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Costa Rica y un mundial para olvidar

Una versión desmejorada de nuestra selección “sudó la camiseta” pero eso no fue suficiente


Para cuando la afición tricolor gritaba frente al televisor el ingreso de esa bola en el arco suizo, la Sele ya estaba más que eliminada. Con el paso de los días, nuestras expectativas fueron decayendo estrepitosamente. Pero ese gol al menos queda como un buen recuerdo.

Antes del primer partido, el espíritu predominante decía: “Repitamos lo que hicimos en Brasil 2014”. La segunda frase motivadora fue: “Ya que no le ganamos a Serbia, ojalá hagamos un milagro ante la Canarinha”. Sin embargo, antes de enfrentarnos ante Suiza, los ánimos se habían desdibujado al punto de llegar al discurso que nos repetíamos con vergüenza: “Somos la única selección que no ha anotado en Rusia 2018”.

Tuvimos que ver dos partidos y medio para celebrar, finalmente, un gol en este mundial. Antes de esto, los minutos se hacían extensos y las caras largas. Cuando el reloj sobrepasaba los 50 minutos, en un tiro de esquina, el espigado defensor Kendall Waston le trajo una sonrisa anhelada a un país entero. Haciendo gala de su estatura, el jugador del Vancouver Whitecaps FC saltó con fuerza para dominar la altura, recibir un balón con la cabeza e insertarlo en el marco suizo.

¡Costa Rica apenas empató, pero celebró tanto como dos días antes Panamá había gritado su único gol en su primera asistencia a un mundial! Nosotros, en nuestro último encuentro, apenas íbamos igualando el marcador, pero la celebración era meritoria. Todo el deseo de vibrar con locura se había venido acumulando, y, si no era ahora, ¿cuándo podríamos brincar y gritar el “goooool” con el que vibra el fútbol?

Al final del partido, un autogol en un penal se convirtió en el segundo momento de alegría para la afición, que, si tenía esperanza de algo, era que Costa Rica no se fuera catalogada como el ridículo del Mundial. La segunda anotación devolvía el marcador a la paridad. ¡Costa Rica lograba así su único punto en Rusia! Con algo había que contentarse. Peor es nada.

Tras tres partidos, cinco anotaciones en contra, dos goles a favor y un único punto, queda la sensación de que pudimos haberlo hecho mejor. La prensa siempre le cuestionó al entrenador que dejara en la banca precisamente al jugador que anotó el primer gol tico ante Suiza, así como a Joel Campbell, quien fue nombrado la estrella del partido, por su despliegue veloz y magistral dominio del balón del medio campo hacia el frente.

Las críticas empezaron desde los juegos amistosos antes de Rusia, pero las falencias persistieron. ¿Por qué la propuesta no es ofensiva? ¿Por qué las permutas de jugadores no son más que reacciones ante la derrota? ¿Por qué jugamos con miedo?

Al responder, Ramírez –el primer técnico nacido en Costa Rica que puntúa en un mundial– no dio el brazo a torcer con su planteamiento técnico e insistió siempre haber hecho “lo que era mejor para el país”. Los jugadores respaldaban sus palabras. El referente tico, Keylor Navas, criticó que se cuestionara la entrega y la garra de los seleccionados. ¿Alguien se atrevería a contradecir al gran portero?

Sin embargo, fue hasta el último partido cuando se sintió esa sensación de que, contra Suiza, Costa Rica demostró de qué estaba hecho realmente. Si bien no sacó más que un empate ante la ordenada escuadra europea, se vio a una selección aguerrida que había estado apagada durante los dos primeros cotejos de la cita mundialista.

Sin fiesta

Al este de San José, nuestra capital, se encuentra una rotonda que se ha convertido en el espacio por excelencia para las celebraciones de los triunfos de la Selección. Las calles circundantes se llenan de rojo cada vez que la tricolor hace una proeza en la cancha. Es el punto de reunión obligatorio donde se traslada la fiesta y la euforia, las cervezas y el llanto de emoción.

Hace cuatro años, este espacio fue el escenario de las fotografías más memorables de la proeza patria en Brasil. Este año, sin embargo, en la fuente de la Hispanidad no hubo ni asomos de festejo. No había un motivo para agruparse, para sacar los tambores y sonar las pitoretas. La participación de la Sele fue menos que modesta. Fue lamentable y los números respaldan esta aseveración.

¿Cuántos creímos que era posible repetir el hecho histórico de Brasil 2014? ¿Cuántos extrañamos el mejor nivel de nuestras otrora figuras, como Celso Borges y Bryan Ruiz? ¿Cuántos preferimos aferrarnos a la fe de que, para el próximo mundial, podremos hacer un mejor papel que el que se hizo en esta cita?

Rusia 2018 ha estado llena de sorpresas. Empecemos por la ausencia de Italia y Holanda, Chile o Estados Unidos en la cita. Sigamos por los resultados inesperados, por el bajo nivel de España, por la irreconocible Alemania o la inestabilidad visible de Argentina y Brasil. Si quisiéramos sentirnos pretenciosos, digamos entonces que Costa Rica fue una de esas sorpresas en este mundial por quedarse botada en la primera ronda. Digamos que el mundo entero no se esperaba que la tricolor quedara de última en un grupo que no parecía ser tan complicado.

Sin embargo, en el fondo sabemos que este es un retorno a la realidad. Nunca hemos sido una selección de triunfos reiterados ni caminos fáciles. La verdad es que no fue en esta ocasión, pero quizá tengamos otra oportunidad para decir que, una vez más, hicimos una excepción mundialista y nos convertimos en sorpresa.

Mientras tanto, sigamos viendo el mundial y alegrémonos por los que sí ganan.

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