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Daniel Alemán venció al sistema

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El joven ha sido el rostro emblema de Los siempre sospechosos de todo, un movimiento liderado por su hermana Tatiana para denunciar las detenciones ilegales de jóvenes pobres que casi a diario son tratados como delincuentes por la Policía. Daniel Alemán, de 22 años, ha pasado por dos procesos judiciales durante el último año y medio. 17 meses en la cárcel por dos delitos que nunca cometió. Ahora está libre tras enfrentar a la Policía, a fiscales y al sistema judicial salvadoreño.

Foto FACTUM/María Cidón


Daniel Alemán fue absuelto el miércoles 13 de junio de toda responsabilidad penal y civil en un caso de extorsión agravada contra una víctima identificada como Barrabás. La Fiscalía lo señaló a él y a otro joven, Jonathan Amílcar Chicas Navidad, de participar en entregas controladas de dinero, pero las inconsistencias señaladas por el juez Quinto de Sentencia de San Salvador generaron muchas dudas en la acusación y finalmente resultaron a favor de los acusados.

El fallo no fue igual para todos los imputados: hubo cuatro condenados y todos a 12 años de cárcel por el mismo delito. Ellos son Edwin Adalberto Méndez Barahona, Jorge Armando Mena Santos, Manuel Antonio Guandique Ramírez y Walter Antonio Leiva Landaverde.

El caso se remonta al 29 de agosto de 2016. Un empresario de transporte, al que se denominó Barrabás para proteger su identidad, denunció ante la Policía en San Salvador que dos días antes había recibido un teléfono de manos de un empleado y que este le aseguró que un pandillero se lo había dado para exigirle que le entregara $1,000 de extorsión. A partir de ese momento, un agente con indicativo Fabián asumió la investigación del caso y desde septiembre se hizo pasar por la víctima, Barrabás, para recibir llamadas, acordar las cantidades a pagar y el lugar de la transacción.

Todas las entregas controladas, que fueron cinco, se realizaron en un centro comercial de Soyapango, entre septiembre de 2016 y enero de 2017, aunque en este proceso no se incluyó la primera ni la cuarta entrega porque ya se había condenado a los imputados en otros tribunales. El fallo judicial se limitó, por tanto, a las entregas realizadas en estas fechas y por estos montos: 3 de octubre de 2016 por $500, 2 de noviembre de 2016 por $500 y 4 de enero de 2017 por $400.

En esta última entrega, la quinta si se tienen en cuenta todas las investigadas por la Policía, es por la que se señaló a Daniel Alemán y al otro imputado ahora absueltos. Y para esa entrega los agentes usaron el mismo dispositivo que en los anteriores: llamada previa de un pandillero apodado El Johny para conocer el monto de dinero, la hora y lugar de la entrega, y el despliegue de cuatro equipos policiales para recoger el dinero, tomar fotos del momento, dar seguridad e identificar posteriormente a los sujetos presuntamente involucrados.

Daniel fue identificado en esa entrega por su vestimenta: pantalón y camisa negra. Esta descripción coincide con la que El Johny le dio al agente Fabián, según este último declaró durante el juicio. El detalle de indumentaria también casaba con la principal prueba contra Daniel: un video de las cámaras de vigilancia de un centro comercial de Soyapango donde se le ve acercarse al agente encubierto Fabián (que se hace pasar por la víctima) mientras el joven parece sostener un teléfono en la mano; se acerca durante no más de dos minutos a Fabián, parece que platican, parece que le muestra o le entrega algo, pero no se distingue en el video. Luego Daniel sale y cruza la calle. Todo pasa en menos de cinco minutos, entre las 4:15 y las 4:19 de la tarde del 4 de enero de 2017, según el tiempo y la fecha que aparece marcado en el video del centro comercial.

Daniel Alemán agradece su liberación después de pasar año y medio en la cárcel. Foto FACTUM/María Cidón Kiernan.

La defensa de Daniel, a cargo del abogado Dennis Muñoz, señaló las irregularidades con diversas pruebas, como el peritaje policial que demuestra que Daniel no realizó ninguna llamada telefónica el día que lo acusaban de haber participado en la entrega controlada y con el mismo teléfono que la Policía dice que le decomisó posteriormente. Muñoz también indicó que en el video del centro comercial nunca se vio que Daniel estuviera recibiendo dinero, aunque el juez sí reconoció que se trataba del joven. Además, la defensa presentó a dos testigos de descargo, dos amigos del joven que declararon ante el juez que el día de los hechos él estaba jugando al fútbol con ellos en la cancha del Polideportivo de Altavista, entre las 4 y las 6 de la tarde, horario que coincide con el procedimiento policial en el centro comercial de Soyapango.

