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El amigo íntimo de Mauricio Funes

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Leonel Antonio Flores Sosa fue el primer exfuncionario de la administración Funes al que la Corte Suprema de Justicia ordenó abrir un juicio civil por sospechas de enriquecimiento ilícito. El 5 de diciembre de 2016, la Cámara Segundo de lo Civil lo declaró responsable de ese delito y lo condenó (civilmente) a devolver al Estado poco más de $812 mil dólares. Este médico, a quien Funes nombró director del ISSS en 2011, no fue nunca un hombre con el que el expresidente consultó políticas públicas de gran calado, pero sí fue un amigo con el que compartió algunos de los lujos a los que el exmandatario era afín, y al que le pidió favores muy íntimos. La cercanía, se defiende Flores desde México, hizo pensar a algunos que él era testaferro de Funes.

Foto de FACTUM/Orus Villacorta

¿Creen que un presidente le va a confiar sus bienes, si los ha robado, a un asalariado? ¿Pudiera yo justificar un millón de dólares si me los encuentran en el banco?”

La pregunta retórica de Leonel Flores, que llega a poco de cumplirse la hora de entrevista con Factum en una cafetería de la Ciudad de México, resume una de las tesis que él maneja sobre el juicio civil por indicios de enriquecimiento ilícito que pesa en su contra y por el que ha sido condenado a regresar $812,740.62 al fisco. Esa versión se puede resumir así: a él, Flores, la sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia le abrió una investigación para llegar hasta Funes. “Creyeron que yo era su testaferro”, dice el médico.

Flores, hoy, no mete sus manos al fuego por su ex jefe, que también está en medio de un proceso por sospechas de enriquecerse a costas de las arcas públicas: “sus bienes, si los ha robado…”, dirá en toda la plática.

Es más, Leonel Flores reclama que a él Probidad lo mandó directamente a un tribunal sin oportunidad de desvanecer, ante la unidad de la CSJ, los señalamientos, algo que sí pudieron hacer Funes, o Antonio Saca, el otro expresidente al que la Corte mandó a juicio por enriquecimiento ilícito y contra quien la Fiscalía General abrió ya un juicio criminal por cargos de corrupción. Saca está preso en espera de una audiencia preliminar.

“Quiere decir entonces que la justicia en El Salvador funciona con quien tiene el poder, con quien la pueda pagar… A mí no me consta que Saca o Funes hayan pagado, pero les dieron oportunidad de desvanecer. Pero yo no tengo poder económico, político ni partidario, entonces a mí me agarraron sin darme la oportunidad de desvanecer nada”, se queja el ex director.

Flores asegura que fue el mismo Funes quien advirtió a su exsubalterno la última vez que hablaron por teléfono, poco antes de que la Fiscalía allanara al expresidente en agosto de este año:

“Tengo información de que creen que usted me tiene dinero y de que usted es clave para llegar a dañarme; y dicen que mañana esto pasa a corte plena”, dijo Funes, según recuerda Flores esa llamada.

“‘¿Por qué yo?’, pregunté. Me dijo que mi pecado era ser su amigo. Yo le dije que investigaran lo que quisieran, que no iban a hallar nada que me uniera con él más que la amistad. Y luego chateé con él cuando le hicieron el allanamiento. Después creo que cambió el teléfono”, explica Flores.

A Flores, Probidad le reclamó en inicio por $608,387.28 cuyo origen el exdirector del ISSS no pudo probar según esa unidad de investigación de la Corte. Pero Flores alega que en el juicio civil presentó pruebas que solo dejan en el aire la justificación de unos $18,000 en efectivo que él pagó a su tarjeta de crédito tras haber gastado en Estados Unidos. Con esa tarjeta, según él, compró encargos que le hicieron, entre otros, funcionarios del gabinete de Funes. La Cámara Segunda de lo Civil, al resolver que sí hubo enriquecimiento ilícito, validó los señalamientos de Probidad y no dio como válidas las pruebas de descargo que Flores presentó.

