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Buena Fe: “Nos tocó esta durísima época donde la canción de autor ha pasado a ser el azúcar en el mercado internacional”

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Entrevista con el dúo cubano Buena Fe, un proyecto musical que nació en 1999 y que está conformado por Israel Rojas —compositor y voz líder— y Yoel Martínez —guitarra acústica y segunda voz—. Su último álbum (“Sobreviviente”, 2017) es el noveno de su discografía y es el que promocionarán en el concierto que el próximo sábado ofrecerán en El Salvador, un país al que visitan por tercera ocasión.

Fotos FACTUM/Gerson Nájera


En un principio, la música de Buena Fe salió de Cuba en mp3 y discos compactos que iban de mano en mano. Con los años ganaron notoriedad y empezaron las giras. Luego, la masificación del internet acercó sus canciones a nuevos públicos, como el salvadoreño.

Revista Factum conversó con ellos sobre sus álbumes, su trayectoria, Silvio Rodríguez, Ricardo Arjona e incluso sobre reguetón.



A casi dos décadas de que iniciaron este proyecto musical, ¿sigue el principio de Buena Fe en su trabajo?

Israel: Sí, je, je. Increíblemente sí. Todavía sigue siendo esa voluntad de poner ideas en circulación, de tratar de explicar y explicarse el mundo. Se trata de que esto siga siendo una conversación con el infinito y que la gente que está en el medio trate de ver si escucha la misma respuesta que a nosotros nos gustaría cuando lanzamos esas preguntas al infinito, al futuro, al mañana. Siguen siendo esos los postulados. Si hemos durado mucho en este negocio, en este oficio, en esta pasión, ha sido porque teníamos bien claros los postulados desde el principio.

Y qué los mueve, ¿las contradicciones o las utopías?

Israel: Ja, ja. Cierto. Ambas. Uno descubre con los años que lo mismo te mueven las contradicciones, las utopías y detrás de ellas: las grandes pasiones y los pequeños detalles de la vida. También las cosas que te van asombrando y las ganas de abrir las murallas a las cosas que hay que abrirlas y cerrarlas a las cosas que hay que cerrarlas.

Cuentan con nueve álbumes de estudio publicados. ¿Cuáles son sus consentidos y por qué?

Yoel: La verdad es que “Déjame entrar” [el primero] fue un disco que nos fascinó. Era la ingenuidad de salir a adelante con nuestros sueños. Particularmente, cada disco tiene su propia experiencia, su propia manera de decir. Se debe al momento en que pudimos trabajar en él. Yo creo que no hay un disco preferido. A mí me gusta mucho “Presagios”, porque es un disco muy poético; me gusta “Catalejo”; me gusta “Corazonero”; pero también me gusta “Sobreviviente”. En el caso nuestro, cada uno está en dependencia de lo que uno quiera volver a vivir con la discografía. Y a la gente le pasa parecido. Algunos prefieren el primer disco y el último. Lo bonito es eso, que cada persona tenga la oportunidad de llevarse un trozo de canción y pueda vivirlo.

Israel: Para nosotros, realmente, cada disco ha sido un paso, ha sido un peldaño. Aunque no me gusta verlo como un peldaño, porque tal parece que estás obligado a siempre ir superando y a nosotros no nos mueve eso. Son pasos, pasos hacia adelante.  No se puede llegar del punto “a” al punto “b” sin dar una cantidad de pasos. Es como preguntar cuál fue el paso más importante. O sea, no hay uno sin otro. Yo creo que cada disco cumplió su cometido, cada disco fue sumando gente a esta historia. Si tú me preguntas cuál es mi disco consentido, te diría que el próximo. Siempre el consentido es el próximo, esa expectativa, ese miedo, ese deseo de que te quede a la altura de la expectativa que tú tienes y más o menos comparado que te dejen ese sabor de satisfacción que te dejaron los anteriores. Siempre hay público que se monta y se baja, pero yo prefiero que cada disco tenga —aunque sea Buena Fe siempre— identidad propia. Que cada uno sea distinto. Hasta ahora nos ha pasado eso. Cada uno tiene su propia temática, su propia sonoridad, tiene sus propios riesgos musicales y poéticos. Por eso es que van sumando gente, porque no aburren, porque la gente siente que ha habido una intención de rasgar el silencio y de clavar sonidos y de hacer cosas distintas.

