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Balas, heridos y marchas: la crisis política en Honduras toca tierra

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La oposición decidió irse a la calle. Reclama que le ganó la elección presidencial al oficialismo. Que Salvador Nasralla obtuvo más votos que Juan Orlando Hernández. Insiste en que ha habido un fraude. La respuesta ha sido silencio desde Casa Presidencial o gases lacrimógenos y balas de parte de la policía hondureña. El Tribunal Electoral colaboró con la incertidumbre: cinco días sin nombrar a un ganador. Ahora hay caos en la capital y varios departamentos. Las autoridades empezaron a reportar heridos y una persona muerta. Algunas manifestaciones se han desviado al vandalismo y han destruido instalaciones públicas y privadas. El presidente Hernández está ausente. Faltan aún 1,030 actas electorales que contar. Los llamados a la paz de las organizaciones internacionales, en este país, son ignorados por los opositores.

Foto FACTUM/Luis Griffin


Tegucigalpa, Honduras. Estalló la violencia. Los seguidores del partido Libertad y Refundación -Libre- se manifestaron este jueves 30 de noviembre en las calles de la capital hondureña. La concentración masiva se tomó los principales bulevares de Tegucigalpa para protestar por lo que consideran, sin duda, un fraude electoral fraguado desde la presidencia y con la complicidad del Tribunal Electoral.

Las marchas en un principio eran controladas por las autoridades como la Policía Nacional, la Policía Militar y el Ejército. Pero la intensidad de las protestas, que empezaron este jueves alrededor del mediodía, se incrementó hacia el final de la tarde. El Tribunal Electoral seguía sin dar explicaciones de las irregularidades que la oposición le señaló desde el domingo de la elección presidencial. Y los líderes opositores como el expresidente Manuel Zelaya y el mismo candidato Salvador Nasralla, en declaraciones por radio, justificaron la toma de las calles.

“Si hay corrupción, si hay injusticia, no puede haber paz”, dijo  Nasralla en una intervención de Radio América de Honduras hacia las cinco y media de la tarde del jueves. El candidato opositor -quien se dice ganador de la elección del domingo- rompió un pacto de no agresión en el que medió la Organización de Estados Americanos (OEA) para que, fuere cual fuere el resultado, se admitiera la derrota y se desistiera de llamar y utilizar a los seguidores partidarios para actos violentos.

Simpatizantes del candidato de la Alianza por la Oposición permanecen en las calles de Tegucigalpa, Honduras, protestando porque el Tribunal Supremo Electoral no acepta la victoria de Salvador Nasralla, y acusan al gobierno de Juan Orlando Hernández de hacer fraude para seguir con el poder. Foto FACTUM/Fernando Romero

Pero Nasralla se retractó de su firma. El mismo miércoles que suscribió el pacto, el sistema de transmisión de datos del Tribunal Electoral tuvo un corte que duró alrededor de cinco horas. Luego del incidente, los votos a favor de Juan Orlando Hernández, conocido como JOH, empezaron a crecer al punto de que empató a Nasralla -que lo aventajaba por cinco puntos en un principio, con el 57 por ciento de las actas escrutadas- y lo sobrepasó durante la noche del miércoles y madrugada del jueves.

La salida de los seguidores de Libre a las calles era casi inminente. En la madrugada del jueves, los militantes fueron dispersados por la Policía Militar en una manifestación frente al Instituto Nacional de Formación Profesional, en donde se resguardan los paquetes electorales. Horas después ocurrió la marcha masiva en Tegucigalpa y para la noche las protestas en el país se volvieron más violentas.

Las manifestaciones se dispersaron. Los militantes de Libre -que es parte de la Alianza de Oposición, que tiene como candidato presidencial a Salvador Nasralla- se tomaron redondeles y plazas públicas. Y quemaron llantas para impedir el tránsito de vehículos. En los otros departamentos, bloquearon los accesos principales a las ciudades. Los opositores se distribuyeron en células que bloquearon las entradas a varias colonias populosas de Tegucigalpa.

