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Batirse en retirada: 10% de oficiales han abandonado la FAES

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136 oficiales, desde subtenientes hasta coroneles, abandonaron la Fuerza Armada en los √ļltimos cinco a√Īos; esto es equivalente a dos promociones de cadetes de las que la Escuela Militar grad√ļa cada a√Īo y a cerca del 10% del total de oficiales de alta. Factum convers√≥ con oficiales que ya dejaron las filas castrenses y con otros que a√ļn est√°n de alta pero ya decidieron salirse. La inseguridad, los bajos salarios y la inconformidad con quienes dirigen la instituci√≥n est√°n entre los motivos de retirada.

Foto FACTUM/Archivo


Luis tiene miedo. Est√° preocupado. La incertidumbre lo ronda desde que la pandilla Barrio 18 Revolucionarios exigi√≥ a sus suegros que entregaran 6,000 d√≥lares a cambio de no hacerles da√Īo. Una ma√Īana de 2016, los ancianos encontraron un papel en el patio de su casa, en una colonia de Apopa, al norte de San Salvador. Los pandilleros, dec√≠a el manuscrito, ya sab√≠an que el ni√Īo que la pareja cuidaba era hijo de un militar: Luis es un oficial de la Fuerza Armada de El Salvador.

– ‚Äú¬ŅY de d√≥nde √≠bamos a sacar ese dinero?‚ÄĚ, se pregunta el militar, quien gana poco m√°s de mil d√≥lares mensuales antes de los descuentos de ley. Luis, quien es miembro de una unidad especial, pide reserva de su nombre, grado y otros datos; teme, entre otras cosas, represalias de sus superiores por las cosas que tiene que decir.

Luis, que ha estado de alta 16 de sus 36 a√Īos, es padre de un ni√Īo de 6 y est√° casado. Hoy teme por √©l su familia; teme ser asesinado por trabajar en una instituci√≥n que le paga un salario que no compensa, seg√ļn dice, el riesgo de morir a manos de pandilleros.

Desde que las amenazas empezaron, Luis piensa muy en serio en la opción de batirse en retirada.

Datos proporcionados por la oficina de Informaci√≥n y Respuesta del Ministerio de la Defensa revelan que en los √ļltimos a√Īos ha habido una desbandada importante de oficiales superiores (con grados de mayor, teniente coronel y coronel) y de oficiales subalternos (subtenientes, tenientes y capitanes).

Los datos de Defensa indican que, entre 2012 y 2016, 114 oficiales, entre subtenientes y coroneles, solicitaron retirarse de la Fuerza Armada. De esa cantidad, 37 son oficiales superiores. Otros 22 desertaron.

De acuerdo a un oficial de alta consultado por Factum, en el Ej√©rcito hay unos 1,300 oficiales de alta, lo que significar√≠a que la cifra de deserciones en los √ļltimos cinco a√Īos ronda el 10%.

Otro dato que habla sobre la retirada de oficiales de la Fuerza Armada son los 16 tenientes que desertaron –no pidieron la baja, sino que se fueron sin m√°s tr√°mite– entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2016.

Algunos de quienes abandonan el Ej√©rcito se van porque tienen que permanecer en la instituci√≥n con un grado y un sueldo que no da para mucho, por lo que optan por alternativas que ofrecen mejores condiciones. Una muy popular, de acuerdo a oficiales consultados para este reportaje, es viajar a los Emiratos √Ārabes Unidos a trabajar como agentes de seguridad privada con alguna empresa contratista de compa√Ī√≠as petroleras.

Otros oficiales se han ido porque no han querido seguir bajo el mando de un ministro de Defensa al que cuestionan su grado de general -el ex presidente Mauricio Funes otorgó ese grado a David Munguía Payés; gobiernos anteriores de ARENA le habían negado el ascenso. Y hay quienes no toleran servir bajo las órdenes de un comandante en jefe que fue comandante de la guerrilla del FMLN.

Y los hay, como Luis, quienes se van huyendo de la violencia, de las pandillas.

