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“Cuanto más tengas discursos sobre usar la violencia contra adolescentes más estará en la cultura y otra gente lo absorberá”

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El doctor James Garbarino es una eminencia en el mundo de la psicología y las causas y condiciones en que niños y jóvenes ejercen violencia letal. Tiene más de 20 años de experiencia en este campo, lo que le ha llevado a trabajar con jóvenes de diversos países, todos ellos marcados por graves problemas sociales o situaciones de conflicto.  Ahora regresa a El Salvador, país al que conoce muy bien, para encontrarse con un panorama marcado por el incremento de las ejecuciones extrajudiciales y la criminilización de la juventud.

Foto FACTUM/Salvador Meléndez


Su perspectiva profunda sobre la violencia en la juventud y los trastornos de conducta también analizan las políticas públicas que han fallado en Estados Unidos, a la hora de prevenir que los jóvenes se hagan violentos y caigan en redes criminales. Pero también ha estudiado y apoyado iniciativas que son capaces de lograr cambios positivos porque se dirigen a la población en riesgo y atienden los traumas de las mentes de jóvenes criminales, marcadas por historias de infancia muy dramáticas.

Garbarino visitó El Salvador por primera vez hace 12 años, acompañando una misión de estudiantes. Desde entonces visita el país una o dos veces al año y mantiene el contacto con familias a las que brinda apoyo. En esta ocasión ha sido invitado por la Campaña Latinoamericana Instinto de Vida, Catholic Relief Services (CRS) y Glasswing  International para participa en un foro sobre violencia social que tendrá lugar este martes 10 de octubre a las 6:00 p.m. en el Museo MARTE.

¿Qué cambios ha visto en relación a la violencia y la gente joven desde la primera vez que visitó El Salvador?

Parece que el problema de la violencia se ha expandido y está tocando a más gente en más lugares. Pienso en una comunidad con la que tengo contacto desde hace bastante tiempo. Cuando empecé a ir a ese lugar era seguro para mí y para el líder local que yo estuviera ahí. Y unos años después fui a visitarlos y dijeron: “No puedes entrar caminando por la calle principal”. Tuvimos que ir por las colinas, escondidos, para llegar hasta ahí. Y un par de años después: “no puedes venir hasta acá, es demasiado peligroso”. Así que, ese es un solo lugar, pero cuando veo las noticias o los reportes de otras personas veo que este problema se ha incrementado. Pero, por otro lado, también ha aumentado la conciencia de que hay que hacer algo, encuentros y actividades de organizaciones como estas que están trabajando en el país desde hace años. Eso anima mucho e indica una verdadera conciencia y compromiso, porque claramente el problema ha llegado a un nivel muy intenso, cuando miras al número de homicidios… La otra cosa que es realmente preocupante y estaba pasando la última vez que estaba acá, hablamos sobre ello, son las ejecuciones extrajudiciales que se han incrementado dramáticamente. Eso es muy preocupante, porque por un lado indica el nivel de desesperación de mucha gente y por otro representa el poder del miedo para permitir a la gente hacer cosas que sobrepasan la defensa personal.

Conozco un hombre cuyos padres fueron asesinados durante la guerra y fue adoptado por una familia europea. Creció en Europa y luego regresó a El Salvador para montar una escuela, programas ocupacionales; pero la pandilla local lo quería controlar a él y al programa. Y eventualmente él dijo: no. Y lo siguiente fue que mataron al conductor del autobús de la escuela en frente de los niños, entonces él tuvo que dejar el país por un año. La última vez que comimos juntos, hace un par de años, tenía dos guardaespaldas armados para protegerlo. Ese es un cambio verdaderamente oscuro.

