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‘Deadpool 2’: el escape a la innecesaria corrección política

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Ser políticamente correcto en 2018 es cansado. Evitar decir algo que ofenda a alguien se ha vuelto casi un deporte extremo. Y claro, luego está Deadpool, que simplemente es la antítesis de la corrección política.


Cualquiera que haya visto a Ryan Reynolds darle vida al verdadero Deadpool —pues ignoraremos al de la película de Wolverine Origins, la mala adaptación de ese personaje que generó que Reynolds quisiera darle vida al verdadero Deadpool—, estaba más que emocionado por volver a ver a este personaje en la gran pantalla. 

En 2014, durante una Comic-Con, se filtró un video de un minuto en la cual veíamos a Ryan Reynolds matando villanos de segunda mano mientras contaba chistes absurdos y se dedicaba a romper la cuarta pared —algo que sirve para separar el mundo de los personajes de la audiencia— dedicándole alguno que otro chiste más al público.

Al ver esto, mi reacción fue averiguar cómo podía saber más acerca de este personaje. Tenía un año para ponerme al día con este nuevo trend y no parecer un noob cuando la película saliera. Todo comenzó con unos cómics : Deadpool Kills The Marvel Universe (alguien ya se le había adelantado a Thanos) y de ahí mi amor por este personaje fue creciendo. Gradualmente, fui conociendo cada vez más al verdadero y fui odiando cada vez más al extraño Deadpool que aparecía en X-Men Origins: Wolverine (2009).

Los cómics me hicieron adicto a este humor oscuro y a la violencia innecesaria. Aproveché a ver un walktrough en Youtube de Deadpool (eso de ver a una persona jugar un juego no es tan malo como parece. Al ser estudiante —y no tener dinero para comprar una consola— era lo más cercano a poder jugar). Así que poco a poco fui amando cada vez más a este extraño personaje. Me fui dando cuenta de que Deadpool era mucho más que un mercenario desfigurado. Él es un superhéroe que sabe que está en un cómic, que sabe que es un personaje ficticio. En cualquiera de sus formas, Deadpool es el escape perfecto a este mundo donde todos buscan ser políticamente correctos. Deadpool existe para insultar a los sensibles, a los que ponen el respeto antes de las risas, a los que por todo irán a quejarse a redes sociales. 

Fue un gusto haber ido al cine y escuchar a muchos riéndose en voz alta al presenciar los “chistes incorrectos” de Deadpool. La película es un obra maestra de humor oscuro, llena de referencias e insultos que vuelan por todos lados. 

Sin embargo, Deadpool es mucho más que la película. Deadpool es Ryan Reynolds y Ryan Reynolds representa –por segunda vez– la cara de una de las mejores campañas publicitarias. Deadpool  parecía estar en todos lados, pero la segunda entrega de esta película ha llegado incluso más lejos aún con Reynolds asegurándose que la sequela tuviera el mismo éxito (o más) que la primera.

Deadpool es el escape perfecto a este mundo donde todos buscan ser políticamente correctos. Deadpool existe para insultar a los sensibles, a los que ponen el respeto antes de las risas, a los que por todo irán a quejarse a redes sociales.

En primer lugar, Deadpool es la película perfecta para el marketing experimental. El personaje es famoso por romper la cuarta pared entre el público y él mismo. Cada una de sus apariciones en las redes sociales y diversos shows parecieran estar sacadas de la cabeza del personaje. Todas sus réplicas parecen, a menudo, como si el personaje las hubiera orquestado. Y más curioso aún: a menudo, es difícil distinguir entre el personaje de Deadpool y el propio Ryan Reynolds. No hay actor en el mundo que pueda decir que ama un proyecto tanto como lo hace Reynolds. Desde aparecer en un concurso de canto coreano; hasta jugar videojuegos con un youtuber; o burlarse de Donald Trump y de los Avengers en un solo show.

En cuestión de publicidad, lo han hecho todo.

Deadpool ha desafiado tanto a los fanáticos como a los críticos a convertirse en una de las películas R más taquilleras de todos los tiempos. Deadpool ha demostrado, una vez más, que hay cómics para todas las edades y que la gente está dispuesta a consumir superhéroes que no son para toda la familia. 

La película es un obra maestra de humor oscuro, llena de referencias e insultos que vuelan por todos lados.

Deadpool será más popular porque cada día nos seguiremos quejando por más cosas y ellos tendrán más cosas para hacerle burla. Al final del día, Deadpool es para los insensibles que se ríen de los sensibles o para que los sensibles entiendan que nos podemos reír de todo sin tomarlo muy a pecho. 

Sin embargo, la gente logró encontrar la manera de criticar la película de sexista, a pesar de presentar un personaje femenino principal –en Domino–, que es una mujer afroescendiente que usa su pelo natural y presentar la primera pareja LGBTI en el mundo de los superhéroes.

Si usted fue al cine a ver Deadpool y pensaba que no iba a sentirse incómodo en algún momento, lo siento: usted está al mismo nivel que la diputada De León, quejándose por un personaje homosexual en la película de la Bella y la Bestia.

En lo personal, agradezco a Deadpool por seguir siendo tan políticamente incorrecto en un mundo en el que lo usual es asumir como doctrina a la corrección política.

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