Para conjurar el peligro contra sus suegros, Luis optó por sacarlos de la colonia en que vivían en Apopa. Pero eso no fue suficiente. Hace unas semanas, Luis recibió dos llamadas telefónicas; le dijeron que lo habían visto uniformado, que ya sabían que es militar.

Luis vive en una colonia de un municipio al oriente de San Salvador, donde manda la pandilla Barrio 18 sure√Īos. En esa colonia, hace un par de a√Īos, un grupo de pandilleros rode√≥ la casa de un capit√°n que por esos d√≠as estaba asignado al Comando de Fuerzas Especiales del Ej√©rcito. El oficial tuvo que llegar con una secci√≥n de soldados y dos carros blindados a sacar a su familia.

Las dos llamadas han acrecentado los temores de Luis y de su esposa. Pero, por ahora, es poco lo que pueden hacer: no tienen posibilidades de mudarse de casa. En todos lados est√° igual, dice Luis. Adem√°s, las finanzas no le dan para pagar el alquiler de una casa en una residencial privada en Santa Elena, Antiguo Cuscatl√°n, de las que hay sobre la carretera al puerto La Libertad, o, para el caso, en cualquiera de las residenciales de clase media alta de San Salvador, donde el acecho de las pandillas es casi inexistente.

La √ļnica opci√≥n m√°s real que Luis ve es solicitar la baja; batirse en retirada, como cuando un jefe militar sabe que la batalla est√° perdida y es mejor salvar su vida y la de la tropa‚Ķ O, en √ļltima instancia, cometer el delito militar de abandono de servicio, que en palabras sencillas significa desertar. La deserci√≥n es un delito militar que se castiga hasta con c√°rcel. Sin embargo, de los 22 oficiales que desertaron en 2016 no hay ninguno preso.

El 9 de febrero, Factum solicit√≥ al jefe del Centro de Comunicaciones y Protocolo de la Fuerza Armada, coronel Jos√© V√≠ctor G√≥mez Gonz√°lez, una entrevista con el ministro de Defensa para conocer la versi√≥n de la Fuerza Armada respecto de la cantidad de oficiales que en los √ļltimos a√Īos han abandonado esa instituci√≥n; pero al cierre de este reportaje, el jefe militar no hab√≠a respondido la solicitud.

Decenas de peque√Īas banderas de El Salvador son llevadas por soldados del Comando de Transmisiones de la Fuerza Armada, durante el desfile militar.
Foto FACTUM/Salvador Meléndez

Del cuartel hacia el Norte

Su grado militar y los cargos que ha desempe√Īado han ayudado a Luis a obtener la visa estadounidense por varios a√Īos. Su esposa y su hijo tambi√©n la tienen. Esos documentos son parte importante de los planes que la familia est√° a punto de ejecutar. Piensan ir a Canad√° a buscar refugio.

No ha sido raro para Luis, debido a su rango, quedar a cargo durante los fines de semana de todo un cuartel o, cuando menos, estar al mando permanente y directo de unos cien elementos de batallones en brigadas y destacamentos. El oficial sabe que en Canad√° tendr√° que olvidarse de tener personal bajo su mando y de los privilegios que en El Salvador le da su grado militar. Se ha hecho a la idea de que ir√° a trabajar de lo que sea con tal de cambiar la situaci√≥n de peligro por la que en este momento est√° atravesando junto a su familia. Como cientos de miles de salvadore√Īos.

Canad√° no es un destino antojadizo. All√° hay varios oficiales a los que Luis conoce; algunos fueron sus compa√Īeros de promoci√≥n en la Escuela Militar. Ellos y otros, mayores que √©l, son una especie de avanzadilla, para usar la jerga militar; son ellos quienes le han sugerido que se vaya. Esos ex compa√Īeros le han asegurado que, en el Norte, la vida le cambiar√°.

– ‚ÄúVenite, yo vivo en Montreal y aqu√≠ te echo la mano‚ÄĚ, le ha dicho Jos√© Hern√°ndez, un capit√°n que se fue a Estados Unidos con su esposa e hijos; cruz√≥ la frontera de Estados Unidos con Canad√° y, una vez en suelo canadiense, pidi√≥ refugio bajo el argumento de sentirse amenazado por pandillas.

