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El opaco adiós de Albert Roca

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Llegó un Día de las Madres y se despidió un Día Mundial de la Justicia Internacional. El Salvador fue casa y oficina de pasto en donde el catalán Albert Roca Pujol trabajó por 14 meses.

Llegó con el aura popular de haber fungido como mano derecha del célebre futbolista y entrenador holandés Frank Rijkaard, principalmente en la aplicación de la filosofía del Fútbol Club Barcelona. Y en un país tan influenciado por el fanatismo hacia los dos principales clubes del fútbol español, aquello le valió de simpatías que serían muy necesarias para intentar convencer a una afición desencantada por el escándalo de los amaños por apuestas deportivas que mancharon la honra de muchos futbolistas salvadoreños. Roca y el preparador físico, Carlos Cuadrat, intentarían dejar atrás procesos fallidos de entrenadores nacionales y extranjeros que no pudieron llevar a El Salvador a un nivel de élite en el área de CONCACAF.

Ahora su currículum dice que –del 10 de mayo de 2014 al 17 de Julio de 2015– Roca vivió por primera vez la experiencia de ser el entrenador en jefe de la ilusión futbolera de un país. El viernes pasado, el nacido en Granollers, Barcelona, hizo pública su renuncia como Seleccionador Nacional del equipo de fútbol salvadoreño. Dos meses atrás había firmado una cláusula que hacía posible que él o la Federación Salvadoreña de Fútbol (FESFUT) pudieran optar por caminos separados sin que existiera alguna repercusión económica de por medio. Era una cláusula destinada a evaluar la actuación de El Salvador en la reciente Copa de Oro.

Alguien tendría que aprovechar la oportunidad de darle reset al plan, pero resultó bastante sorpresivo que lo hiciera el que ostentaba un cargo para el que apenas hace un año existía un presupuesto máximo de $25 mil dólares mensuales, aunque la sorpresa debe considerarse relativa si se toma en cuenta que el sostenimiento de esa cifra sería, en la coyuntura actual, algo muy complicado. La reducción de apoyo financiero (más de $1 millón de dólares) para la FESFUT que desde marzo pasado aplicó el INDES sería la causa.

Sin embargo, al explicar su renuncia, Roca no aludió a razones económicas, de negociaciones de contrato, de pérdida de confianza, de posible corrupción dirigencial o de nuevos casos de amaño. Simplemente dio por finalizado su “proceso”, dejó que las excusas se alejaran blowind with the wind… e informó que se trataba de razones “de carácter personal”.

Este fue el comunicado oficial que Albert Roca publicó a través de su cuenta de twitter:

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La Selección de El Salvador acumula fracasos deportivos desde hace más de tres décadas. Por su conducción han circulado muchos entrenadores extranjeros: Ruiz, Pastoriza, D’Joric, De los Cobos o Israel. Pocos de ellos han abandonado el barco en buenos términos, por lo que tampoco era lógico pensar que el ciclo de Roca fuera una excepción. Sin embargo, el contexto actual demanda de una infaltable transparencia a la hora de explicar no solo los manejos de fondos en el presupuesto del fútbol, sino también en las razones por la que los ciclos se interrumpen de súbito.

Por esa razón, el opaco adiós de Roca merece análisis, merece discusión y merece que se lancen las preguntas necesarias a quien deba responderlas, aunque esa persona ya haya hecho maletas al menor soplo de viento a favor percibido. Albert Roca –y su equipo– debe saber que luego de haber pasado por el traumático ciclón de los amaños y ahora que se navega entre la tormenta de la investigación por evidentes casos de corrupción entre las máximas entidades de la FIFA, lo mínimo que se debe ofrecer es transparencia. Así que decir que “las razones son de exclusivo carácter personal” no es suficiente.

Tal actitud merece que no sea garante del beneficio de no dudar, un beneficio que nunca debería ofrecerse, y menos de parte de la prensa deportiva. Ni siquiera si sus resultados deportivos hubieran sido positivos –11 derrotas, 5 victorias y 4 empates– habría excusa para decir adiós y ocultar el porqué. Tal postura merece, al menos, un análisis discursivo de lo único que dejó antes de largarse: un comunicado de despedida, una especie de carta al estilo de… “El problema no sos vos. Soy yo…”.

