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Barú: “¿Por qué en un concierto de rock no podés echarte tu bailadita?”

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Barú es una banda de rock salvadoreña adepta a la experimentación y ajena a las etiquetas, una banda poco convencional que apuesta no solo por generar conexión con sus canciones, sino también por el arte escénico, el mismo que destaca como ingrediente peculiar en sus conciertos. El próximo sábado 5 de mayo se presentará en El Salvador Metal Fest 2018, a celebrarse en “La Cuna” del estadio Jorge “Mágico” González.

Fotos y video FACTUM/Gerson Nájera


Por muchos años un icónico de la vida nocturna en San Salvador fue José Ricardo Barahona, mejor conocido como el mago Barú. Él contaba que se dedicaba a la magia desde hacía 50 años. También decía que estudió la magia en la Sociedad Hermandad Internacional de Magos, en San Francisco, California, Estados Unidos. Siempre vestía viejos atuendos y turbante y hacía actos de magia y malabares donde le apetecía. Barú, el mago, murió en 2009.

Barú, la banda, nació en 2014. Sus fundadores son Manuel Molina y Juan Carlos Osegueda. Inicialmente pensaron en tocar los dos acompañados solo por secuencias, pero terminaron construyendo una banda de seis músicos. Juntos afirman retomar la herencia mágica y enigmática del mago, además de su nombre, para crear música que apuesta también por el espectáculo.

Actualmente Barú está integrado por Guillermo Velásquez (batería), Fidel Velásquez (guitarra/teclado),  Óscar Alfaro (xilófono/guitarra/melódica), Manuel Molina (bajo), Juan Carlos Osegueda (guitarra/voz) y Rebeca Alvarenga (sintetizadores/ voz). Cuentan con un EP y esperan liberar su primer LP este año.

Tienen como base el rock, pero permiten que las heterodoxas influencias musicales de cada miembro permeen sus composiciones.

Revista Factum habló con Manuel, Juan Carlos y Rebeca sobre la banda, sus canciones y sus planes.


¿A qué inquietud artística responde la creación de Barú?

Juan Carlos Osegueda (JCO): Esencialmente, a la música. La primera inquietud que nos mueve es la música, pero se suman otras inquietudes, como el show escenográfico, los colores o el circo, principalmente, que lo admiramos todos los de la banda. Intentamos fusionar esas distintas artes.

¿La prioridad para ustedes es la música, la estética o el espectáculo?   

Manuel Molina (MM): Se juntan para lograr un solo fin. La música, la estética, el espectáculo son, al final, las tres herramientas con las que trabaja Barú y con las que entrega al final el producto que se puede ver en un escenario.

JCO: Si hablás solo de los discos, que solo los podés escuchar, ahí es donde la música es lo principal. Pero al tocar en vivo, se nos pone al mismo nivel de prioridad tener algo que mostrar, además de salir a tocar.

De izquierda a derecha: Manuel Molina, Rebeca Alvarenga y Juan Carlos Osegueda.
Foto FACTUM/Gerson Nájera.

 La mayoría de sus canciones tienen temática social. ¿Para ustedes el arte debe hablar de lo que ocurre en la sociedad?

Rebeca Alvarenga (RA): Como artista, querés comunicar algo hacia la gente, enviar un mensaje. Esa es la principal función, para mí y para nosotros en general, del arte. Comunicar. Pero no solamente queremos hablar o escupir lo que la sociedad nos dice o nos hace sentir, o nuestra realidad o la realidad de todos los que nos rodean; también queremos hablar de nuestros sentimientos, de cómo la pasamos, de que no solo es un cagadal, sino que el país a pesar de… tiene estas otras cosas buenas. También hablamos mucho acerca del mago (Barú), quien nos inspiró, que es una representación de la vida urbana donde todos nosotros crecimos. Entonces mezclamos todo para poder comunicar y decir algo y hablar de nosotros.

MM: Agregar también un poco sobre nuestra cotidianidad misma, hablar sobre las vivencias que en el día a día cada uno de los integrantes puede llegar a vivir. Es una mezcla de todo.

¿Qué otros temas les interesa abordar?

JCO: Además de lo social, también lo fantasioso. Hay algunos temas que ya van por ahí, siempre ligados al mago Barú, que era una total fantasía él, un personaje. Tenemos tres temas que van alrededor de él, pero como un ser mágico, no como cualquier ojo lo ve en una esquina, como a un bolito… No sé. Sino como el mago, pues.

¿Tienen el sonido que esperaban o continúan en la búsqueda?