Entrevista al psicólogo  James Garbarino, de nacionalidad estadounidense, durante su visita a San Salvador, El Salvador, el 9 de octubre de 2017, en las oficinas de CRS El Salvador.
Foto FACTUM/Salvador MELENDEZ

El gobierno de El Salvador está combatiendo la violencia con más violencia, su discurso de prevención ya no parece creíble. Las medidas extraordinarias de seguridad aprobadas por este gobierno hacen que lo anormal se convierta en una rutina que debemos aceptar, incluido el recorte de derechos civiles y el aumento de registros en las calles, las detenciones, los patrullajes, la presencia militar. ¿Esto realmente tiene algún efecto para desalentar a un criminal?

Hay un programa en Estados Unidos que se llama “Scared Straight” (Asustar al que va derecho), que consistía en asustar a los jóvenes para que no se convirtieran en criminales. Fue muy popular en Estados Unidos hace 30 años. La idea es que tenías a un grupo de jóvenes que estaban en el camino de convertirse en criminales y los llevaban a prisión donde hablaban con criminales y les asustaban: “si te meten en prisión te van a violar, te van a golpear, así que ve con rectitud, pórtate bien”. La suposición ingenua es que los chicos se iban a portar mejor, pero el resultado al final para los que no estaban en riesgo de convertirse en jóvenes criminales es que realmente les asustó, pero para los que ya eran criminales eso no les hizo menos delincuentes, el mensaje que recibieron fue: voy a tener que ser más duro y fuerte cuando vaya a prisión.

Creo que es un fenómeno general que la gente que no está involucrada en crímenes cree que los militares en la calle son una solución, pero la gente actualmente involucrada en crímenes reconoce que esa no es la solución porque ellos solo van a seguir luchando con más fuerza. Es una situación muy difícil, particularmente cuando hay pandillas involucradas. Al menos en Estados Unidos, las investigaciones indican que el 85 % de las personas en pandillas no son anormales, solo están buscando a la pandilla por protección, recursos, el sentido de la familia; pero para el otro 15 % realmente son dañinos y problemáticos, y la pandilla se convierte en un vehículo para desarrollar sus personalidades, psicología y sentimientos dañados. El 15 % utiliza al resto para buscar maneras de crear miedo en el público. Así que, si intentas responder con soluciones militares, estás marginando más al 85 % porque el 15 % seguro va a encontrar maneras de escapar, moverse alrededor y de cualquier manera no cambian.

Entiendo que es un gran dilema, un gran reto encontrar la manera de poner orden y seguridad, pero al mismo tiempo compromete lo positivo para los criminales, porque muchos de ellos de ellos, la mayoría, han pasado historias muy dramáticas y tienen que hacer frente a su propio trauma, no pueden mejorar.

En las prisiones de América había un programa que se llamaba “Conciencia de Víctima”. Hablé una vez con un adolescente violento que me dijo que había participado en ese taller ocho veces, pero él decía: “hasta que reconozcan mi vida también como la de una víctima, nunca les escucharé”.  Creo que eso captura lo importante. Mi estrategia principal, especialmente con los jóvenes, es pensar que son niños traumatizados y no tratados, que viven y controlan los cuerpos de adolescentes y adultos jóvenes asustados. Donde tú ves a un joven de 19 años, yo veo a un niño traumatizado de seis años. Hasta que no veamos al de seis años, será muy difícil de controlar al de 19.

En relación a la actitud del Estado para combatir la violencia, estaba pensando en esta frase tan conocida de Gandhi que dice: La no violencia no es el arma de los débiles; es el arma de los más fuertes y valientes ¿No está siendo el Estado- y la sociedad- demasiado débil entonces al usar la violencia como una forma de acabar con la misma violencia?

Sí, ciertamente la mayoría de los líderes adultos tienen traumas no resueltos de la guerra, eso lo complica. La última vez que estuve acá participé en un programa de televisión y el presentador me preguntó: ¿qué sería lo primero que haría para reducir la violencia en El Salvador? Y dije: una auténtica y verdadera comisión de reconciliación como la que intentaron hacer en Sudáfrica donde no se ocultaba nada, sino que lo mostraban a la luz y permitían a la gente que se expresara.