“Ante Probidad no pude justificar nada porque no me dieron oportunidad, ante la Cámara solo están pendientes unos $18,000… Yo venía a ver a mis hijos a Estados Unidos. Uno de ellos es supervisor en Best Buy y le hacían descuentos; yo pagaba con mi tarjeta y luego la gente me pagaba; Hato Hasbún una vez me encargó tres Ipads… Un error…”, se justifica.

Los hallazgos de Probidad, no obstante, hablan de un funcionario que tuvo un estilo de vida en el que hubo lujos y gastos: tres vehículos, una casa que costó arriba del medio millón de dólares, depósitos diarios de hasta $8,000 en cuentas de bancos. Otras fuentes consultadas para este reportaje, como auditorías del Seguro Social, hablan además de gastos excesivos en telefonía celular y viajes fuera de El Salvador.

Escuche las declaraciones del fiscal general sobre el caso contra Leonel Flores:

El amigo de un hombre sin amigos

Desde finales de 2007 y durante todo 2008, Mauricio Funes recorrió El Salvador, pero también las comunidades de salvadoreños en Estados Unidos, para afianzar su candidatura a la presidencia por el FMLN. En Washington, Funes contó con el apoyo de varios restauranteros, empresarios, líderes comunitarios y profesionales, entre ellos Leonel Flores.

Leonel Flores durante la entrevista con Factum en Ciudad de México. Fotos de Kicking Bird.

Leonel Flores durante la entrevista con Factum en Ciudad de México. Fotos de FACTUM

Flores, dicen dos de las personas que participaron de aquel movimiento de apoyo a Funes, no era de los que ponía dinero, como sí lo hicieron otros, pero era quien siempre estuvo más cerca del candidato.

“Tenés que entender que Funes es un tipo antipático, al que le cuesta llegarle a la gente, y Leonel es uno de eso cheros amigueros, buena onda, que se lleva bien con la gente. Entonces él le ayudó a Funes a conectar. Él era el chero de Mauricio”, cuenta en un restaurante de Washington uno de los empresarios salvadoreños que apoyó a Funes, y quien aceptó contar su experiencia desde el anonimato para poder hacerlo libremente.

Este restaurantero ubica una reunión específica, anterior a la gestión del Movimiento Amigos de Mauricio -el grupo formado en San Salvador que sirvió para hacer contrapeso al FMLN durante la campaña presidencial- en Washington, en la que Flores y Funes iniciaron su amistad. Fue una especie de panel en el que periodistas salvadoreños, en un bar del área metropolitana de la capital estadounidense, hablaron sobre la selección salvadoreña de fútbol. Funes no tenía muchas cosas buenas que decir sobre la Azul y blanco, lo que le costó abucheos y pitos de la concurrencia.

“Leonel fue uno de los que lo criticó por la arrogancia con la que nos había hablado a los salvadoreños”, recuerda el restaurantero, quien estuvo presente en aquel bar.

Flores recuerda ese episodio así: “Sí le silbaron. Luego hablamos. Y después, ya en 2007, cuando yo estaba paseando en El Salvador con mi familia, me mandó a llamar. Yo tenía algún liderazgo en la zona y a nivel nacional. A él le dijeron que se pegara a mi liderazgo para sondear si la gente lo aceptaba como candidato… Quería aglutinar apoyo para presionar al FMLN con gente de afuera. Me lo planteó. Yo le dije que no le podía prometer nada… Pero en el primer evento que lo llevé hubo lleno total. Nos hicimos amigos…”

Para cerrar la anécdota, Flores acude por primera vez a una frase que usó al menos dos veces más durante la entrevista con Factum en el Distrito Federal mexicano: “Yo fui amigo de Mauricio Funes, no del presidente Funes”.