MM: Yo creo que tenemos el sonido que queremos. Sin embargo, siempre estamos en la búsqueda de nuevos sonidos. Es ahí donde Barú es una mezcla infinita de sonidos, donde no nos limitamos a decir que “somos un género” o “sonamos a esto y ahí nos vamos a quedar”. Probablemente de aquí a un par de años, si la banda sigue, continuaremos esa búsqueda; probablemente tendremos otros sonidos. No lo sabemos.

¿Actualmente qué géneros musicales creen que los definen?

JCO: Principalmente el rock, en la música.  Quizá, tomando en cuenta opiniones de afuera —que es importante saber cómo nos escuchan—, tenemos algo gótico, sin esperarlo, y sin decir: «somos góticos». Sonidos circenses, que ahí retomaría este género: dark cabaret, lo latino, reggae, ska.

MM: Yo diría que la mejor definición sobre lo que tocamos es la que diga el público. No me atrevería yo a decir un género.

JCO: Lo interesante es que también nos hemos visto con distintos escenarios. Con gente metalera; por otro lado hemos estado en lugares como la Alianza Francesa, en Maktub, en el centro (de San Salvador) con otro público más light, por decirlo así, que escucha música más tranquila. Incluso hemos visto que están bailando en frente de un concierto de nosotros.

Este año participarán en la edición de El Salvador Metal Fest. ¿Se sienten identificados con esta escena?

JCO: Yo sí. Creo que todos.

RA: Todos —o la mayor parte del grupo— crecimos dentro de ese tipo de música.

JCO: Tenemos a nuestro batero, que fue de la banda Tiara. Yo he recorrido un par de bandas de metal. La verdad, ahí me siento con mi gente.

En sus shows suele ocurrir que parte del público baila. Hay personas que creen que algunos géneros no son para bailar. ¿Ustedes qué opinan?

RA: En realidad, nosotros estamos invitando a la gente a que la pase bien. Hay una frase que dice: “te vas a arrepentir por las cumbias que no bailaste por andar de roquerito”. Yo creo que cualquier roquero. Y sin ofender al público metalero. A mí me ha pasado que cuando te echás un par [de tragos], terminás bailando en la fiesta de tu tía que está cumpliendo 50 años y no pasa nada. Sé que es una ideología, pero la vida es para pasarla bien. ¿Por qué en un concierto de rock no podés echarte tu bailadita y decir: «puya, man… O sea, ¡estoy vivo!»? A pesar de lo que pasa en el país, a pesar de que pasan un montón de cosas en tu vida, Barú es eso:  es un momento para decirte las cosas pero para decirte también: «¡Mirá, man! ¡Pasémosla bien!».

JCO: Es lo que dicta la emoción del momento. Yo, en un concierto, puedo estar haciendo headbanging en una canción y en la otra estoy bailando.

Rebeca: como única mujer en Barú, ¿te sentís tratada en equidad y creés que tu papel no es ornamental en la banda?

RA: La verdad es que no. Me siento como uno más. No soy diferenciada solo por ser chera. Es igual. Entre todos, cuando llegamos al momento de que estamos discutiendo algo, lo discutimos todos por igual. También cuando estamos decidiendo algo, lo hacemos todo por igual. Realmente, no me siento como la muñequita de la banda que venís a acá y tenés que mostrarte porque sino… No, ellos me tratan por igual y yo igual a ellos. No hay ninguna diferencia de género ni nada. El público a veces sí, porque es así la cultura. Pero trato de ponerme en mi lugar, estar donde debo de estar, que soy una más de Barú. La verdad me siento bastante cómoda dentro de lo que discutimos, dentro de la banda y, a veces sí, es un poco incómodo fuera del escenario. Pero igual, creo que por el trato que nos damos en el escenario la gente va entendiendo.

¿A qué te referís con lo del público?

RA: A veces en el público algunos se acercan y pues… Es como el cliché de la forma en que me visto, porque me maquillo, de cómo me veo. Hace poco nos hicieron una entrevista en una revista e igual solamente salió Manuel, Óscar y el batero, Memo. Entonces alguien [escribió] en los comentarios: «Ah, puya, pero no sacaron a la chera y eso es lo único bueno». En YouTube también hay otros comentarios similares. Entonces sí, a veces el público es un poco chocante en ese sentido y se nota en el escenario, a veces, cuando la gente dice cosas. Me gusta creer que nosotros también estamos enviando un mensaje de: «¡Ey, no! Las cosas no funcionan así. Ella no es eso». Entonces, eso sí es bastante incomodo, pero esa es la sociedad salvadoreña. Estamos luchando contra eso todos los días; estamos las mujeres para que no te digan eso en la calle, no pase esto, etc. Y es parte del mensaje que se envía. Está difícil, pero ahí vamos.

