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El país que se reflejó en un pedazo de calle

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Mal. Este país anda mal. Hace unos días hemos sido testigos -y algunos otros participaron activamente- de cómo el salvadoreño cumple a la letra el manual para dinamitarlo todo. Esta vez le tocó a un proyecto social de transporte, el Sitramss, que a la vez ha sido un negocio redondo para varias figuras del partido político que gobierna El Salvador, el Fmln. Y por haberse gestado desde el gobierno, sin pasar por la aprobación legislativa como ordena la Constitución de la República, no pudo más que recibir un apoyo presidencial para firmar un decreto ejecutivo por aquí y una reforma al reglamento de tránsito por allá.

Y así entró en funcionamiento un sistema de transporte muy bueno para los usuarios pero fundado bajo negociaciones y decisiones retorcidas, con intereses obvios de lucro, a como diera lugar, de personajes ya célebremente oscuros dentro del Fmln. Ahora esas vivezas legales las están pagando caro.

Y no se vale que el Fmln y el gobierno ahora se estén rasgando las vestiduras y monten todo un discurso social por haber creado este proyecto -muy bueno para empezar a dignificar el transporte al servicio de los usuarios- desde la ilegalidad. Son al menos dos grandes peros jurídicos que tiene el Sitramss: la concesión de una parte de la vía pública, cuya aprobación tenía que darse desde la Asamblea Legislativa, no con una orden desde Casa Presidencial como se hizo; y la concesión para otorgar el servicio, que, según la demanda, debía haberse dado dentro de un concurso de interesados y no solo asignarse de dedo, como ocurrió con SIPAGO y SUBES.

¿Y por qué no se vale que el Fmln y el gobierno se estén rasgando las vestiduras? Porque el Fmln debe saber que, fuera de los borreguismos de ocasión que le acompañan en cuanta cruzada con o sin razón se le ocurre, se ve mal lamentando la caída del Sitramss cuando ni antes ni durante este proyecto ha buscado desde su propio gobierno ordenar de una sola vez el servicio de transporte colectivo de pasajeros.

Mientras en el carril del Sitramss los buses pasaban con comodidad, en el carril común cada día se veían -y se siguen viendo, con grandes posibilidades de que esta imagen se convierta en postal de siglo- las decenas de autobuses viejos, con emanaciones de humo altamente contaminante, con llantas lisas a punto siempre de reventar, con una estructura averiada, incómoda para transportarse, y con acosadores de mujeres y ladrones a la orden del día.

Porque, por cierto, parecía que solo el Sitramss se merecía la atención preferencial y seguridad especial a toda hora de la Policía Nacional Civil. ¿Y los otros que viajaban en los otros autobuses, que también son parte del pueblo que dicen representar? No, para ellos no. Entonces, en realidad, ¿qué han estado cuidando las autoridades?

Y lo peor de todo es que si uno visita la Asamblea Legislativa cada fin de año, en cualquiera de las plenarias del mes de diciembre, se va a presenciar uno de los mayores actos circenses que con gusto repiten sin cesar los diputados: todos los partidos políticos alcanzan de repente, como por ósmosis, la armonía y unen sus votos para seguir dando subsidio a esos mismos buses que compiten con otras cosas por ser la imagen del deterioro de esta sociedad. ¿Y quién da sus votos en la Asamblea Legislativa para semejante y reiterado crimen social? Sí, el Fmln.

Y no solo el Fmln. Lo hace acompañado de toda la derecha, amén de unos pocos diputados que no tienen conflictos de interés con el consorcio del transporte precario de autobuses y microbuses y anuncian sus votos en contra. Estos diputados desnudan la mafia del transporte cada fin de año, cuando se da la votación por la prórroga anual del subsidio a buses y microbuses, y lo hacen con discursos que si lograran tocar la conciencia de sus demás colegas, la unidad legislativa se ocuparía para empezar a ordenar, de verdad, los servicios colectivos de pasajeros.

