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Día Mundial del Teatro: a la sombra de las bambalinas

Desde 1961, el Instituto Internacional del Teatro celebra y conmemora el 27 de marzo como el Día Mundial del Teatro. El mensaje para este año en América está a cargo de Carlos Cedrán, director teatral cubano, quien hace alusión a lo siguiente:

«El teatro se extiende por una geografía invisible que mezcla vidas de quienes lo hacen. Todos los maestros de teatro mueren con sus momentos de lucidez y de belleza irrepetibles. Todos desaparecen del mismo modo, sin dejar otra trascendencia que los ampare y los haga ilustres». 

En nuestro país, el teatro –como arte– sigue en un vaivén entre lo importante y lo excluido; entre lo célebre y lo ignorado. El teatro salvadoreño mantiene viva su escena y parece que no trascendiera, que no deja huella y que no forma parte del ideario nacional. Pareciera que está fuera, a un lado; pareciera que resulta una actividad trivial en la que el teatrista, según se cree, vive de los aplausos del ego y la fama. Lo cierto es que nuestro teatro, el salvadoreño, vive y pervive a pesar de las limitaciones y el desánimo de enfrentar esa realidad.

Si enfocamos la mirada en la realidad del teatrista, vemos que no es sostenible como profesión: sin seguridad social, sin derecho a un crédito, sin posibilidades de desarrollar su arte, un arte estoico que resiste ante la marginación social. A nivel mundial –y no solo en El Salvador–, el arte teatral ha sufrido debido a los recortes de subsidio, pago de impuestos y otras ayudas. En la coyuntura local, hemos visto cómo la Muestra Nacional de Teatro despareció, como también ocurrió lo mismo con la Caravana de Teatro y el Festival Iberoamericano de Teatro Infantil. Cada una de estas actividades representaba un estímulo para el teatrista. Sin embargo, apenas hubo hasta el año 2017 una edición del Fondo Nacional Concursable para la Cultura y las Artes.

Por otro lado, la falta de espacios para realizar presentaciones, así como también la escasa promoción y difusión del arte teatral castiga la actividad escénica. Tenemos un circuito de Teatros Nacionales que no promueve ni motiva eficazmente sus actividades. En muchas ocasiones, el mismo artista debe sortear cómo resolver para hacer llegar público a sus presentaciones. Les salvan las instituciones educativas que, por motivos de cumplimiento de un programa de Literatura y Lenguaje, asisten a presenciar las representaciones teatrales.

La actividad teatral está tirada a su propia suerte. Cuenta solo con un mínimo apoyo consecuente de parte de la entidad que tutela la cultura y el arte en nuestro país. La misma aprobación de la Ley de Cultura desencantó al gremio, no solo al teatral, sino al de todas las artes. Es necesario apuntar que han surgido iniciativas privadas, como salas alternativas que luchan con todo el esfuerzo  por sobrevivir. Es el caso de la Galera Teatro y otras que han desaparecido. También vemos la permanencia del Teatro Luis Poma, que cumple 15 años y que se sostiene por los beneficios de una Fundación y la asistencia del público. Ya quisiéramos que hubiera más fundaciones que también le apostaran al arte.

El panorama muestra que hay otras entidades como el Ministerio de Educación, que contempla en sus programas a la Educación Artística. Sin embargo, esto se ve como algo recreativo que sirve para extender el horario escolar, como las escuelas de tiempo pleno. Aún no se ha logrado que este programa se vea como una fuente de formación. Por ello, el teatrista debe buscar mecanismos que están fuera de su alcance para que las escuelas acepten ver obras teatrales. Muy distinto sería si las Direcciones de Educación –junto con El Departamento de Arte y Cultura del MINED– crearan convenios entre los treatristas y las escuelas para generar la oportunidad a los alumnos de que vean las producciones teatrales. Sería una manera eficaz de cultivar el arte teatral de cara al futuro.

El Día Mundial del Teatro no cobra importancia a nivel nacional. Apenas una o dos actividades se programan para conmemoran esta fecha entre los mismos artistas, en una especie de autocelebración.

A pesar de la realidad tan adversa que enfrentan los teatristas, el arte teatral es –y seguirá siendo– tan efímero y tan directo en el ahora y el aquí. Aún con todos esos obstáculos que hay que vencer, aunque haya desilusión, puedo asegurar que tenemos fe en que nuestro trabajo merece la pena. La producción teatral está presente y  subimos el telón, muy a pesar de esta adversa realidad.


  • Roberto Carbajal es actor, docente, alumno de Sivar Actor´s Studio SAS y coordinador de la muestra de teatro «Alternaescénica».

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