Flores había llegado a Estados Unidos después de las marchas blancas, aquellas manifestaciones masivas convocadas en 2002 por los sindicatos de trabajadores y el de médicos del Seguro Social, incluso apoyadas en algún momento por el Colegio Médico de El Salvador, en contra de la gestión de Carlos Ramos Falla como director del Instituto y de los intentos del entonces presidente Francisco Flores por privatizar la seguridad social.

Leonel Flores era, entonces, un joven médico que se había sumado a la organización de las marchas. Fue entonces cuando, tras aparecer junto a otros promotores de las protestas en la entrevista que Funes aún dirigía en canal 12, ambos empezaron a tratarse. Flores viajó después a los Estados Unidos, donde durante algún tiempo trabajó como asistente en la clínica de un nefrólogo salvadoreño afincado en el Bronx, en Nueva York. De ahí saltó a Washington, donde llegó a ser director de la Clínica del Pueblo, una de las oenegés de atención a migrantes más prestigiosas del área.

El médico dice que fue en octubre de 2007 cuando ambos sellaron la amistad. Ocurrió debido a la muerte de Alejandro Funes, el hijo mayor del candidato, quien fue acuchillado en París.

“Lo que selló la amistad fue la muerte del hijo de él, de ‘Jandro’. Me llamó llorando y yo, humildemente, le mandé un dinero. Pasamos tres días monitoreando por internet. Yo fui el primero que me di cuenta cuando ‘Jandro’ murió. El médico francés me preguntó: ¿y quién eres tú?… Estábamos por mandar a un equipo del hospital militar de Estados Unidos que estaba en Dubai a ver a ‘Jandro’, pero desgraciadamente… Yo en esos 10 días se fortaleció una amistad no política”, cuenta el ex director.

No solo Flores, también otros salvadoreños que ya apoyaban la candidatura de Funes, le asistieron con préstamos o donaciones económicas.

Luego, cuando ya Funes era presidente, Flores también le asistió con consejos médicos: supervisó las atenciones a Gabriel, el hijo del ex entrevistador y Vanda Pignato, cuando el niño tuvo una emergencia de salud durante un viaje a los Estados Unidos.

Y también, según un ex funcionario cercano al despacho presidencial, Flores acompañó a Ada Michel Guzmán, actual pareja sentimental de Funes, a intervenciones quirúrgicas que le practicaron a ella, también en los Estados Unidos. De hecho, según una investigación de El Faro, Flores y Guzmán eran asiduos acompañantes en viajes privados con Funes.

Llegó 2009. La elección. Presidente electo. Nombramiento de gabinete. Pago de favores.

Dice Leonel Flores que a él Mauricio Funes le ofreció tres cargos. De embajador de Estados Unidos en Washington, de Ministro de Salud y de director del Seguro Social. Y dice que él los rechazó todos por diversas razones.

Otros funcionarios y ex funcionarios consultados por Factum, sin embargo, tienen otra versión de esos supuestos ofrecimientos. Sobre el puesto de embajador ante la Casa Blanca, Flores dice que Funes se lo ofreció a través de una llamada que le hizo desde Venezuela ya como presidente electo. Una fuente cercana al despacho del actual canciller, Hugo Martínez (quien en junio de 2009 ya había sido nombrado ministro de Relaciones Exteriores por Funes), asegura sin embargo que nunca hubo una instrucción de nombrarlo a él en el puesto. Flores, de cualquier manera, no podía fungir como representante diplomático por ser ciudadano estadounidense. Al final, el médico fue nombrado como ministro consejero para asuntos comunitarios por unos meses.

Mientras estuvo en Washington, Leonel Flores era una especie de asesor sin cartera para Funes en temas relacionados con la comunidad salvadoreña y, al decir de al menos dos fuentes en Cancillería, incluso llegó a influir en el nombramiento y cambios de varios cónsules en Estados Unidos.