Pues si solo dejó una carta, habrá que desmenuzarla detenidamente, enunciado por enunciado. Como hacen los despechados…

Análisis discursivo del adiós

Albert Roca inicia su epístola aclarando que al marcharse no comete nada ilegal. Explica que hace dos meses firmó una cláusula en la que se estableció que, jugado el último partido de El Salvador en la Copa de Oro, él era absolutamente dueño de la decisión sobre su futuro y, por ende, no existe penalización económica que le atañe a ninguno de los involucrados.

Traducción: “¡al toro por los cuernos! Lo primero que deseo informar es que los abandono y que no me cae multa por hacerlo”.

Luego viene quizás lo más importante del asunto. Después del golpe noticioso, la pregunta obligada es… ¿Porqué?

“Quisiera dejar muy claro que las razones por las que me decido a tomar esta decisión son pura y exclusivamente de carácter personal, por lo que agradecería que no se mal interpretaran con otras de carácter deportivo o de cualquier otra índole. Que nadie piense que ha sido fácil tomar esta resolución, pues sé la responsabilidad que conlleva la misma”.

Traducción: “el motivo es cosa mía y no quiero revelarlo. Si piensan que es por cuestiones deportivas u otras razones, están equivocados. Sé que tenía una responsabilidad y no ha sido fácil evadirla”.

Curiosa petición la que Roca hace en su comunicado. Pide por una parte que no se mal interpreten las razones, pero no ofrece la transparencia necesaria para que se eviten esas mismas malas interpretaciones. De mi parte, no estoy dispuesto a complacerlo, a mirar para otra parte y al menos darme la oportunidad de jugar a imaginar una interpretación errada o atinada de los hechos, porque precisamente esos hechos él ha decidido reservárselos.

Las interpretaciones erradas ocurren, con mayor probabilidad, ante la falta de información clara.

Dice que se despide por razones personales…

Mi mente vuela… ¿Existe entonces la posibilidad de que alguna pandilla o alguna banda de extorsionistas lo estaba renteando? ¿Eso sería una situación de índole personal? Y perdón si me pongo muy crudo, pero esto es El Salvador y la información de que sus emolumentos eran elevados es algo de conocimiento público.

¿Porqué no puedo preguntar eso?

Aclara, además, que no hay nada deportivo de por medio. Es decir, descartemos la posibilidad de que dice adiós aprovechando el mejor momento posible: justo cuando el equipo jugó los mejores tres partidos que bajo su mandato ocurrieron (contra Canadá, Costa Rica y Jamaica). Debemos descartar el oportunismo entonces. Y todo porqué él lo dice y hay que creerle.

¿Y a qué se refiere cuando dice “razones de cualquier otra índole”?

¿Cuál fue la índole inicial? ¿La de las razones personales? ¿Pero cómo podemos pensar en razones de otra índole cuando ni siquiera tenemos en claro la índole personal? ¿Elimino entonces la posibilidad –muy alta– de las razones económicas? Porque si esto fuera así, ¿es tan difícil ser claro y explicar que ya no se le pagaría lo que le satisficiera? ¿Qué perdería con hacerlo público?

Pero sigamos…

“La convulsa situación en la que se encontraba el fútbol en el país no me amedrentó ni por un solo instante. Hablé en mi presentación ante ustedes de cumplir con dos compromisos primordiales: mejorar el nivel futbolístico de la Selección Mayor y que la gente se sintiera orgullosa otra vez de su ‘Selecta'”.

Traducción: “Sabía que venía a un país con un fútbol lleno de vicios (en el que los jugadores previos ¿quién sabe si los actuales? vendían los partidos, donde los federativos no ofrecían cuentas claras del manejo del dinero y donde no hay infraestructura deportiva óptima ni soporte al desarrollo del futbolista a temprana edad). Así se encontraba la situación, pero ya no. Prometí dos cosas: mejor nivel y orgullo en la afición. Ahh… y utilizo el mote de ‘Selecta’ para despertar más simpatías”.

“Creo sinceramente que después de este tiempo ambos objetivos se han logrado y que en estos momentos tenemos una Selección que se ha ganado el respeto internacional, de la que todo aficionado se siente orgulloso y con gran futuro por delante”.