¿De qué lado les gusta más ubicarse? ¿En el pop o en la trova?

Yoel: De la canción de autor, que es lo que al final hacemos nosotros, aunque bebemos de la trova. Ser un trovador en sí es tener esa actitud de salir a ganarse al público con una guitarra o dos, sea con una banda o con su manera de ser. Hay canciones que son un poco más poperas, otras más rocanroleras y otras más en la cuerda de lo folclórico. Son tantas las maneras que usamos para que la canción pueda llegar al público que no nos enmarcamos en un género o una estética. Si hay quien quiere decir que somos trovadores, felicidades, no importa.

Israel: Nosotros creemos que nos acercamos más a la trova desde una perspectiva ética. ¿Qué cosa es la trova? La trova ha sido siempre voluntad de discursar, voluntad de escribir canciones que no puedes encontrar en otro sitio, que son muy personales, que cuestionan la realidad, que intentan lograr la ruptura entre lo común. Es otra manera de proyectar emociones. Eso creo yo que es la ética de la trova. La puede hacer un roquero o un rapero. Juan Formell, que fue el director de Los Van Van, es un trovador, porque es un cronista de la época que le tocó vivir. Pero lo mismo me pasa a mí con Fito Páez, que es un roquero por reglamento, un piano man por reglamento y para mí es un gran trovador. Nosotros nos acercamos a la trova desde una perspectiva ética más que estética, porque estéticamente esto es para divertirse. Nosotros somos caribeños y la característica del caribe es ser un caleidoscopio de sonidos. Nosotros abrazamos eso, no queremos estar encasillados a una sola manera de expresarnos.

Los dos últimos discos los han trabajado con la compañía discográfica Metamorfosis, dirigida por Ricardo Arjona. ¿Cómo ha sido esta experiencia y cómo llegaron a este sello?

Yoel: Lo que más nos gusta de pertenecer a Metamorfosis es que hay una relación de respeto. Para nosotros es importante porque venimos de Cuba, hacemos una música que no pretende irse por una tendencia o por un sello. Ricardo siempre nos dejó claro que eso había que respetarlo. Su interés era que nosotros mantuviéramos nuestras formas. No tenía sentido que, de repente por salir al mercado y conquistar, usar tal tipo de ropa o ponerse el pelo no sé cómo. Que casi siempre se hace y la gente pretende hacerlo por las cuestiones de mercado y demás. Además, él es un cantautor también y sabe lo que se siente cambiar un texto o la manera de decir. Por lo demás, bien chévere. Metamorfosis es un sello pequeño, pero estamos intentando echar pa’ lante.

Israel: Recibí una llamada en 2013 o 2014, por ahí. Creo que fue en noviembre de 2013. Él (Ricardo Arjona) me hace una llamada. Se presenta, por supuesto que le conocía, y me dice que había oído nuestras producciones discográficas hasta ese momento y que estaba elaborando un disco —que luego fue el disco “Viaje”— y quería que le ayudáramos a producir un tema de ese disco. La producción la hicimos con algunos compañeros de la banda y así fue como vino el primer acercamiento. Él nos invita a ir a México a Yoel y a mí para tener un encuentro y reunirnos. Fuimos allá y nos hizo la propuesta de pertenecer al catálogo, desde una perspectiva de tratar de acortar los plazos, manifestó él. Nos ofreció poner nuestra música a través del sello musical Metamorfosis, que es un pequeño sello, no es una multinacional, que es una voluntad más que otra cosa, y tratar de acortar esos plazos, que nuestra música se conociera en el mundo de habla hispana, que él obviamente domina. En ese sentido estamos muy agradecidos, porque en estos tiempos eso ya no se ve. Eso habla muy bien del carácter de Ricardo, porque un artista de esa connotación, desde el punto de vista su alcance, desde su fama, qué sé yo, desde su trascendencia para la cantidad de público que hay en Latinoamérica, que abarrota sus conciertos, nos parece un verdadero acto de desprendimiento. Estamos muy agradecidos realmente, porque además nunca hubo una pauta estética. Al contrario, nos pidió que siguiéramos siendo nosotros mismos. «Creo que esto que ustedes hacen lo debería conocer más gente», nos dijo. Bajo esa perspectiva es que hemos estado trabajando.