Aun hoy, Leonel Flores se jacta del valor que tenía su palabra en asuntos relacionados con la diáspora salvadoreña: “Se puede decir que la referencia de Mauricio Funes en Washington era Leonel Flores, porque de ahí no había más nada”.

El llamado para que se hiciera cargo del Seguro Social llegó en octubre de 2010. Flores aceptó el puesto, dice, a finales de diciembre de ese año. En enero de 2011 renunció Óscar Kattán, el médico que había sido director desde 2009. Fuentes que estuvieron cerca de la Casa Presidencial de Funes aseguran que el presidente pidió la renuncia de Kattán para abrir el espacio a su amigo.

Una vez en San Salvador, Flores pasó a formar parte de una especie de círculo íntimo que acompañó al presidente en actividades lúdicas, entre ellas visitas a un polígono de tiro facilitado por Miguel Meléndez, alias Mecafé, otro de los cercanos Funes que ha sido investigado por sospechas de delitos relacionados con el manejo indebido de dinero público.

Leonel Flores dice, desde la cafetería de Polanco, en México, donde Factum lo entrevistó, que esa amistad con el presidente hizo creer a la gente que él podía convertirse en intermediario para pedir favores, lograr concesiones económicas o, incluso, contratos en el Estado. Flores dice hoy que él nunca tuvo ese poder.

“Yo tengo muchos detractores, porque la gente creyó que yo era el poder detrás del trono, pero están equivocados: a mí Mauricio Funes nunca me invitó al gabinete de salud que presidía la doctora Rodríguez, mucho menos al económico o al de seguridad. Yo no formaba parte de ningún gabinete; yo era amigo de Mauricio Funes, no del presidente. Yo no tenía injerencia, a menos que me preguntara de Estados Unidos”, insiste Flores.

Al hablar de otras personas que estuvieron cerca del presidente, como Mecafé o Herbert Saca, primo del expresidente Antonio Saca y asiduo también de Funes, Flores cuenta cosas por las que, hasta ahora, había pasado con cuidado. El informe de Probidad, dice, por ejemplo, que el médico compró vehículos a Meléndez y a Saca a precios que no eran los de mercado. En ambos casos, alega Flores, se aprovecharon “de su buena fe”.

En 2011, Flores le compró a Saca un Mercedes Benz por $60,000. Herbert Saca, dice el ex director, le mintió, porque le dio más caro un carro que en realidad valía $18,000.

[Escucha las explicaciones de Leonel Flores respecto a la compra de vehículos a Hebert Saca y “Mecafé”]

Pero al hablar de Herbert Saca, una figura de la que Funes ha tratado con insistencia de desligarse, Flores dibuja una relación más bien cercana entre el expresidente y el operador político:

“Yo le pedí una constancia a Herbert Saca (de la compra del carro), pero no me la quiso dar, ya cuando yo estaba en el problema. Yo a él no lo conocía. No me acuerdo a qué persona del gobierno le dije: ‘yo necesito una camioneta porque mi esposa que ya se va a venir (de Estados Unidos)’, me dijeron que le preguntara al presidente; le pregunté al presidente quién me recomendaba, me dijo que fuera donde Herbert.

—¿Dónde Herbert Saca? ¿Y él que no es de GANA?, le pregunté, recuerda Flores.

—’No, no’, me dijo, ‘tenemos buenas relaciones y él también le alquila carros al gobierno y se le compran carros a él. Es el mejor dealer que hay’, asegura Flores que Funes le dijo.

$32,000 en celular y un viaje a Israel

Cualquiera haya sido la influencia de Leonel Flores en el conjunto de la administración Funes, hubo un feudo en el que sí mandó, sin resistencia ni repuesta: en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social.

Cuando tomó posesión del puesto de director, coinciden dos ex colaboradores en el ISSS que hablaron con Factum bajo condición de anonimato, Flores llegó con el aura de ser un hombre cercano al presidente, pero también, por su currículum como académico y administrador en Estados Unidos, con la de ser un administrador eficiente.

