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Un aprendiz en el Salón Azul

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La noticia de la victoria de Donald Trump ha ocupado (y ocupará) las portadas y las cabeceras de los principales medios de comunicación en El Salvador. Es normal. No es una exageración: las decisiones, cualesquiera, del futuro presidente estadounidense tendrán impacto en El Salvador, y en los millones de salvadoreños que colaboran para mantener a flote la maltrecha economía nacional. Lo ha sido así desde hace años, independientemente de si el presidente es demócrata, republicano, racista, amante de las armas, actor retirado o una estrella pudiente de programas de telerrealidad.

Es una preocupación genuina; no así la más urgente. En El Salvador, los cambios en el tablero del ajedrez político suceden tan rápido que a veces, ya sea por el desinterés, la inacción o la pura desinformación mediática, los ciudadanos no tienen tiempo para asimilarlos. Ni mucho menos para analizar la repercusión práctica en sus vidas.

Así, la decisión del gobierno y la oposición de negociar políticamente –y no de forma técnica- la solución para la crisis fiscal, supondrá una sutura que al cabo de un año supurara. Una decisión que atañe a todos, pero que, como la mayor parte de lo que exuda algún tufo político partidario, pasó sin más, ajena del control ciudadano.

Embobados, y probablemente preocupados, por el triunfo de Trump, en El Salvador se pasó por alto el cambio en la presidencia de la Asamblea Legislativa. No porque no se conocieran los acuerdos opacos entre FMLN y GANA, mismos que permitieron una atípica –por no decir ridícula- presidencia rotativa; sino por el funcionario que llegó al cargo: el diputado de GANA, Guillermo Gallegos.

Necesitado de cámaras y flashes, Gallegos utilizó sus primeros minutos como presidente de la Asamblea para montar una especie de mitin, con un escenario adornado con una enorme fotografía suya, y agradecer, pastor incluido, el nuevo cargo que le supondrá más salario y más prerrogativas.

En su primer discurso, el diputado, que llegó a su nuevo cargo gracias al pacto con el FMLN, y que durante sus años previos a GANA zapateó y cantó a todo el pulmón el himno anacrónico de ARENA, prometió ser el equilibrio entre las extremas.

Todo ello, sin embargo, es desgraciadamente normal en un país donde el cacicazgo está tan impuesto que las aspiraciones de los licenciados pasan por los títulos, por ser llamados “presidente”, sin importar que la presidencia sea de la Asamblea, la junta directiva del barrio, la primera división de fútbol o la fugaz presidencia de una mesa electoral. Lo preocupante, lo que motiva este texto, es lo que representa ese funcionario.

Gallegos es un político populista, que ha seguido el manual de proponer soluciones irracionales a un pueblo desesperanzado. Mientras El Salvador se desangra, el diputado propone más sangre: la pena de muerte es una de sus principales cartas de presentación, una medida que no ha resultado efectiva en los países donde aún se usa como paliativo para, por ejemplo, disminuir la violencia. Pero no solo eso: ajeno a ese tono conciliador que trató de usar mientras daba su primer discurso como presidente de la Asamblea, Gallegos pasa sus días, vía Twitter, motivando y regodeándose de la muerte de pandilleros. La violencia en El Salvador se mantendrá mientras haya caldo de cultivo para las pandillas, independientemente de si un día matan a todos sus miembros; otros surgirán. Es un análisis sencillo, básico, pero inalcanzable para el diputado.

No hay que olvidar que Gallegos, además, fue ese diputado que se copió a sí mismo –hasta seis veces- para hacer los informes que justificaron viajes a Italia, Australia o Belice. Sí, que no tuvo ni el tiempo para inventar un informe por cada viaje que los salvadoreños le pagaron. Ahora, después de haber recibido más de $400 mil en sobresueldos, el diputado dice que abogará por la transparencia y la austeridad.

Pero Gallegos fue, además, uno de los diputados que más cabildeo a finales de 2015 por la reelección del entonces fiscal general. Por su cuenta de Twitter, en declaraciones a la prensa local o en conversaciones con colaboradores cercanos referidas a Factum el hombre fuerte de GANA pujó hasta el último momento por volver a sentar en el despacho del fiscal general al abogado que ya para entonces era sospechoso de malos manejos y corrupción.  “Nuestros votos estarían para apoyarlo a él”, dijo el 9 de diciembre de aquel año. Luego, cuando el entonces presidente de ARENA Jorge Velado denunció que Martínez había intentado chantajearlos con la investigación del ex presidente Francisco Flores, Gallegos fue uno de los que saltó en defensa del aún fiscal: “Se trata de una cortina de humo para que pierda todo el apoyo”.

No deja de parecer irónico que el mismo día en que Gallegos jura como presidente de la Asamblea, el fiscal general Douglas Meléndez anunciara, en la toma de posesión del nuevo jefe del Legislativo, que investiga a Martínez por lavado de dinero.

Este es el funcionario que dirige, después de un pacto al estilo Ciro Cruz Zepeda, la Asamblea Legislativa. Es bueno que los ciudadanos, esos que toman decisiones todos los días, lo sepan.

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