Alguien me decía hoy de un programa comunitario de desarrollo donde el presidente de la organización había estado con la guerrilla y el vicepresidente había estado con el gobierno durante la guerra; y que toda la organización había colapsado porque estas dos personas se tenían demasiada desconfianza, porque había algo no resuelto. Está esa dimensión política, donde hay trauma colectivo que se extiende a la cultura y he escuchado que eso se mantiene en El Salvador donde la gente sigue suspicaz, tienen miedos, son ecos del pasado. El Salvador no es un reto fácil, si lo fuera alguien ya lo habría resuelto, pero hay estos esfuerzos en el camino, que debe ser un reflejo de que es posible hacer progresos.

Hay un proyecto que vino de Chicago que se llama “Cure Violence” (Curar la Violencia) que han aplicado en San Pedro Sula, en Honduras. Hicieron efectivo ese programa y lograron una reducción significativa. Dijeron que logró reducir un 88 % de personas heridas con armas de fuego. Te lo menciono porque, aunque parezca poco esperanzador y pasivo, la mayor parte de la violencia es muy suave, es decir, se puede reducir, depende de las condiciones sociales. Ese es el punto de “Cure Violence”, no la elimina, pero ayuda a reducirla drásticamente.

Hay otros problemas que subyacen, la desigualdad económica está relacionada también con esto, el índice de Gini que va de 0 a 100. El Salvador normalmente puntúa en torno a los 40, no es tan malo como en otros países, pero no es tan bueno como Escandinavia que está en torno a 20. Una vez en la UCA, un profesor estaba dando una charla y dijo: “el índice de Gini en El Salvador es de 47, muestra que tenemos mucha desigualdad”.  Yo me di la vuelta y le dije a los estudiantes: “¿Saben de cuánto es en Estados Unidos?”. Dijeron: “No”. “Es de 43. Así que tenemos prácticamente el mismo grado de desigualdad”.

Otra cosa que la gente normalmente no se da cuenta es que cuando miran la tasa de homicidios esta depende parcialmente de cómo funciona la atención médica de emergencia en tu país: si tienen ambulancias, asistencia de trauma y emergencias. Eso explica muchas de las diferencias entre El Salvador y Estados Unidos, tenemos casi los mismos niveles de violencia, pero la gente a la que disparan no muere con tanta frecuencia como aquí.

Entrevista al psicólogo James Garbarino, de nacionalidad estadounidense, durante su visita a San Salvador, El Salvador, el 9 de octubre de 2017, en las oficinas de CRS El Salvador.
Foto FACTUM/Salvador MELENDEZ

En los últimos años se ha reportado un aumento de las agresiones, acoso, registros no justificados contra jóvenes por parte de agentes del Estado, hasta llegar al punto de presuntas ejecuciones extrajudiciales contra pandilleros y otros no pandilleros. ¿Cuáles son las consecuencias inmediatas, qué efecto produce en los jóvenes que forman parte de ese 85 % de las pandillas que no son criminales en potencia?

Una investigación Nueva York se refiere a eso. Es sobre una política que se llamaba “Stop and Frisk” (Detención y Cacheo), asociada a la época del exalcalde Rudolph Guiliani. Con esa política un policía tenía derecho a pararte sin motivo alguno y cachearte. Dijeron que detuvieron a personas cientos de miles de veces, (…) pero parece que cuantas más veces era detenida una persona, más era separada de la sociedad, porque sentía que había sido detenida injustamente y claro, cuanto más marginada, más fácil es que fuera reclutada por el otro 15 % de la pandilla. Realmente previno muy pocos crímenes y produjo más por la marginación en la mayor parte de la juventud.  Es como quimioterapia cuando tienes cáncer, la quimioterapia mata lo malo, pero al mismo tiempo tiene muchas consecuencias secundarias. (…) Cuanto más tengas discursos públicos sobre usar la violencia contra adolescentes, la violencia contra delincuentes o miembros de pandillas, más estará en la cultura y otra gente lo absorberá. Es un discurso muy peligroso.

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