Traducción: “Creo que cumplí mi promesa, que tenemos porque aunque ya me voy, me llevo al equipo en mi corazón un equipo que otros países respetan, un equipo que todo aficionado (sin excepción) se siente orgulloso. Les dejo además un gran futuro… uno que antes no existía”.

¿En serio, Roca?

¿En serio creés (sinceramente) que todo aficionado se siente orgulloso de la Selección? ¿De verdad creés que por los tres buenos partidos de la Copa de Oro ya cumpliste con ganar “el respeto internacional”?

Veamos…

Claro, trolls y haters siempre va a haber, pero quizás tu estado de resultado también peca un poco de exceso de optimismo, ¿no?

Sigamos con tu epístola de despedida…

“Sinceramente no tengo palabras de gratitud y admiración para ellos (los jugadores), y créanme si les digo que todo el mundo debería sentirse muy orgulloso de que esos ‘bichos’ representen y defiendan la camiseta azulada de este país. No tengo ninguna duda de que el próximo Seleccionador Nacional cuenta con un tiempo suficiente, y una base de jugadores comprometidos, para afrontar con éxito las próximas competencias camino al Mundial”.

Traducción: “agradezco y admiro a los futbolistas con los que trabajé. Todos ellos deben llenarlos de orgullo y les llamo ‘bichos’ de nuevo para volver a despertar más simpatías. Le dejo un gran trabajo hecho al próximo entrenador para que se haga famoso”.

¿En serio, Roca?

¿En serio ves tiempo suficiente? La próxima eliminatoria mundialista arranca dentro de un mes para El Salvador. ¿En serio creés que va a llegar un nuevo entrenador y en un mes va a dejar clara su idea y “los bichos” la van a comprender y aplicar? ¿Estás hablando en serio o fue simple retórica para dar la impresión de que no es irresponsable abandonar el barco a esta altura?

“No es ninguna propuesta futbolística distinta la que me lleva a tomar esta determinación. Me voy sin haber hablado absolutamente nada con ninguna otra Federación o Club. Sencillamente regreso a mi país y me llevo los mejores sentimientos”.

Traducción: “No, no tengo ningún tamal amarrado con nadie más. Vuelvo a Cataluña y me llevo sentimientos (y el salario de 14 meses)”.

Y como decís que no es una propuesta futbolística, debemos inferir que vas a trabajar en otra cosa… o vas a estar en la cola del paro. ¿No?

Y por último el cierre del comunicado:

“Por último, expresar mis mejores deseos para la Selección. Sé que con paciencia y ‘positivitez’ se lograrán todos aquellos objetivos que ya se divisan. Mil gracias y hasta siempre. Bendiciones. ¡Y arriba con la Selección!”.

Traducción: “Quiero despedirme en buenos términos. Todo va a estar bien, porque yo los he dejado cerca de cumplir los objetivos”.

OK. Esa es tu despedida…

Soy de la opinión de que hay que dudar de todo aquel que dando un discurso utiliza conjugaciones en infinitivo para darle más realce al enunciado. Y más hay que dudar de él si se aferra al símbolo del Mágico, a la palabra favorita de los evangélicos y al lema de una canción para ponerle un broche de oro al deseo de generar simpatías.

Queda claro que tu despedida me resulta opaca, de simple e insulsa retórica y que no abona en nada al beneficio del fútbol salvadoreño. Aunque admito que habría sido muy improbable que redactaras una despedida políticamente incorrecta, señalando la verdad cruda de los problemas de nuestro fútbol y de las razones reales de tu decisión, pero sobre todo, previniendo acerca del negro panorama que espera para el futuro del “pobrecito futbolista que era yo”.

Hubiera preferido un poco de realidad y transparencia, aunque se entendiera como “negativitez”…

Sobre todas las cosas, voy a extrañar la “objetividad absoluta” de Andrea Gara (pareja sentimental de tu asistente y preparador físico, Carlos Cuadrat, y que también abandona ya al país). Ella, al dar la noticia de tu partida, dijo que “La etapa Roca se caracterizó por ‘limpiar la imagen y devolver la ilusión a la afición’…”.

¿Ya ves, Albert?

Eso de cambiar oro por espejitos no es solo pecado de federaciones.

Algunos medios de comunicación salvadoreños también se contagian del asunto…

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