Luego de escuchar esto, hay algo curioso: al menos su público en El Salvador se compone por fanáticos de la trova, el pop y rock más intenso líricamente, por así decirlo. Y muchos de ellos son detractores de Ricardo Arjona, ¿qué piensan de esto?

Israel: Yo creo que son pocos los casos —te lo digo de todo corazón— en que los cantautores ponen el hombro para que otro cantautor salga adelante. Son pocos los casos. El cantautor, generalmente, si se quiere suicidar, se puede tirar de su ego. Son sumamente poetas, sumamente egoístas, sumamente competitivos… Generalmente es así. Estoy hablándote desde los más clásicos, a los que respeto inmensamente, hasta los que van comenzando. Tú les ves que, cuando hacen las dos primeras canciones, se creen que tienen a dios cogido por la barba. Entonces, para mí eso que dices es una bonita contradicción. Hay contradicciones que son terribles y hay contradicciones que son maravillosas. Yo jamás esperé un gesto así de un cantautor como Ricardo. Porque Ricardo Arjona es el clásico cantautor que se escapó del pelotón, que le llega ahora mismo a las señoras que están haciendo tortillas, que les llega a los argentinos que están en un boliche viendo fútbol, que le llega a un grupo también de universitarios. Su éxito es a veces verdaderamente desmesurado.

Ricardo Arjona es hoy por hoy el único artista que no hace reguetón y que sale entre los conciertos más grandes que se hacen en América Latina en la revista Billboard. O sea, la revista Billboard, la americana, lo tiene como uno de los shows que más factura en América Latina. ¡Tiene que generar escozor en el resto de cantautores! Tiene que ser odiado porque a lo mejor un verso no le gustó a alguien, porque a lo mejor le pareció facilista. Pero yo creo que el mérito de Ricardo Arjona es indiscutible. Y hay algunas canciones de Ricardo que a mí me parece, humildemente, que pudo haberlas hecho mejor. Pero yo creo que hay algunas canciones de Ricardo que son ejemplares y que son clásicos de la canción latinoamericana, te guste o no. A un escribano o a un crítico le pueden resultar pedestres, pero no pueden decir que en toda la discografía de Ricardo no hay 10 canciones que son magistrales. Todo mundo oye a Silvio Rodríguez, todo mundo oye a Sabina, oye a Serrat y todo mundo oye a Ricardo Arjona. Claro, a cada uno en lo suyo. Y muchos de los que lo odian nunca han ido a un show de Ricardo. Cuando yo fui a un show de Ricardo Arjona gané otra dimensión de su trabajo, porque Ricardo Arjona es el que produce, dirige y arma su show. Y los shows de Ricardo son ejemplares. Yo he visto shows de otros artistas internacionales, incluso gringos, que no se mandan el respeto al público que se manda Ricardo para hacer un show. Es un paquete completo, sabes.

Detrás de ese odio hay mucha ignorancia, hay mucha envidia, hay mucho elitismo, hay mucho puritanismo, pero yo paso de todo eso. Yo hago lo que hago desde la humildad de lo que escribo. Yoel hace lo que hace desde la humildad de su guitarra. Juntos vamos en esta historia y Buena Fe es un proyecto que busca la buena fe ahí donde está, más que otra cosa. Y vuelvo a repetir, un gesto como el de este cantautor que, perfectamente lo que se está gastando en Gaby Moreno y Buena Fe, es la factura de combustible de su yate… Te lo digo así: un tipo que pudiera estar gastando su dinero en otra cosa y que decida tenderle la mano a gente que está haciendo una estética, que perfectamente si otro lo ve podría ser hasta su competencia… a mí me parece un gesto de desprendimiento monstruoso. Nunca voy a tener la lengua suficiente para decir: gracias. No tenemos otra cosa para Ricardo que palabras de agradecimiento. Nosotros conocemos cantautores que nos ven con la puntica de la mano, porque a nosotros nos tocó la época del reguetón, porque en cualquier época hubiésemos sido competitivos. Sin falsa humildad, esa es la verdad. Pero nos tocó la época del reguetón. A nosotros nos tienen que conocer esos bolsones, esos nichos del mercado, de gente con la sensibilidad y con la preparación suficiente para que entienda nuestra música y le parezca interesante. Cuánto me habría gustado a mí que Buena Fe estuviera en los ochenta.  Si Buena Fe estuviera en los ochenta, quizá tendríamos más campo, pero nos tocó esta época, esta durísima época donde esta canción ha pasado a ser el azúcar en el mercado internacional, un producto venido a menos, una estética venida a menos, una poética venida a menos. Lo mismo les pasa a los poetas, se han vuelto público de cenáculo, arte de cenáculo. Es lo mismo que le está pasando a la canción de autor, lo mismo que le está pasando al jazz. ¿Entonces por qué nos vamos a enojar porque el tipo es popular? No hay porque ponerse molesto. Hasta probablemente nosotros mismos hubiéramos tenido esos prejuicios hasta el día que nos enfrentamos a la realidad. Repito, que haya hecho eso a mí me parece maravilloso.