Esa misma derecha que vota con el Fmln por el atentatorio subsidio al transporte es la que ahora baila feliz sobre el carril segregado del Sitramss que se abrió para la circulación general, como si se tratase de celebrar sobre un proyecto político fallido de sus oponentes. A la derecha se le debe recordar que es la población la que los mira con atención. Cada frase que sale de la boca de sus miembros para atacar el Sitramss tiene dos dimensiones: la política y la social. Y pasa que la derecha, y en especial el partido Arena, puede regocijarse de que al Fmln le salió mal su chanchullo político y de negocios con el Sitramss, pero si viera un poquito más allá de sus propios pies, se diera cuenta de que quienes los están escuchando y mirando fijamente no solo son SIPAGO, SUBES, el Fmln o la Presidencia, también lo hacen las personas que se suben a esos buses y que ahora vuelven a estar lejos -más lejos aún- de llegar a usar un transporte colectivo digno en el país en que viven.

Las imprudencias de festejar malas decisiones judiciales se pueden pagar con votos. Y vienen elecciones por dos años seguidos.

Y es que toda la fiesta de la derecha proviene de una actuación de cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia inconsistente con el bien común. La medida cautelar que ellos aprobaron consiste en que mientras se decide si la puesta en marcha del Sitramss es inconstitucional (ojo, no el sistema como tal, sino su génesis), el carril segregado para el sistema, que era de paso exclusivo para los autobuses, pasa a ser de circulación general.

Más allá del legalismo y de los sofismas, creo que la mejor muestra de sensatez para administrar justicia para el bien común es hacerlo desde el sentido común y no desde la prepotencia. Nada pasaba -y ha quedado demostrado- con que el Sitramss hubiera seguido funcionando tal cual mientras la demanda de inconstitucionalidad se resolvía. Y no solo eso, hemos podido ver que esta medida cautelar surge luego de que se supo que los magistrados que ordenaron la reapertura al público del carril segregado están bajo un proceso de recusación para que no conozcan más sobre la inconstitucionalidad del Sitramss. Entonces, desde el sentido común, todo huele y sabe a revancha política. A capricho. Y eso sería algo muy grave para los magistrados que firmaron esta resolución.

Y cuesta estar de acuerdo con las declaraciones de algunos de ellos que han tratado de explicar -y sin éxito justificar- su resolución, al clamar por la igualdad. En este país, en El Salvador, tan desigual en su sociedad resquebrajada, el sentido común nos llama a procurar la equidad. La imposición de la igualdad en una sociedad tan desigual, en casos como estos, terminan generando más desigualdad. Porque siempre la preponderancia la tendrá quien tenga más y mejores recursos frente al más desvalido. Y, además, un verdadero reordenamiento del transporte de personas en general debe ir en avance, no en retroceso.

Pero, bueno, si la lógica de la Sala es la que debe respetarse como la verdad absoluta y se ha valorado que la calle es para todos, sin distinción, desde aquí y ahora invito al presidente, a los diputados y a los magistrados a que vayamos colonia por colonia de este país botando portones que obstaculizan el libre paso de las personas y que atentan contra el principio constitucional de la libre circulación. Vamos. Los reto.

Por último, es imposible no dedicar unas líneas a la sociedad salvadoreña, a la que también, penosamente, el carril famoso del Sitramss le sirvió de espejo para verse a sí misma. Desde las redes sociales unos peleándose con otros por fanatismo político sobre una vía. Mientras que en la calle hubo conductores que ni siquiera esperaron a que fuera 11 de mayo, la fecha de la apertura general del carril segregado, y a horas del anuncio de la resolución cautelar de la sala ya tenían abarrotado el espacio.

Lo risible es que los conductores se abalanzaron sobre ese carril como si fuera mágico, como si teletransportara en segundos a alguien de una punta a otra en San Salvador. Estos días, con todo y carril abierto, los congestionamientos dantescos en San Salvador no cesan. Y es que al reordenamiento vehicular no lo tiene obstaculizado un Sitramss ni un carril especial. Espero que se den cuenta, mientras siguen esperando en la misma trabazón de todos los días, que la solución va más allá y está en las manos de quienes gobiernan desde la administración estatal y desde la oposición.

Y esto me trae a cuenta otro detalle: en días pasados quizás causaba rabia a los conductores particulares ver cómo sobre el carril segregado se pavoneaban algunos vehículos de ministerios y autónomas del gobierno que ni siquiera iban en emergencia, frente a las colas interminables de carros, a través de San Salvador. Esa práctica, que empezó como una excepción, pasó a ser una rutina abusiva.

Todos, todos, todos hemos reprobado como país y es una lástima que un pedazo de calle haya desnudado toda nuestra pobreza ética, moral y humana como sociedad. En estos días me he sentido avergonzado de ser salvadoreño.

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