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Cincuenta y dos años, cuatro meses y doce días: hoy se firmó la paz en Colombia

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El camino para la paz en Colombia comenzó este día, con la firma de un histórico acuerdo, nada exento de polémica, acuerpado por la comunidad internacional. Colombia, con millones de víctimas por medio siglo de guerra, espera ahora la decisión final de este acuerdo con el plebiscito que se votará este domingo 2 de octubre. 


Cincuenta y dos años, cuatro meses y doce días han tenido que pasar para que hoy, 26 de septiembre, se firme la paz entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. La hora de creer ha llegado y comienza la cuenta regresiva, el día cero, en que los colombianos definirán si están o no de acuerdo con lo que han firmado Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”, y el presidente Juan Manuel Santos frente a más de 2,500 personas.

Para recordarnos que la guerra entre el grupo guerrillero y el Estado ha llegado a su fin, el evento comenzó con un canto de las Alabadoras de Bojayá, mujeres cantoras nacidas en el escenario de una de las masacres más sangrientas del conflicto, en el que murieron alrededor de 100 civiles por la explosión de un cilindro bomba en una iglesia de este municipio.

Cuatro años también han pasado desde que inició de la negociación. Cuatro años en los que los colombianos han estado mordiéndose las uñas entre el hermetismo del gobierno, sobre lo que se estaba pactando, y la incertidumbre que generó un proceso que no contempló el cese al fuego para sentarse a negociar.

La comitiva internacional que llegó a Cartagena estuvo compuesta por 13 presidentes, entre ellos Michelle Bachelet de Chile, Raúl Castro de Cuba, Mauricio Macri de Argentina, Rafael Correa de Ecuador, Nicolás Maduro de Venezuela, Salvador Sánchez Cerén de El Salvador, además de José Mujica, ex presidente de Uruguay, Don Juan Carlos Primero de España, 27 cancilleres, más de 2.500 invitados, el actual Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon y su antecesor Kofi Annan. Todos juntos para presenciar el momento histórico más importante de la historia reciente de Colombia y el acto de paz más representativo que ha presenciado la región latinoamericana durante este siglo. La independencia de una guerra que aislaba a los colombianos de cualquier posibilidad de crecimiento y desarrollo sostenible.

La comitiva internacional de presidentes asiste como testigo a la firma de la paz colombiana, representada por el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”. Foto: Juan Pablo Bello/Factum

La comitiva internacional de presidentes asiste como testigo a la firma de la paz colombiana, representada por el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”. Foto: Juan Pablo Bello/Factum

El Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera está compuesto por seis puntos que contemplan una reforma agraria, participación política para los ex combatientes, cese al fuego, reincorporación a la vida civil, tratamiento a las víctimas, justicia y sistemas de implementación.  Seis puntos que en papel parecen funcionar bien, pero que deja muchos vacíos en términos de justicia y mecanismos para mantener la paz.

Lea también: Comparativo de acuerdos de Paz de Colombia y El Salvador

El presidente Salvador Sánchez Cerén declaró el domingo 25 de septiembre que en 2017 se cumplen 25 años de la firma de la paz entre el Gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). “Ha sido una paz estable, ha sido una paz duradera”, señaló. Sin embargo, vale recordar que El Salvador no vive en paz y eso en parte responde a algunas malas decisiones que se tomaron durante la ejecución de su Acuerdo.

Aunque las FARC haya sido la más grande y numerosa amenaza a la estabilidad de Colombia, no es el único actor de violencia que ha enfermado al país. Grupos paramilitares como las Autodefensas de Colombia azotaron las zonas rurales colombianas durante 13 años, y después de desintegrarse en 2003 a través del Acuerdo de Santa Fé de Ralito, firmado durante el gobierno de Álvaro Uribe, dejaron más de 400,000 víctimas. El camino quedó abierto para que numerosas bandas criminales se armaran en lo que hoy es la mayor amenaza a la vida urbana y rural del país. Bandas como Los Úsaga, Los Urabeños, La Oficina de Envigado o Los Paisas lideran el negocio del narcotráfico, la extorsión y las pandillas de jóvenes en zonas marginales.

En Cartagena, la ciudad donde se ha firmado el Acuerdo, que ha sido declarada por el presidente Santos durante su discurso como Ciudad de Paz, se habla de la presencia de más de 90 pandillas compuesta por alrededor de 3,000 jóvenes que se dedican al micro tráfico, la fabricación de armas  artesanales, el robo de celulares y las riñas callejeras. La tasa de homicidios en la ciudad viene en aumento desde la desmovilización paramilitar, y actualmente se encuentra en 28 cada 100,000 habitantes. Una afirmación como la del presidente salvadoreño y el marco criminal en el que se firma el acuerdo deja un velo de desconfianza sobre el futuro de la seguridad de los colombianos.

Una de las cosas más curiosas de este acuerdo es que son precisamente las víctimas del conflicto armado las que han demostrado más generosidad para apoyar el Sí. Consuelo González, ex congresista colombiana secuestrada por las FARC durante seis años, dice que la única forma en la que ella encontrará la paz es teniendo la verdad completa y eso se logra con lo acordado entre las partes. Para Alejandro Vásquez, joven desplazado del pueblo San Jacinto y actual habitante del Barrio Nelson Mandela en Cartagena, dice que para él, la guerrilla, paramilitares o ejercito eran el mismo tipo de amenaza. Que la firma de la paz es devolver la tranquilidad al campo, y la posibilidad de tener protección en lugares donde antes no llegaba el Estado. Paz, venga de donde venga.

El presidente Juan Manuel Santos y Timochenko dieron emotivos discursos en los que hablaron de perdón, reconciliación y no repetición. Se habló de democracia, se habló de bienvenidas, se agradeció a combatientes, fuerza armada, movimientos sociales, a Gabo y a Dios, y el presidente habló del “fin de la horrible noche” entre lágrimas que conmovieron a todos. Ahora queda esperar que todos los colombianos crean en este futuro y voten por el Sí este próximo domingo 2 de octubre en las urnas. Después de eso, comienza el trabajo.

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Foto principal: Efraín Herrera. 
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