアar las funciones que jurテウ desempeテアar desde una oficina civil.

El Vaticano tardテウ un par de dテュas en distanciarse de Davis y en revelar un vテュdeo en el que Francisco recibe cariテアosamente a Yuyo Grassi, un ex alumno suyo de sus tiempos como profesor universitario en Buenos Aires. Grassi trajo al encuentro a su pareja de casi 20 aテアos, un hombre. De hecho, en el vテュdeo se ve al pontテュfice abrazando y dテ。ndole un beso en la mejilla a los dos hombres.

ツソCテウmo puede un embajador tratar de sabotear un viaje papal al intentar, a sus espaldas y de manera pテコblica, insertarlo en uno de los debates polテュticos mテ。s divisivos del paテュs? Davis se ha convertido en el estandarte de una guerra cultural en la que el lado mテ。s conservador, el que se niega a otorgarle derechos plenos a las parejas del mismo sexo, lleva las de perder, tanto en la opiniテウn pテコblica como en el terreno legal.

Frente a un millテウn de personas en Filadelfia, Francisco reconociテウ que reconciliar la doctrina tradicional de la iglesia catテウlica con los valores seculares de los que se enorgullecen las democracias occidentales es una tarea por demテ。s complicada. Es algo que a los catテウlicos en Estados Unidos parece no quitarles demasiado el sueテアo. El Centro Pew para las religiones, uno de los institutos de opiniテウn pテコblica mテ。s respetados del paテュs, seテアala con base en sus encuestas que una gran mayorテュa de los catテウlicos considera aceptable la formaciテウn de familias no tradicionales, entre ellas las formadas por parejas del mismo sexo, de padres y madres previamente divorciados o solteros. Esas opiniones suben hasta un 80% de aprobaciテウnツentre las generaciones mテ。s jテウvenes, esas con las que el papa desea ardientemente reconectar. Esas generaciones son fテ。cilmente excitables con una buena estrategia mediテ。tica, como el Vaticano lo ha entendido bien. Pero capitalizar el ruido mediテ。tico en acciテウn concreta le ha dado por ahora mテ。s resultado a quienes buscan consolidar la nueva generaciテウn de derechos civiles.

Francisco dando la mano a un preso con el antebrazo cubierto de tatuajes en una prisiテウn de Filadelfia. El papa besando a Sophie, la niテアa de padres indocumentados que le pedテュa ayuda para que no deporten a sus padres. Esa era la narrativa de espontテ。nea humanidad que el Vaticano buscテウ mantener durante toda la visita. Francisco dejテウ claro que entiende como pocos de sus antecesores la forma en que este mundo del siglo XXI se comunica y se conecta.

Esa capacidad de conexiテウn con el mundo y, sobre todo, la apertura a conocerlo para revitalizar a una iglesia que pierde fieles de manera acelerada, es un anatema contra el que figuras como el nuncio apostテウlico en Washingtonツintentan luchar a toda costa.

No fue coincidencia tampoco que la visita de Francisco se produjera a pocos dテュas de iniciar el sテュnodo de obispos sobre las familias, en el que las familias no tradicionales serテュan el centro de la discusiテウn. Para calentar el inicio del encuentro, diez influyentes cardenales, entre ellos el lテュder emテゥrito de la Iglesia espaテアola, Antonio Marテュa Rouco, publicaron un libro en el que revelan una oposiciテウn frontal a cualquier intento de cambio en la doctrina catテウlica en relaciテウn a las personas divorciadas, los vueltos a casar, las parejas del mismo sexo y los procesos de nulidad matrimonial, extremadamente largos y engorrosos.

Para los jerarcas de la Iglesia la imagen de un Papa recibido por millones en Estados Unidos es al mismo tiempo un motivo de esperanza como de recelo. El carisma mediテ。tico y popular de Francisco le da renovados brテュos a una Iglesia plagada de escテ。ndalos. Por otra parte, le da un enorme capital a un hombre que lucha contra corriente en medio de una curia que desconfテュa de su aparente apertura.

Si para unos Francisco va demasiado rテ。pido, para otros va muy despacio. El sacerdote polaco Krzysztof Charamsa no solo saliテウ del armario, mテ。s bien lo incinerテウ, al presenter de una vez a su pareja de varios aテアos y reprochar a la Iglesia una actitud homofテウbica. A nadie sorprendiテウ que Charamasa fuera inmediatamente removido de su cargo como oficial nada menos que de la Congregaciテウn para la Doctrina de la Fe, la heredera moderna de la Santa Inquisiciテウn.

Francisco navega asテュ entonces, frente a una Iglesia dividida a varios flancos frente a un mundo y una sociedad en la que el papa intenta que el catolicismo recupere relevancia.

En ese espテュritu, Francisco le dio tambiテゥn una bofetada moral al liderazgo de la derecha mテ。s rancia durante su visita a Estados Unidos, esa que hace mテ。s ruido ahora y que lidera las encuestas de preferencias presidenciales, que considera a los inmigrantes como la causa de casi todos los males que aquejan a Estados Unidos. 窶廸o se desanimen y no se avergテシencen nunca窶, les dijo a los llegados de otras tierras.

Su llamado a recordar la opciテウn por los pobres y a actuar para detener el cambio climテ。tico lo inscriben tambiテゥn en una escuela progresista que incomoda y le gana vテュtores a partes iguales.

El catolicismo se instaurテウ en sus inicios por su capacidad de cuestionar la status quo en el Imperio romano. Dos mil aテアos despuテゥs, la iglesia en sテュ misma es el staus quo. Francisco enfrenta ahora la enorme tarea de cuestionar ese estatus desde adentro. En las calles parece ser el Papa de todos. Puertas adentro en la curia parece ser el Papa de nadie.

Julio Marenco es periodista salvadoreテアo; vive en los Estados Unidos.
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