El capit√°n Hern√°ndez ahora tiene estatus de refugiado en Canad√°. En su cuenta de Facebook publica con aparente j√ļbilo fotos de su nueva vida y de su nuevo empleo. All√° ha nacido el √ļltimo de sus hijos. Cuando Hern√°ndez pidi√≥ refugio, en El Salvador incluso se reportaron ataques de pandillas a las residencias privadas de militares.

El problema entre militares y pandilleros arreci√≥ a finales del 2009, cuando el entonces presidente de El Salvador, Mauricio Funes, orden√≥ sacar de los cuarteles a los militares para que apoyaran a la Polic√≠a Nacional Civil en tareas de seguridad p√ļblica. El 9 de septiembre de 2010, Funes ratific√≥ la Ley de Proscripci√≥n de Pandillas luego de que estos grupos ordenaran un paro al transporte p√ļblico que se hizo sentir con mucha fuerza a nivel nacional.

Semanas después de aquel paro, mediante una prórroga al Decreto Ejecutivo No. 60, el mandatario dio mayores responsabilidades a los militares, como el control de los centros penales debido a la corrupción que había entre los custodios penitenciarios que dejaban ingresar armas, drogas y teléfonos celulares.

Las pandillas comenzaron a ver a los militares como objetivos. Desde finales de 2010, durante todo el 2011 y principios del 2012, las pandillas asesinaron a varios mientras estaban de licencia. Una cifra: entre diciembre de 2010 y el 15 de febrero de 2011, ocho militares fueron asesinados por miembros de pandillas.

La zona norponiente del departamento de La Libertad fue una de las m√°s afectadas por estas vendettas. El 12 de febrero de 2011, por ejemplo, fue asesinado el sargento mayor Fidel √Āngel Molina Zavala en el cant√≥n Valle Nuevo, en San Juan Opico.

En diciembre de 2011 el soldado √Člder Arcadio Bautista Valenzuela fue privado de libertad cuando iba como pasajero de un microb√ļs de la ruta 109. Iba para su casa, a pasar un fin de semana de licencia. Bautista Valenzuela fue asesinado con mucha crueldad: antes de que muriera, uno de los asesinos le quitaba pedazos de piel para darle de comer a su perra, un animal de la raza pitbull. As√≠ lo cont√≥ un pandillero que decidi√≥ colaborar con las autoridades, seg√ļn consta en el proceso judicial tras el cual varios miembros de la Mara Salvatrucha (MS-13) de la clica Cinco Cedros Locos Salvatruchas, del cant√≥n Ateos, La Libertad, fueron condenados por ese crimen y por los asesinatos del motorista y cobrador del microb√ļs donde privaron de libertad al soldado.

A mediados del 2012, el capit√°n Hern√°ndez, quien trabaja en Canad√° en una compa√Ī√≠a petrolera, recibi√≥ una amenaza de la MS13, que hab√≠a estado asesinando a militares en la zona norponiente de La Libertad. La amenaza vino de un pandillero conocido: ‚ÄúPor ah√≠ vemos a tu familia bien seguido‚ÄĚ, fue parte de la advertencia.

Despu√©s de eso, Hern√°ndez no lo pens√≥ mucho. Dijo al Ej√©rcito que le hab√≠a salido la residencia en Estados Unidos -algo que no era cierto- y solicit√≥ la baja. El oficial abandon√≥ su carrera militar tras m√°s de 20 a√Īos de servicio para buscar otra vida, alejada de la violencia. En octubre de 2012 le aceptaron la solicitud de baja. En noviembre ya estaba en Canad√°.

Luis, por su parte, ya lo tiene decidido: en los pr√≥ximos d√≠as presentar√° su renuncia. Atr√°s dejar√° una carrera que comenz√≥ hace unos 20 a√Īos. Fueron cuatro a√Īos de estudio (ahora son cinco) para graduarse como subteniente y comenzar a ganar un sueldo de poco menos de mil d√≥lares. Una de las ventajas para estos cadetes es que al graduarse como subtenientes tienen un trabajo seguro, a diferencia de otros graduados universitarios. Pero hoy esa seguridad laboral suena a poco ante la zozobra que produce el miedo de saber amenazada a la familia.