¿Cuál es la esencia de su último disco, “Sobreviviente” (2017)?

Yoel: El disco es así: son historias de sobrevivir. Cuenta todo lo que hemos sido todos estos años. Han sido muchos años de intentos, de luchas, de trabajar en función de estar unidos, de seguir haciendo canciones para nuestro público.  Ver cómo nuestro público ha crecido con nuestras canciones. Es eso. En un país como Cuba, donde además de Buena Fe hay muchos artistas que tienen calidad y ni siquiera han logrado llegar a cantar en la capital y sin embargo son grandes artistas. Eso también nos ha tocado, sobrevivir a todas esas dificultades.

Israel: Son 13 canciones de sobrevivientes. Son historias de sobrevivencia. Por eso se llama “Sobreviviente”. Y estamos muy contentos con ese disco.

En la canción “Alabanza” dicen: «Viva el danzón, viva el perreo». Resulta como una apertura de su parte, ¿no?

Israel: Brother, a mí me encanta cuando la gente está contenta. A mí no me gusta el reguetón soez. Pero hay reguetones que me gustan, que me parecen divertidos. Yo a veces, cuando veo a la gente bailando absolutamente liberada, absolutamente feliz: ¡Qué viva el puto perreo! Les libera los demonios del cuerpo y los pone a gozar. Nadie que esté bailando así, con ese nivel de felicidad, está poseído por un demonio. ¡Está angelical! Yo lo que creo es que estos géneros urbanos que nos han impuesto los mercaderes también nos están denunciando el nivel de pobreza espiritual en que están nuestros países. Porque las masas que sustentan al reguetón y son capaces de pagar lo que pagan por eso y que han movido a toda la industria en función de eso lo que nos están indicando es empobrecimiento. No te creas que es el mejor reguetón el que está pegando ni el mejor trap. Mientras más antivalores nos quieren meter por la cabeza, son los que mejor funcionan. ¿Quién tiene la culpa de eso? La culpa la tienen nuestras políticas fallidas que en vez de volver mejor a la gente la han vuelto peor. La han vuelto más egoísta, la han vuelto más sexista. Han exacerbado el machismo a niveles extraordinarios. Esa es la verdad. Si tú vas a ver a los creadores, esos no han hecho más que surfear. Vieron la ola y se lanzaron. A algunos les ha ido mejor que a otros. ¿Se les podría exigir mayor responsabilidad? Por supuesto. ¿Se les podría decir que lo que están haciendo no es bueno para el ser humano? Es cierto. Yo se los digo: No es bueno mi gente. Por ahí no es. Podrían hacerlo mejor.

