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El “black friday” de entrenar a ‘La Selecta’

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Han pasado 80 días desde que la selección salvadoreña de fútbol permanece huérfana de entrenador. Eso es 1920 horas más de lo que la selección de Estados Unidos tardó en encontrarle sustituto al técnico que ellos despidieron: Jürgen Klinsmann, quien fue remplazado por Bruce Arena en un lapso de apenas 24 horas.

Claro, en términos de deporte —y muchas cosas más—, comparar al deporte estadounidense con el salvadoreño es obrar un ejercicio bastante jalado de los pelos. Uno es profesional; el otro dice serlo y deja serias dudas de demostrarlo. Uno es opulento; el otro es casi pordiosero. Y no, la pobreza no siempre remite a acepciones económicas. A veces —y sobre todo en nuestra fauna tropical— la pobreza también remite a estrechez mental. Incluso en tiempos de crisis, cuando la Federación de Fútbol de Estados Unidos comete la inusual práctica de activar el botón de pánico en una eliminatoria mundialista, los yanquis reaccionan de forma pragmática. Despidieron a Klinsmann el lunes y el martes ya habían nombrado a Bruce Arena. Lo que nos lleva a pensar más allá de las diferencias abismales de la operatividad y ejecución. Nos lleva a meditar que Estados Unidos posee un Plan B anticipado incluso en la insólita situación de verse en crisis. Por supuesto, hay otra inmensa diferencia entre ambas selecciones: si el cargo de entrenador está vacante, a Estados Unidos lo quiere dirigir casi cualquier entrenador del mundo. El lunes pasado desfilaron nombres que iban desde Marcelo Bielsa hasta Manuel Pellegrini o “El Piojo” Herrera.

¿Y a El Salvador quién lo quiere entrenar?

Pareciera que cuándo en El Salvador preguntan quién quiere entrenar a “La Selecta”, en la entrañable (por hermosamente vulgar) Lotería de Atiquizaya suena el siguiente verso:

“Afila tu yatagán/Le dijo el sastre al barbero.
Y pisate en el zaguán/Al valiente cuchillero”

¡¡¡¡El Valiente!!!!
(reza el coro).

Los candidatos

A día de hoy, sabemos que hay cinco valientes cuchilleros que pugnan como candidatos finales en la baraja de la Comisión Técnica de la Federación Salvadoreña de Fútbol, la misma que decidirá quién de ellos será el próximo entrenador de la selección mayor. Ellos son: Jorge “El Zarco” Rodríguez (Metapán), Alberto “Chochera” Castillo (Sonsonate), Ernesto Corti (Santa Tecla), Osvaldo Escudero (FAS) y  Ramón Sánchez (Firpo).

Pero la situación es bastante clara: no hay pisto.

Las finanzas de la FESFUT son tan estables y confiables como cualquier defensa salvadoreño marcando en un córner a Carlos Pavón Plummer.

No hay presupuesto para considerar siquiera la posibilidad de buscar en el extranjero. Y aunque la conveniencia de pescar en océanos más pacíficos que los del Litoral tampoco garantiza absolutamente nada —como bien han demostrado antes las experiencias con el uruguayo Rubén Israel o el ibérico Albert Roca—, lo cierto es que las limitaciones presupuestarias obligan a manejar una lista de candidatos plenamente empapados de la realidad nacional (que es casi lo mismo a decir “la precariedad nacional”).

¿Por qué se considera a esta lista de candidatos? Claro, por baratos… Pero también por dóciles.

Y ojo: por “barato” no hablo solo de la evidencia de lo que cante el cheque del entrenador elegido. Hablo también de la necesidad de supeditarse a la baratija de los objetivos inmediatos.

Dentro de 47 días, el próximo técnico de ‘La Selecta’ deberá afrontar el desafío de la Copa UNCAF. Y en julio de 2017 viene el compromiso de la Copa de Oro, si acaso no se cometiera el bochorno de no obtener uno de los cuatro boletos y medio que otorga el campeonato centroamericano, que para la próxima edición podría presentar solo a seis equipos (por la suspensión de FIFA a Guatemala). Al entrenador que resulte elegido se le exigirá que la azul y blanco clasifique a la Copa de Oro (que básicamente es lograr que ni Belice ni Nicaragua nos eliminen) y, además de eso, que al menos se haga un papel digno en dos torneos para los que el equipo evidentemente no está preparado.

¿Cuál es el atractivo de una situación, a priori, tan desventajosa como esa?

Propongo trascender más allá de los motivos evidentes, que pensaría son los siguientes:

  • Salario estable y por encima de lo que usualmente pagan los clubes de primera división.
  • Exposición internacional.
  • Trabajo con más espacio de maniobra, pues no se depende de los resultados inmediatos de cada fin de semana en un torneo de liga.

En realidad —y a pesar de la prodigiosa capacidad de los federativos para encumbrar la incompetencia—, asumir el cargo de entrenador de ‘La Selecta’, para un técnico del medio local, es una situación de ganar/ganar.

Pensémoslo bien: ¿es realmente un riesgo? Porque asumir el cargo de entrenador de un equipo para el que la gran mayoría de los aficionados no espera demasiado éxito te pone en posición ventajosa. Si fracasás, hiciste justo lo que se esperaba de vos. ¿Y si por ahí logras alguna victoria inesperada, un chiripazo del destino, un gol de charco del Tigana en Jamaica, un nuevo gol de espalda in extremis contra Panamá? Sí, es raspar Lotín con entusiasta optimismo. Pero lo cierto es que el riesgo real cae en la posibilidad de que en enero nos elimine Nicaragua o Belice de la Copa de Oro. Esto en un torneo en donde los equipos de Panamá, Honduras y Costa Rica participarán —en su mayoría— con futbolistas de sus respectivos torneos locales. Es decir, sin la mayoría de legionarios. Resulta entonces un riesgo bastante asumible, a pesar de todos los pesares de nuestro equipo.

¿Se arriesga un entrenador con la posibilidad de quemarse gracias a una racha de resultados negativos? Basta tomar en cuenta los “éxitos” obtenidos por el último entrenador que tuvo el equipo. ¿Acaso se puede ser peor que “El Primi” Maradiaga? Recordemos que el hondureño terminó su aventura con la selección después de 13 partidos dirigidos y ni uno de ellos ganado. Apenas dos empates. ¿Se puede ser peor que eso? Lo dudo mucho. El Salvador ya no está compitiendo por ir al mundial de Rusia. La afición está desencantada. La próxima ‘Selecta’ tendría que ser muy nefasta para que la apuesta por dirigirla derive en una mala inversión.

El otro gran riesgo es quedarse sin trabajo cuando toque el obligado relevo de las “mentes brillantes” que integran la junta directiva actual de la FESFUT, algo que ocurrirá en junio de 2018. ¿Pero acaso los clubes de la liga mayor ofrecen la garantía contractual de procesos a largo plazo para un técnico? Ninguno de ellos lo hace. Operar bajo la amenaza de la guadaña es el diario vivir de un entrenador de fútbol profesional.

Resulta entonces que entrenar a la selección salvadoreña de fútbol en los tiempos actuales es una ganga de Black Friday

Cinco candidatos afilan el plástico. Solo esperan que suban las cortinas del almacén.

 

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