Batirse en retirada

El capit√°n Hern√°ndez es hoy uno m√°s en la lista de oficiales de la Fuerza Armada que entre el 2012 y el 2016 abandonaron su carrera militar por diversas razones, entre las que destacan tres de acuerdo a oficiales de alta y retirados consultados por Factum: por seguridad, por descontento con el alto mando y porque los salario no les alcanza.

Para ilustrar la dimensión del problema, el capitán Hernández prefiere hacer la cuenta de cuántos han quedado. En su aritmética, de un grupo de 50 cadetes que se graduaron con él como subtenientes solo quedan 23; del resto, dos fueron asesinados, uno está preso en Estados Unidos (el capitán Héctor Antonio Martínez Guillén, por tráfico de armas, explosivos y drogas, entre otros delitos) y los otros 24 han solicitado la baja. Es decir, la mitad de una sola promoción de oficiales ya abandonó la Fuerza Armada.

De los 114 oficiales que seg√ļn Defensa solicitaron retirarse entre 2012 y 2016, 37 son mayores, tenientes coroneles o coroneles, rangos superiores en el argot militar (quienes los ostentan son llamados oficiales jefes). En este nivel parece que las motivaciones no tienen tanto que ver con la seguridad sino con el descontento respecto al mando. Y el disgusto en algunos es tal que han dejado la carrera a poco de alcanzar las metas m√°ximas de posici√≥n o rango.

– ‚ÄúMi argumento fue por alcanzar mi per√≠odo m√≠nimo de pensi√≥n, pero en realidad ya no quer√≠a estar de alta por no servirle a los sinverg√ľenzas del gobierno y el ministro de Defensa‚ÄĚ. As√≠ respondi√≥ el teniente coronel Manuel Mart√≠nez al preguntarle por qu√© se retir√≥ de la Fuerza Armada cuando le faltaban pocos a√Īos para alcanzar el grado de coronel y, ya con √©l, retirarse con una pensi√≥n del cien por ciento. En 2014, este oficial ten√≠a 26 a√Īos y medio de servicio; al solicitar la baja, la pensi√≥n por retiro le qued√≥ en un 84 por ciento, seg√ļn la tabla de pensiones del Instituto de Previsi√≥n Social de la Fuerza Armada (Ipsfa).

Mart√≠nez era uno de los √ļltimos oficiales de alta en la Fuerza Armada que lucharon durante el conflicto armado en el que la guerrilla del Frente Farabundo Mart√≠ para la Liberaci√≥n Nacional, ahora convertido en el partido FMLN, era el enemigo a destruir, a aniquilar.

De acuerdo con registros de la FAES, entre 2013 y 2015 cinco coroneles solicitaron su retiro; entre el 2012 y 2015, a 12 tenientes coroneles se les resolvieron a favor de solicitudes similares; uno de éstos fue Martínez. Y entre el 2012 y 2016 fueron veinte los oficiales con grado de mayor que abandonaron la institución armada.

¬ŅQu√© est√° pasando para que 37 oficiales superiores se hayan retirado de la Fuerza Armada antes de cumplir su tiempo de servicio?

Una vez que un oficial con grado de mayor aprueba el curso de Diplomado de Estado Mayor (DEM) solo le queda esperar el tiempo de servicio con su grado para ir ascendiendo. De teniente coronel deben esperar seis a√Īos para que les den el grado de coronel. Quienes alcanzan el rango de mayor deben esperar siete a√Īos para ascender a teniente coronel. Son siete a√Īos que deben permanecer ganando mil 500 d√≥lares menos los descuentos.

– ‚Äú¬ŅY usted no aspiraba a ponerse la otra estrella?‚ÄĚ, la de coronel. La pregunta est√° dirigida a Mart√≠nez.

