La esencia criminal de la administración Funes

No es casualidad que Mauricio Funes haya terminado sus días como presidente tomando whisky con los Saca mientras confeccionaban tramas. La imagen describe, de hecho, la esencia corrupta de la administración Funes.

Por: Revista Factum/ Foto: Archivo

Fecha: 19 de diciembre de 2018

El expresidente Mauricio Funes se alió con su antecesor, Antonio Saca, para llevar adelante una operación legislativa, política y comunicacional que algunas veces entró incluso en el terreno de lo ilegal. La alianza empezó con el mandato de Funes y se extendió hasta entrado el 2014, cuando ya Salvador Sánchez Cerén era presidente.

A estos dos expresidentes no los unió nunca una afinidad ideológica o coincidencias en el desarrollo de políticas públicas. Lo de ellos fue, sobre todo, oportunismo, pero también, según se desprende de la investigación que hoy publicamos en Factum, el convencimiento de que podían evadir la ley a la hora de atacar adversarios o de protegerse de eventuales investigaciones criminales por sus acciones.

A Funes, que siempre tuvo relaciones tensas con el FMLN, Saca le procuró músculo político en la Asamblea Legislativa a través del partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), formado a instancias del expresidente arenero. A Saca, el pacto le llevó la seguridad de que estaría protegido mientras Funes estuvo al frente del Órgano Ejecutivo. Por primera vez, en este reportaje, Factum presenta prueba documental de esa alianza, en voces de los mismos protagonistas.

Uno de los principales operadores de la alianza, que también incluyó a periodistas, cabilderos, funcionarios y exfuncionarios cercanos a ambos exmandatarios, fue Herbert Saca, primo de Antonio y uno de los operadores políticos más influyentes en El Salvador desde 2004. Herbert, investigado por vínculos con la banda de narcotraficantes Los Perrones, no fue solo el encargado de abastecer de vehículos de lujo a Funes -como el mismo expresidente acepta en un audio obtenido para esta investigación-, sino también el encargado de “la parte política” en el primer quinquenio de gobierno efemelenista.

En correspondencia electrónica con Factum, Funes aceptó por primera vez que Herbert Saca fue el enlace de su gobierno con el partido GANA.

Al final, los descubrimientos sobre la alianza con los Saca no hacen más que confirmar los rasgos de corrupción y actividades ilícitas atribuibles a la presidencia Funes, sobre todo en la segunda mitad del quinquenio, cuando ya alejado de todos los postulados de transparencia y gobierno democrático que ofreció durante su campaña presidencial había cedido paso a pactos políticos para procurar el saqueo del erario -según una acusación de la Fiscalía General-, la anulación de adversarios políticos y el encubrimiento de los propios pasos.

Saca está condenado a 10 años por desviar cientos de millones de dólares desde Casa Presidencial a sus cuentas particulares y las de sus allegados. Funes, acusado de crímenes similares por la Fiscalía, es prófugo de la justicia y se esconde bajo la sombra del dictador nicaragüense Daniel Ortega.

Desde su escondite, Funes sigue intentando venderse, en sus cuentas en redes sociales, como una víctima de lo que él llama “la derecha oligárquica”. Esos alegatos se desploman cuando queda al descubierto que su principal alianza política fue con Antonio Saca, un hombre que llegó a la cúspide del poder de la mano de esa derecha.

No. El rasgo principal de la presidencia Funes fue, como el de la administración Saca, la corrupción criminal. Y, como deja demostrado la investigación de Factum, el desprecio por la ley.

La reunión entre Funes, los Saca y algunos de sus acólitos que reproducimos en el texto principal de esta entrega es una buena escena para describir el final de la presidencia del primero: en un cuarto, tomando whiskey caro, rodeado de los Saca y Miguel Menéndez, Mecafé, urdiendo un plan ilegal para hundir a Francisco Flores, el adversario político que aceptó públicamente que había desviado fondos de un donativo taiwanés a cuentas partidarias. Porque el interés de Funes y compañía no fue, nunca, que prevaleciera la justicia en el caso de los desmanes de Flores -que lo fueron y graves-, sino aprovecharse del poder que le confirió el soberano y usarlo, solo, para atacar a ese adversario.

El plan incluía obtener, por vías ilegales, un documento confidencial, propiedad de los Estados Unidos, para incriminar a Flores. En los audios que hoy revelamos, Funes y Saca hablan de conseguir ese documento a través de Diego Escobar, entonces agente de la Fiscalía General, algo que él niega. Funes dice que fue el Organismo de Inteligencia del Estado el que le proveyó el ROS, aunque alega que él no fue quien ordenó al OIE buscar el documento. La ley dice que toda la información conseguida por ese organismo es confidencial y su manejo «corresponde al presidente de la República».

Al principio de su presidencia, entre 2009 y 2010, Funes había dado una idea distinta sobre el rumbo que decía iba a dar a su mandato. Ante Naciones Unidas propuso, en septiembre de 2010, una comisión internacional que ayudaría a combatir la impunidad y la corrupción en El Salvador y en todo el Triángulo Norte de Centroamérica. Justo después de asumir, había encomendado a la inspectora que nombró al frente de la Inspectoría General de la Policía Nacional Civil (PNC) que limpiara de una vez por todas a la corporación policial de oficiales ligados al narcotráfico y otros crímenes. Todo eso acabó pronto.

Ya a finales de 2011, con Herbert Saca como uno de sus asesores principales, Funes había mandado a la basura todas esas propuestas iniciales. Herbert Saca, el mismo al que la inteligencia estatal nombrada por Funes había identificado por posibles vínculos con narcotraficantes.

Ya para entonces, de acuerdo con la acusación que le ha hecho la Fiscalía General, Funes y su entorno estaban dedicándose a saquear dineros de la Casa Presidencial, tal como lo habían hecho Antonio Saca y los suyos entre 2004 y 2009.

Ya para entonces, Funes había devuelto el control de la seguridad pública y de los tres aparatos de inteligencia estatal -el policial, el militar y el de Casa Presidencial- a los militares al mando del general David Munguía Payés, quien se aseguró de bloquear todos los procesos depuradores en la PNC y hoy, ya en el gobierno de Salvador Sánchez Cerén, pretende erigirse como poder alternativo al de los civiles elegidos por los soberanos al autonombrarse árbitro del próximo evento electoral de febrero de 2019.

No es casualidad que Mauricio Funes haya terminado sus días como presidente tomando whiskey con los Saca mientras confeccionaban tramas como el plan para conseguir de forma ilegal un documento financiero para atacar a Flores. La imagen describe, de hecho, la esencia corrupta de la administración Funes.