“Se jactaba de las reuniones a las que atendía con el presidente y pasaba mucho tiempo fuera con él. En el último tramo del periodo viajó muchas veces con el presidente”, dice uno de los ex empleados del ISSS, quien asegura que Flores le habló de viajes a San Andrés, Roatán, Medellín, Panamá y Miami.

Otro de sus ex colaboradores lo describe así:

“Era un tipo competente, hábil, con una gran capacidad para procesar los datos que le llegaban y de hacer análisis de cualquier cosa compleja. En general hizo una buena gestión… Y tuvo la gran ventaja de que su autoridad era plena para hacer lo que quisiera: el partido no le importaba y el presidente no lo jodía”.

Esa libertad, dice esta fuente, llevó a la arrogancia: “No estar de acuerdo con él llegó a ser un acto de desobediencia”. El caso de Daniel Mejía, un empleado despedido, ilustra aquel poder.

El 8 de diciembre de 2011, al salir de su trabajo, Mejía le escribió una carta desesperada al doctor Flores para que reconsiderara su despido.

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Auditorías internas del ISSS cuestionaron gastos del ex director en telefonía. Flores dice que ya la Corte de Cuentas resolvió a su favor.

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Auditorías internas del ISSS cuestionaron gastos del ex director en telefonía. Flores dice que ya la Corte de Cuentas resolvió a su favor.

A Mejía, un colaborador del departamento de gestión de servicios del ISSS, le habían entregado la nota de despido ese día, a las 4:30 p.m., sin justificación alguna, según él reclamó en la carta que luego escribió al director. En la misiva, Mejía dice que no le dieron justificación alguna para cesarlo, pero asegura que la mujer que lo despidió, Ana Beatriz Estrada, jefa de la sección de abastecimientos, le comunicó la razón verbalmente: el director estaba molesto con él por revelar a auditores internos información sobre el uso indebido de algunos celulares pagados con fondos públicos, incluido el del doctor Flores.

“(Me) argumentaron que es decisión de la Dirección General a causa de las molestias que posee su persona con respecto a la administración del contrato de telefonía integrada y por la información proporcionada a los señores de auditoría”, escribió Mejía.

Entre el 19 y el 30 de junio de ese año, el doctor Flores había gastado importantes cantidades de dinero con el teléfono número 7853-5630, uno de los incluidos en el contrato al que Mejía se refiere en su carta de diciembre, que fue el que el ISSS asignó para el uso personal del director. Bitácoras de llamadas hechas desde ese número, al que esta revista ha tenido acceso, indican que en esos 12 días Flores gastó $9,550.62 en roaming, la tecnología usada por las compañías proveedoras de servicios celulares para la activación internacional de llamadas: $795.88 al día, tanto como un médico del ISSS gana al mes.

Los fondos del ISSS también sirvieron para pagar un boleto aéreo por $2,760 para que el director general del Seguro Social atendiera, desde el 18 de junio al 1 de julio de 2011, a un seminario de manejo de crisis en Israel, según un reporte de viajes obtenido a través de la Ley de Acceso a la Información Pública. Flores también recibió $150 diarios de viáticos. En total, $14,110 en pasaje, uso de teléfono y viáticos mientras estuvo en Israel

Dos meses antes de que Mejía se quedara sin trabajo, sus jefes directos en Abastecimientos y Servicios habían entablado una frenética conversación electrónica con los jefes de otros departamentos y del Departamento de Auditoría Financiera Institucional para intentar desvanecer irregularidades detectadas en el uso de celulares incluidos en un paquete de 21 teléfonos.

Los señalamientos incluyen una factura de $32,157.03 por servicios telefónicos entre enero y junio de 2011 que no había sido cancelada por el ISSS, llamadas internacionales no autorizadas y asignación de teléfonos, con autorización del director Flores, que “no corresponden a la normativa institucional”.