– ‚ÄúPosiblemente, pero mi orgullo, honor y dignidad de militar es m√°s grande que esa aspiraci√≥n, porque el enemigo sigue siendo enemigo aunque duerma con uno‚ÄĚ, responde. Y sigue: ‚ÄúLa mayor√≠a de los que nos retiramos es porque no estamos de acuerdo con las nuevas pol√≠ticas, tanto del ministro (de Defensa, David Victoriano Mungu√≠a Pay√©s) como del gobierno. Y si no, mir√° c√≥mo nos tienen con las pensiones‚ÄĚ. La alusi√≥n de Mart√≠nez es a la precaria situaci√≥n financiera del Ipsfa.

Otro jefe militar entrevistado expone razones similares a las del teniente coronel Mart√≠nez cuando explica por qu√© solicit√≥ la baja en el 2015 (se la concedieron el 31 de diciembre de ese a√Īo). Se trata del coronel Jos√© Antonio Castillo Ortiz, un hombre alto, fortach√≥n, pelo recio, piel morena y ojos claros.

En noviembre del a√Īo anterior, Castillo Ortiz cumpli√≥ los 50 a√Īos y de un plumazo en un papel borr√≥ sus aspiraciones de comandar una unidad militar.

– ‚ÄúMe encontraba en el punto m√°ximo de mi carrera, que es el punto en el cual un oficial puede ser elegido para comandar una unidad militar, y que es la aspiraci√≥n m√°xima de un militar‚ÄĚ, explica.

Pero Castillo opt√≥ por retirarse con 29 a√Īos de servicio, aunque por un a√Īo, mientras cumpl√≠a los 50, no recibir√≠a la pensi√≥n que el Ipsfa estaba obligado a darle.

‚ÄúEn ese per√≠odo (cuando era elegible para comandar una brigada) yo hice una valoraci√≥n de tipo personal. El recto honor militar no me permit√≠a estar al mando de una unidad militar y tener como comandante general de la Fuerza Armada de El Salvador a una persona que no cumpl√≠a con los requisitos que el honor militar le exige a los ciudadanos militares‚ÄĚ.

Al preguntarle a qu√© se refiere cuando dice que el presidente Salvador S√°nchez Cer√©n no cumple con los requisitos para ser el comandante en jefe de las Fuerza Armadas, Castillo Ortiz hace referencia a se√Īalamientos de violaciones a los derechos humanos que pesan contra el ex comandante guerrillero. El ex oficial, no obstante, habla en general de la comandancia del FMLN, a la que se atribuyen ejecuciones sumarias cometidas durante la guerra; S√°nchez Cer√©n era parte de esa c√ļpula.

Uno de los documentos que el coronel Castillo cita en su argumento contra el presidente Sánchez Cerén es el informe de la Comisión de la Verdad de Naciones Unidas, publicado el 15 de marzo de 1993 y el cual detalla la autoría de crímenes de guerra y atrocidades cometidas por ambas partes en el conflicto armado que protagonizaron la Fuerza Armada de la que habla con nostalgia este militar y la guerrilla de la que el actual presidente fue comandante. En ese informe 9 de cada 10 crímenes fueron atribuidos al Ejército.

Hoy, Castillo habla con nostalgia pero sin tapujos de su carrera en esa Fuerza Armada, de lo que está dejando atrás. Pero insiste en que prefirió solicitar la baja antes que seguir siendo subalterno del actual comandante en jefe. Esa convicción, dice el militar, fue más fuerte que la certeza de que de haber seguido activo hubiese llegado a estar al frente de una guarnición militar.

“Un verdadero soldado jam√°s se ir√° por estar insatisfecho con la instituci√≥n. Tampoco puedo decir que estaba insatisfecho con el mando. Lo que puedo decir es que mis convicciones y mis principios estaban por encima de mis m√°s grandes deseos. Mi familia siempre apoy√≥ mis decisiones. En mi caso, podr√≠a haber continuado dos o tres a√Īos; era coronel de segundo a√Īo cuando me retir√©. Pr√°cticamente lo que me faltaba era concluir mi carrera como comandante”, dice.

Soldados del ejercito de El Salvador, permanecen alerta en una instalaci√≥n militar improvisada en el interior del pa√≠s. ¬†10% de los oficiales de la Fuerza Armada han desertado en los √ļltimos a√Īos seg√ļn c√°lculos de Factum realizados con base en datos proporcionados por esa instituci√≥n.
Foto FACTUM/Salvador MELENDEZ

La moral de la tropa

No son solo las convicciones, son también los salarios.