Rebeca Alvarenga toca los sintetizadores en Barú.
Foto FACTUM/Gerson Nájera.

Como propuesta. ¿Qué buscan generar en su público?

MM: Justamente eso, que el público actúe según lo que le dicta el momento, la música. Si en el momento la música les dice “debo bailar” pues que baile. Sin en ese momento la música les dicta que van a hacer  headbanging, bien, creo que es válido. Ya a nivel de contenido pienso que la letra pueda llegar a identificarse con el público, ¿no? Sea cual sea la situación. Si es un matemático social, si es una vivencia, si es lo que sea pero que pueda tocar al público. Si logramos conectarnos con el público hemos logrado la intensión. Tal vez una intensión desinteresada, en el sentido de que hacemos música para nosotros, porque nos gusta hacer música, porque somos seis bichos que nos reunimos a pasarla bien, a tocar, a ensayar, y qué bueno y qué bien que haya gente a la que le guste. De repente cuando vemos las camisas de Barú en el público o escuchamos que gritan “Barú, Barú, Barú” decimos “ey, por aquí vamos bien”. O sea, haciendo lo que nos gusta, nos va bien.

Pregunta cerrada: ¿Les interesa provocar?

JCO: Sí.

RA: Sí.

MM: Sí.

El motivo de la pregunta es porque en otras generaciones el rock fue la punta de lanza para la provocación, para los avances en tema de sexualidad, equidad de género, diversidad sexual, drogas, etc. Actualmente no ocurre así. El rock ha sido asimilado por la industria, por decirlo de alguna manera. Lo que incomoda a la gente son otras cosas, como el trap, el reguetón. Incluso incomoda a la misma gente que escucha rock. ¿Ustedes cómo ven el reto de provocar en esta época en que todo está como tan dicho?

MM: En una entrevista con equis medio tocamos una canción llamada “El swing de la Sala”. Y es una canción dirigida a los magistrados de la Sala de lo Constitucional donde se reclama y donde se visibiliza el montón de paros que le ponen a un montón de procesos. Entonces fue curioso cómo estos periodistas se frikearon un poco; y terminamos la canción. Y nos dijeron: «es un poco polémica».

JCO: Tal vez no esperaban transmitir algo así ellos, porque estaban en vivo.

MM: Provocamos algo. Creo que la autenticidad es lo que buscamos al final: ser lo más auténticos, no poser. Si te gusta la música, qué bien; respetamos mucho al público, pero también es la música que nosotros proponemos.

RA: Mucha gente se identifica un montón con “El show de la enfermedad”. Como decís, las cosas están dichas, pero a mí me sorprende igual que la gente le preste un montón de atención a las letras. Y un montón de gente se ha acercado a decirnos: «Puya, lo que habla esa canción es bien yuca. Es bien pelado, me gusta». Entonces la gente está recibiendo el mensaje. Realmente estamos provocando algo. También se acerca gente a nosotros y nos han dicho: «Miren, ustedes que tienen está presencia en el escenario, por favor, ayúdennos en esta parte o ayuden en esta otra parte, porque yo quiero comunicar algo a través de ustedes».

¿Cuáles son sus planes, como banda, para este año?

JCO: Tuvimos una gira. San Miguel, Santa Ana y La Libertad. También en la primera mitad del año [queremos] sacar el primer disco de larga duración. También un videoclip. Tenemos dos, pero son formato en vivo. Queremos hacer un video ya con trama, con concepto, con actuación.

Regresemos a la gira que hicieron fuera de San Salvador, porque normalmente las bandas se quedan en los mismos cuatro bares de la capital. ¿Por qué les interesa salir?

JCO: Hay una cosa agradable cuando andás tocando fuera de San Salvador: el público es más agradecido, por decirlo así. Es necesario llegar a todo el país, expandir la música hasta allá.

MM: Descentralizar el especulo de Barú, creo. Descentralizarlo de la capital y llevarlo fuera. Y otra de las metas que tiene Barú es salir del país y tocar el polo cultural de México. Es un sueño un poco grande, pero creo que con ser perseverante y ser necio en esto, Barú tiene para dar. Confío plenamente en el trabajo de Barú y creo que sí puede llegar a ofrecer algo al suelo mexicano. Y esa es la idea.

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#Música