Ahora, detrás de ese rechazo a los géneros urbanos también uno va descubriendo el rechazo al pobre, el rechazo a las expresiones populares que vienen con olor a las capas más pobres que ha preterido el propio sistema. Yo he conocido gente que cuando rechaza el reguetón lo que están rechazando es a esa gente de los barrios populares. Cuidao con eso. Esas son expresiones populares que a ti pueden no gustarte y lo entiendo, pero hay detrás de eso un elitismo excluyente. Yo creo que toda expresión genuinamente popular tiene que cuidarse de no convocar al facilismo, al encuérate, al desvalórate. Pero cuando una expresión popular se viste de valores hay que abrazarla. Ahí está Calle 13, que hizo mucho reguetón soez, pero encontraron el camino con un discurso muy productivo y hoy tienen canciones, dentro del género del reguetón, que son clásicos de América Latina. Vico C hizo reguetón con una dignidad tremenda, pero los mercaderes decidieron que en las radios sonara “La Gasolina”. Yo creo que se puede hacer algo mejor. Pero el mundo es como es, no como uno quisiera que fuera. Este tema está basado en un poema de Benedetti: “En defensa de la alegría”. Esta alabanza nos convoca a eso, a ser felices. ¡Qué viva todo lo que te hace feliz! Con el equilibrio correcto.

¿Qué tal fue la experiencia de colaborar por primera vez con Silvio Rodríguez?

Israel: Maravillosa. Yo en La Habana no tengo carro. Ando en bicicleta. El día que Silvio me mandó a buscar para que recogiera las pistas de su voz, yo hice un mp3 e iba escuchando en el camino el teléfono en bicicleta y hubo un momento en que tuve que bajarme, porque las piernas no me daban. No me creía que eso pasaba. Y cuando llegué al estudio y pusimos las pistas que nos dio Silvio, el ingeniero de sonido y yo escuchamos la grabación. Y cuando terminó, hubo un silencio y teníamos los ojos aguados. Era algo que estábamos convencidos que nos íbamos a llevar a la tumba. Porque uno tiene una dimensión de lo que es Silvio Rodríguez desde afuera, pero cuando tú logras hacer una colaboración con Silvio en una canción como “La Tempestad”… Vamos a ser claros: no buscamos a Silvio por los likes, llegamos a Silvio porque la canción pedía que fuera Silvio Rodríguez. No existe en Cuba un artista con el capital poético —con perdón de los grandes que tenemos— para cantar una canción como esta. Entonces yo quería que fuera Silvio. Desde que compuse la canción, dije: «esta canción es para Silvio Rodríguez». Cuando terminamos la canción no estábamos conmovidos porque fuese la figura de Silvio o pensando en lo que nos iba a reportar. De hecho: ¿qué nos ha reportado? Nos ha reportado que la canción camine, que es lo que importa. Pero cuando vimos lo que pasó ahí y la organicidad con que se oía eso estábamos realmente muy conmovidos, porque lo que le queríamos decir a la gente estaba clarísimo. Era como que mi generación y la generación de mis padres les estábamos diciendo a nuestros hijos: haz que se parezca a ti la tempestad. O sea, este mundo que viene en el que las nuevas soluciones no van a ser necesariamente aprendidas en un manual de viejo estante, o que van a ser problemas nuevos, si te parecen difíciles, haz que se parezca a ti la tempestad. No te sigas quejando, sal a cambiarla. A mí me pareció eso tremendo y fue una de las grandes colaboraciones, de las que estamos muy orgullosos.

Lo común para hacer ruido al salir de Cuba es o declararse opositor del Estado o aliado. Cualquiera de estas opciones garantiza un público y medios de comunicación de entrada…

Israel: Je, je. Cierto.

…pero parece que en su caso ustedes han optado por una posición distinta: crítica de ambos lados. ¿Es así?

Israel: Hay una canción que hicimos para definir eso. La canción se llama “Libre”. Y dice: «Libre como el pensamiento impredecible». Es el objetivo. Si no tan libre, lo menos manipulable posible. O sea, nosotros para las posiciones que quieren doblegar a mi país, que quieren negar su heroicidad, que quieren negar su capacidad de resistencia, que quieren mutilar su capacidad de soñar, que quieren destruir lo que le ha costado a nuestros padres construir a pesar de todo, los que quieren un enfoque ahistórico de la relación de Cuba con los Estados Unidos, los que pretenden el lado del dinero y no del sueño de lo que podemos lograr como nación, para esos tenemos una absoluta repuesta que es: Denegación rotunda. Nuestro compromiso es martiano a full. Cuba primero, Cuba por encima de todo. Cuba, pétalo de la gran nación latinoamericana. Punto. Eso no quiere discusión.