Leonel Flores alega que gastó tanto dinero llamando desde Israel porque en esos días estalló una huelga de sindicalistas que cerró la torre administrativa del Seguro y que él tuvo que controlar vía telefónica. “Así ha sido siempre: cuando el director se va, el sindicato presiona”, dice. Los cierres, no obstante, habían ocurrido al menos un mes antes.

[Escucha la justificación de Leonel Flores respecto a sus gastos excesivos en consumo telefónico]

El exdirector alega que el gasto excesivo ocurrió porque Daniel Mejía lo había sacado, sin su autorización, del plan corporativo en telefonía, lo que le hizo incurrir en más pagos. A la postre, dice, la Corte de Cuentas lo absolvió de los señalamientos.

— En todo caso, ¿no es difícil justificar este nivel de gastos en un gobierno que había prometido austeridad?, preguntó Factum.

—Es una estafa, dijo el ex director, atribuyendo el gasto excesivo a los precios impuestos por las telefónicas y justificando, de nuevo, que él tenía que comunicarse con San Salvador desde Israel, a donde había ido a un curso que, de entrada, no parece relacionado a las actividades propias del ISSS. “Fui a un entrenamiento de desastres, no había internet, me llevaban a la montaña y tenía que pegarme yo a internet”, asegura.

Al centro de la investigación de Probidad, sin embargo, no hay gastos suntuosos pagados con tarjetas de crédito, como sí los hay en los expedientes abiertos a Funes o al ex fiscal general Luis Martínez, quien gastó poco más de $62,000 en joyas. A Flores la Corte Suprema lo encontró responsable de enriquecimiento ilícito porque no pudo justificar el origen de la plata con la que pagó por su casa y por sus carros.

Flores insiste, como lo ha hecho antes, que pagó todo eso con fondos de su familia, o de negocios afincados en los Estados Unidos; en algún momento dijo, por ejemplo, que había recibido entradas económicas por su asocio con una empresa de limpieza en Virginia, pero luego aceptó que nunca tuvo ingresos de esa compañía (ver entrevista).

El médico se escuda en que no dejó faltante en el ISSS. Y asegura, sin parpadear, que nunca recibió sobresueldos de Casa Presidencial, algo que dos fuentes cercanas a Funes niegan.

El 5 de diciembre, tres días después de la entrevista con Factum, Flores tomó una llamada de esta revista para dar su respuesta ante el fallo de la Cámara Segunda de lo Civil. “En realidad es algo que yo y mis abogados ya esperábamos”, dijo el exfuncionario, que adelantó que apelará la resolución judicial que, además, ordena a la Fiscalía a determinar si abre una investigación penal.

Durante toda la primera plática con Factum, Leonel Flores volvió a la idea de que él es, solo, el eslabón más débil de una cadena política que los enemigos de Mauricio Funes quieren romper. Y trata, con mucho cuidado, de poner distancia entre él y el hombre que fue su amigo cercano y presidente de El Salvador, sobre todo cuando dice que Funes “si ha robado” bienes no los iba a poner a nombre de un asalariado que no tiene nada. La búsqueda, deja entrever Leonel Flores, debería de ocurrir en otro lado:

“Si yo hubiese querido aprovecharme de la hacienda pública desde un principio, yo hubiera entrado en los planes que se habían formado en el gobierno. Yo se le dije claramente a él: se le está formando un círculo palaciego.”

Lo cierto es que, desde el 5 de diciembre de 2016, el doctor Leonel Flores Sosa, a la espera de posibles apelaciones, es responsable civil (junto a su esposa, Karina Hernández de Flores) de enriquecimiento ilícito y responsable de devolver al fisco hasta $812,740.62. Funes, su examigo íntimo, sigue asilado en Nicaragua, a la espera de responder por señalamientos similares en enero próximo.

*Con reportes de Orus Villacorta.

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“A mí no me consta que Saca o Funes hayan pagado (justicia), pero les dieron oportunidad de desvanecer”

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