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El día que Alex Turner asesinó a Arctic Monkeys

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Sin destrucción no hay creación. Alex Turner acabó con lo que conocimos como Arctic Monkeys. El vocalista, guitarrista, líder y principal compositor de la banda inglesa –y otrora icono juvenil del indie rock– ahora tiene 32 años y un deseo voraz por demostrarlo. “Tranquility Base Hotel & Casino” (Domino, 2018) es un disco en solitario, pero firmado con el nombre de su banda.


Desde 2013 no teníamos una nueva colección de temas de Arctic Monkeys. En aquel año acapararon las listas de popularidad con “AM”, un disco espectacular que los consolidó como una gran banda rock, sin apellidos. Antes de “AM” hubo un puente, un disco de mucha menor relevancia: “Suck It and See” (2011), que ya dibujaba el sonido que vendría. “Suck It and See” también sirvió para despedirse de la música hecha en sus primeras tres producciones de larga duración.

¿Alex estará repitiendo está fórmula? El tiempo lo dirá. 

Lo que hoy sabemos es que Turner creó su propia historia de ciencia ficción donde la luna fue gentrificada por los humanos y hay un lugar llamado “Tranquility Base Hotel & Casino”. Tenía tan claro el sonido que buscaba que fue el productor del disco junto a James Ford. 

Como buen narrador, cuidó todos los detalles. Una gran esfera sonora envuelve al disco de principio a fin. Por eso en los primeros acercamientos puede resultar monótono. El autor invita al oyente a desacelerar, a volver a la época donde la vida no tenía este ritmo brutal y podíamos colgarnos de un disco para descifrarlo de a poco. 

Internados en ese espacio, nuestros pasos flotan en el aire, como si camináramos sobre la luna al ritmo de los golpes de la batería y música jazz durante el tema “Star Treatment”. Turner nos confiesa que él solo buscaba ser uno de los Strokes, pero es obvio que ahora sus intereses son otros. La pluma nunca ha sido su enemiga, pero esta vez vuelve más pretencioso, quizá buscando ser un  Leonard Cohen, como evidencia el intertexto de la canción. 

El disco está hilado por el alma de David Bowie y no solo por la temática espacial (que también es tributo al escritor Douglas Adams, como recién lo hizo A Perfect Circle), sino por ser una suerte de recreación sonora de la era “Station to Station”, incluso en la grabación. Hijas bastardas de eso son “One Point Perspective”, donde cuenta sus memorias, y “American Sports”, donde se burla de la obsesión de los habitantes de la luna, que a fin de cuenta es la humanidad misma, enajenada. 

Alex lleva al extremo su cruzada bowineana en el tema que da título al disco: “Tranquility Base Hotel & Casino”. Acá perdemos su voz para escuchar a la de The Thin White Duke. La narración política y descriptiva finalmente nos interna en el lugar creado por el inglés. Luego pasamos a la psicodelia sesentera de “Golden Trunks”, donde la frecuencia corresponde a una mujer que está en Tranquility Base.

El ambiente corta de golpe con “Four Out of Five”, el único sencillo hasta el momento del álbum, y quizá la única canción con esa vocación. Es la más accesible y la más cercana a retomar la herencia de Arctic Monkeys. Pero también es de las pocas que parecen no prestar la voz de sus iconos. Ahí descubrimos que la gentrificación de la luna fue posterior al éxodo de algunos terrícolas. 

La crítica al ensimismamiento a través de la tecnología no podía estar ausente. De eso va “The World’s First Ever Monster Truck Front Flip”. Su psicodelia continúa para dar tributo al género empleado en la narrativa con “Science Fiction”.  

Una especie de Tom Waits toma por segundos el corte “She Looks Like Fun” y el ambiente oscurece para visitar otro tema obligado: las redes sociales. Creación de personajes, superficialidad, distracción y hasta Bukowski.

La oscuridad sigue su tránsito y continúa con la temática anterior en “Batphone”, un tema fabuloso donde, de nuevo, Alex tiene voz propia. 

“The Ultracheese” es la balada que cierra el álbum. Alex ahora vive en Los Ángeles (¿la luna?) y con un tono nostálgico habla del desprendimiento como ruta. El nombre para el tema es quizá el más honesto del disco. 

Para quienes siguen a Turner en sus trabajos fuera de la banda –tanto en The Last Shadow Puppets como en solitario– este punto de llegada puede ser incluso predecible. Arctic Monkeys, al igual que sus compañeros de sello disquero, Franz Ferdinand, no quieren vivir de glorias pasadas. No quieren ser la nostalgia indie. Repetir la fórmula no es el camino. Alex está cada vez más lejos de los Strokes y más cerca de Father John Misty (¿accidentalmente?) en esta nueva búsqueda de identidad. Puede que el asesinato de la caricatura de su banda sea el inicio de una nueva gran etapa y este su primitivo inicio. Porque a este disco le sobran las referencias y le falta identidad. 

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