Con respeto a nuestro país, tenemos una posición sumamente crítica. Porque solo se ama lo que es capaz de criticarse. Nuestra crítica siempre va a ser de buena fe. Nuestra crítica nunca va a ser para destruir. ¿En nuestro país hay corrupción? Claro que hay corrupción. ¿Que hay mierda? Claro que hay mierda. ¿Que hay cosas que están mal? Coño, cómo no van a estar mal, como están mal los propios Estados Unidos, como está mal el mundo entero. Tú no puedes cerrar los ojos. No sé por qué siempre nos han querido vender de que la gente tiene que ser un apologista de una o de otra posición. No está bien. Lo que está mal en mi país tiene que saber que me va a encontrar como un profundo crítico, como un enemigo de su tendencia que nos hace mal, porque nos hace mal a todos. Y si me encuentro a alguien más, dentro de mi país, que pretende usarnos a nosotros de bandera para alzar una manera de pensar que va a terminar haciendo al país menos democrático, menos participativo, menos socialista, que no me coja pa’ eso. Nosotros tenemos eso en el país, y tenemos dirigentes que no están bien preparados. Los muchachos muchas veces se van del país. ¿Tú crees que estoy de acuerdo con eso? No. ¡Debemos rebelarnos contra eso! Estás obligado, porque tú eres un artista, eres un nervio social. Tienes que cantar lo que está pasando a la gente en la calle, en el campo. No puedo estar contento que nuestro país haga tantos ajustes y no acabe de resolver los problemas estructurales que tiene en la agricultura, en la economía, en el tema de la doble moneda. Yo no puedo estar de acuerdo con eso, porque no soy creíble para con mis hijos. Mi bronca está en cómo soy creíble con el chama mío que tiene 17 años. Si yo le digo que soy revolucionario tiene que verme fajado. Si no ve en eso va a decir: «Usted lo que vive es de la revolución en el pecho, para vivir de ella». Eso es lo que él va a creer, lo que él va a sentir y yo no quiero eso. Esa es una postura. Otra postura es ser militante y radical y otra postura es dejar que cuando salgas de Cuba te mangoneen el país y permitir que te lo tiren a la mierda, que te irrespeten el esfuerzo que hacemos todos los días por sobrevivir. Porque ese país hace un esfuerzo tremendo para que los chamaquitos no estén en la calle, un esfuerzo tremendo porque los hospitales no cierren. Eso no ha caído del cielo, no ha caído de la nada. Eso cayó del esfuerzo de mi mamá, de la mamá de este (Yoel), de generaciones enteras que se quemaron como carbón por un país que no fue, para lo malo y para lo bueno. Yo quería que fuera para lo bueno, Suiza. No fue Suiza pero tampoco es Haití, tampoco es Guatemala. Nosotros no tenemos a la Mara Salvatrucha. Vamos a mirar el mundo como es. Este camino es más doloroso porque es más inubicable en un mundo donde si no tienes una etiqueta no existes, no encajas, pero ese es el camino más honesto.

Esta es la tercera ocasión que visitan El Salvador. ¿Cómo ven a sus seguidores salvadoreños y qué pueden esperar ellos de este próximo concierto?

Yoel: La experiencia que hemos tenido ha sido maravillosa y queremos agradecerle a Carlos (Pacheco) y a toda la gente de La Cayetana, que han estado todo el tiempo en las veces que hemos podido venir. El público sigue nuestras canciones, sigue nuestros discos y nos encanta. Nos gusta sentirnos en familia. Nos sentimos en familia cuando hacemos conciertos en El Salvador.

Israel: Este sábado el concierto será bien emocional. Este es el último que vamos a hacer en esta estadía en Centroamérica, o sea, venimos ensayaditos, venimos con todo bien engrasado, con un repertorio muy directo, muy en función de emocionar a la gente. Vamos a hacer las canciones que mejor se prestan en esta onda trovadoresca porque venimos con una guitarra y dos voces. Espero que la gente haga el viaje que le estamos proponiendo.  Pretendemos que sea eso, que sea un viaje.


  • Buena Fe se presentará en concierto este próximo sábado 27 de enero en el Teatro Nacional de San Salvador, a las 5:00 de la tarde. Para más información, visita este enlace.
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