‚ÄúHay un problema muy grave de moral en las filas de la FAES; por muy largo tiempo no ha habido un incremento salarial significativo tanto para los oficiales de todo nivel como para la tropa‚ÄĚ. As√≠ explica Castillo los altos n√ļmeros de oficiales que en los √ļltimos a√Īos han optado por retirarse de la Fuerza Armada.

Castillo y otros oficiales entrevistados para este reportaje hablan tambi√©n de la inconformidad por m√ļltiples descuentos salariales.

Hernández, el capitán que pidió refugio en Canadá, dice que a él, con todos los descuentos, el sueldo líquido que le entregaba apenas rozaba los mil dólares. Su salario nominal era de mil 322 dólares.

El coronel Castillo explica los descuentos fijos que le hacen a todos los oficiales. Un 10.5 por ciento es para el Ipsfa; les descuentan el 4 por ciento para el Hospital Militar; y entre ocho y 12 dólares para un seguro médico que es obligatorio para cubrir gastos o tratamientos médicos que el hospital no puede proporcionar. Luego menciona el 2 por ciento como renta que va a dar a las arcas del Ministerio de Hacienda, 20 dólares como membresía del Círculo Militar, 10 dólares como membresía de la cooperativa de la Fuerza Armada y 50 dólares de alimentación.

Este a√Īo, a partir de enero, se agreg√≥ otro descuento seg√ļn consta en un memorando firmado por el actual jefe del Estado Mayor del Ej√©rcito, el reci√©n ascendido a general de brigada Guillermo Adolfo Herrador Pe√Īa. En el mensaje, c√≥digo G3C-220, No. 032 E-1/Moral, se ordena que cualquier miembro¬†de la Fuerza Armada, sea oficial, tropa, administrativo o de banda de m√ļsica, que tenga veh√≠culo automotor (autom√≥vil o motocicleta) deber√° adquirir un seguro m√©dico de riesgos nombrados.

Todos los oficiales, adem√°s, pagan un porcentaje de su salario para tener derecho a los servicios m√©dicos del Hospital Militar, y pagan un seguro m√©dico cuyas cuotas oscilan entre los ocho y 12 d√≥lares, dependiendo lo que cubra la p√≥liza. Hoy pagan el seguro de riesgos nombrados. Es decir, desde enero de este a√Īo, tienen tres seguros m√©dico-hospitalarios.

El coronel Castillo, quien forma¬†parte de un grupo de salvadore√Īos que pretende formar el partido Poder Ciudadano, no cree que la mayor√≠a de oficiales que han pedido la baja o que han desertado lo hayan hecho por haber sido amenazados por pandillas.

El hecho de que algunos oficiales hayan optado por buscar suerte en Dub√°i, en los Emiratos √Ārabes Unidos, refleja que el econ√≥mico ha sido un motivo importante de abandono seg√ļn el razonamiento de este coronel. “No creo que los aspectos de seguridad sean las razones por las cuales el oficial est√© abandonando la carrera”, afirma.

“Las¬†perspectivas de la vida cambian y, la verdad, uno se da cuenta en las unidades (a las que son asignados al graduarse), de que todo lo que le ense√Īan en la Escuela (Militar) es mentira”, dice¬†un teniente que reci√©n solicit√≥ la baja para dedicarse a la ganader√≠a y a quien solo se identificar√° como Portillo.

A Portillo, a Luis,¬†el oficial que pronto pedir√° la baja, y al capit√°n Hern√°ndez, que vive en Canad√°, la dificultad para ascender de grado y el valor real de salarios que han estado congelados desde hace al menos nueve a√Īos ¬†terminaron por motivarlos a salir de la Fuerza Armada.