Incendios. Saqueos. Piedras. Palos. Balas. La noche del jueves en Honduras fue marcada por las revueltas callejeras. Los noticieros locales no interrumpían las transmisiones de las noticias desde la capital y los departamentos hondureños: quemaron el peaje de San Pedro Sula, trataron de prender fuego a una estación policial en Santa Bárbara, incendiaron la alcaldía municipal de Siguatepeque, destrozos en la estación del Trans 450, vitrinas rotas en un banco de Tegucigalpa, saqueos en un almacén de electrodomésticos, manifestaciones y bloqueos de accesos en Copán, Tela, La Ceiba.

Decenas de heridos y un muerto. La imagen de los policías que por la mañana del jueves se les veía patrullar las calles la capital con sus macanas y escudos cambió por la noche: ahora empuñaban fusiles. Y disparaban. Entre los cerca de diecinueve protestantes heridos de bala que atendió el Hospital Escuela Universitario había un niño. Un proyectil le traspasó el costado. La mayoría de personas lesionadas provenían de las protestas en El Pedregal, un barrio populoso de Comayagüela, en Tegucigalpa. Mientras que en La Ceiba, la cabecera departamental de Atlántida, un hombre falleció como consecuencia de los enfrentamientos entre los militantes de Libre y las autoridades, según reportó la agencia internacional de prensa DPA.

Crisis. Este viernes 1 de diciembre, los choques entre manifestantes y autoridades continúan. Varios accesos a Tegucigalpa por tierra están cerrados. Por prevención, el transporte terrestre internacional suspendió su itinerario hasta nuevo aviso. En la capital, según avanzaba la tarde, los ecos de disparos de armas de fuego y las sirenas de ambulancias y patrullas se escuchaban con mayor frecuencia. La Policía Militar cercó la Casa de Gobierno y el único alto funcionario que ha dado declaraciones públicas es el presidente del Tribunal Electoral, David Matamoros Batson, solo para informar que aún no hay resultados oficiales.

La presidencia hondureña mantiene silencio. El presidente Juan Orlando Hernández no ha dado una postura sobre lo que sucede en el país. Mientras que Nasralla continúa sus reclamos por un fraude electoral y sus seguidores lo replican en las calles con los coros de “Fuera JOH”. La comunidad internacional llama a la cordura, pero los opositores dejaron de prestarle atención.

Simpatizantes del candidato de la Alianza por la Oposición permanecen en las calles de Tegucigalpa, Honduras, protestando porque el Tribunal Supremo Electoral no acepta el gane de Salvador Nasralla, y acusan al gobierno de Juan Orlando Hernández de hacer fraude para seguir con el poder. Foto FACTUM/Fernando Romero

Las comunicaciones de las autoridades hondureñas se han reducido a la emisión de informes de prensa. El jueves, en un comunicado, la Secretaría de Seguridad, a la que se adjunta la Policía Nacional, dijo que a los grupos que obstaculicen el libre tránsito en Honduras, si se agotan todos los protocolos de diálogo, los van a desalojar “de forma pacífica”. Pero los encuentros del jueves y viernes en Honduras entre manifestantes y autoridades no han sido pacíficos.

El vocero de las Fuerzas Armadas hondureñas, Jorge Cerrato, leyendo un comunicado, dijo casi lo mismo: llamó a la manifestación sin alterar el orden público y a advertir que la obstrucción del libre tránsito es un delito, pero que siempre “se garantizarán los derechos humanos” de quienes puedan resultar detenidos. Los heridos de bala atendidos el jueves por la noche y la persona fallecida en La Ceiba no casan con las palabras del vocero militar.

El Tribunal Electoral cumplió su quinto día sin nombrar a un ganador de la elección presidencial. Hernández, el actual presidente que quiere reelegirse, lleva una ventaja de más de 46 mil votos sobre el opositor Nasralla. Quedan 1,030 actas electorales por escrutar. Nasralla ha sugerido un nuevo conteo de voto por voto -sin interrupciones del sistema- con la presencia de observadores internacionales. Incluso ha hablado de una segunda vuelta, aunque la ley hondureña no incluye esa forma de elección.

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