Seg√ļn la Ley de la Carrera Militar, un subteniente debe pasar cinco a√Īos con ese grado; los tenientes y capitanes, seis. Los que m√°s afectados resultan son los mayores, pues deben permanecer siete a√Īos con ese rango. Los tenientes coroneles y coroneles pasan con esa categor√≠a igual tiempo que los tenientes y capitanes. Lo anterior equivale a decir, seg√ļn Luis, que un mayor pasar√° siete a√Īos ganando un mismo salario: aproximadamente mil 500 d√≥lares, s√≥lo 188 d√≥lares m√°s que un capit√°n, quien tiene un salario de mil 322 d√≥lares.

Para los oficiales subalternos, la diferencia de sueldos parece ser de poco menos de 200 dólares. Un teniente gana mil 70 y el subteniente, 900 dólares. Esas son cifras que da Luis, quien está en la categoría de oficial subalterno. A esas cantidades habrá que restarles todos los descuentos enumerados anteriormente por el coronel Castillo.

De acuerdo con Luis, la √ļltima nivelaci√≥n salarial que hubo para los oficiales fue hace nueve a√Īos. Cuando el general Mungu√≠a Pay√©s fue nombrado ministro de Defensa, les aumentaron 50 d√≥lares a todos.

Dub√°i, la √ļltima trinchera

“Me llama mucho la atenci√≥n el caso de los oficiales subalternos. 99 es una cifra muy alta. Son oficiales que est√°n a la mediana edad y que tienen todas las expectativas de coronar su carrera de forma sobresaliente”, dice el coronel Castillo al hablar de¬†los 77 militares con rangos menores que pidieron la baja¬†y de los 22 desertores. ¬†‚ÄúAlguien deber√≠a estar poniendo atenci√≥n a un problema de moral muy significativo‚ÄĚ, reitera.

Lo m√°s grave, dice, es que oficiales est√©n desertando en un per√≠odo de paz. ‚ÄúEs preocupante y anormal porque eso quiere decir que hay un problema de moral muy grande‚ÄĚ.

Seg√ļn datos de la Oficina de Informaci√≥n y Respuesta del Ministerio de Defensa, del 1 de enero al 31 de diciembre de 2016, cinco capitanes, 16 tenientes y un subteniente cometieron abandono de servicio, lo que equivale a decir, simple y llanamente, que desertaron. Se fueron sin hacer ning√ļn tr√°mite: no regresaron a las unidades que estaban asignados.

Portillo, ahora convertido en ganadero, es uno de los 99 oficiales subalternos (subtenientes, tenientes y capitanes) que entre el 2012 y 2016 abandonaron las filas de la Fuerza Armada. En esa cantidad destacan los capitanes. Son 56 los que se han ido de baja por solicitarla o desertados. Le siguen los tenientes, con 34, de los cuales 16 desertaron durante el 2016. Y de los nueve sub-tenientes, ocho la solicitaron y uno desertó.

Tanto Portillo como Luis, el oficial que planea ir a refugiarse a Canadá, creen también que los problemas económicos están catapultando a oficiales jóvenes a buscar sus propias soluciones.
Luis también conoce algunos casos de oficiales jóvenes, con grados de capitanes, se han ido para Dubái.

Habla de un capit√°n de quien solo da un nombre, Fabricio, quien es uno de los hace poco tiempo se replegaron a lo que consideraron su √ļltima trinchera para defenderse de sus problemas econ√≥micos: uno de los emiratos¬†donde un teniente o un capit√°n subcontratado por una empresa de seguridad gana, por mes, tres o cuatro veces m√°s de lo que aqu√≠ pasar√≠an ganando durante seis a√Īos.

En ese punto, el coronel Castillo considera que la fuga de todo ese recurso humano es una p√©rdida, un gasto para el Estado Salvadore√Īo.

‚ÄúEl cadete desde que ingresa a la Escuela Militar se convierte en un becario del Estado. Es el Estado el que asume los gastos de formaci√≥n. Imag√≠nese lo que significa estar manteniendo a un cadete, darle alimentaci√≥n, mantenerlo con salud, desarrollarlo, pagar toda su formaci√≥n acad√©mica durante 5 a√Īos. ¬°Debe ser un gasto grande, un costo muy alto! Se est√° perdiendo recurso humano y eso es una p√©rdida para el Estado‚ÄĚ, concluye.

 

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