“Hay algo muy interesante, la forma del pelo es diferente, yo no sé en esa época cómo usaba el pelo Daniel, pero los rasgos físicos en el momento del video…pues se trataba de Daniel ¿va? Pero también existe una prueba técnica realizada por peritos de la Policía de la extracción de la información del teléfono que usaba Daniel, que dice que ese día no realizó llamadas y también hay testigos que dicen que por allá estaba, lejos de los hechos de Plaza Mundo, hay esa contradicción (…)”, dijo el juez antes de dar a conocer su absolución.

Durante el juicio, los agentes que participaron en el procedimiento policial dijeron que siguieron a Daniel Alemán desde un bus que lo llevó hasta la colonia Cimas de San Bartolo, de Ilopango, y que estando allí el joven entregó el dinero a otros imputados en este caso, y que posteriormente los agentes los identificaron y les encontraron el dinero de la víctima Barrabás, en billetes de $20, previamente seriados para ser rastreados.

En el expediente del caso se señaló que Daniel tenía el domicilio en Cimas de San Bartolo, pero no coindice con su dirección real, en la residencial Altavista, donde vivía con su madre y hermanas hasta el momento de ser detenido, el pasado 10 de enero, por otro delito – posesión y tenencia de drogas con fines de tráfico- por el cual el tribunal que conoció el caso decidió anular el proceso.

La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos emitió después una resolución para declarar que se trató de una detención ilegal. Por ese caso ya hay, de hecho, dos policías acusados por fraude procesal que fueron sobreseídos, pero una cámara de lo Penal ordenó en mayo de este año un nuevo juicio en su contra.

La necedad del Estado

Alemán fue acusado de extorsión en febrero de 2017, mientras permanecía detenido en el penal de Mariona por el primer proceso, el que fue anulado. Para señalarlo en el caso de extorsión, los agentes incluyeron un álbum con fotografías tomadas durante la entrega; pero, según el peritaje del laboratorio de la Policía, esta prueba no permite identificar a las dos personas fotografiadas, ni a Daniel ni al agente Fabián, y mucho menos si se están pasando dinero u otro objeto de mano a mano, según confirmó ayer el juez.

Los casos de entregas controladas relacionadas con el delito de extorsión se logran justificar durante la investigación que comienza al mismo tiempo que se produce el delito, según lo expuesto por abogados durante el proceso.

La presunción de inocencia contra el imputado en estos casos es difícil de sostener porque la carga de la prueba es presentada de forma conjunta entre la Fiscalía y la Policía. Las investigaciones, que suelen ser largas y detallistas, buscan comprobar la participación de los presuntos extorsionistas simulando que la víctima obedece a todas sus órdenes, pero bajo la vigilancia de policías encubiertos. El fin último de las autoridades es tejer una red de hechos delictivos en la que esperan hacer caer a los sospechosos. Son casos, por tanto, complejos, que incluyen grabaciones con video vigilancia, fotografías de la entrega del dinero y bitácoras de llamadas entre las víctimas y los extorsionistas, entre otras pruebas.

En el caso de Daniel Alemán también fue así, pero la prueba no alcanzó para condenarlo a 18 años de cárcel como pedía la Fiscalía contra él y otros cinco imputados. Los condenados ayer fueron señalados por haber participado en la segunda y la tercera entregas, en las que el juez no cuestionó la validez de la prueba. Más bien, el tribunal consideró que se siguió correctamente la investigación bajo una justificada dirección funcional (mecanismo que permite coordinar a la Fiscalía la investigación y que la Policía la ejecute) y que la declaración de Barrabás y los policías fue acertada, destacando la experiencia del agente Fabián, que participó en todas las entregas del dinero de la extorsión.

El juez desestimó muchos argumentos de los cuatro abogados defensores; dijo que “algunas cosas de la defensa no se apegan mucho a lo que hay en el expediente”, pero hizo la excepción cuando presentó su análisis de la entrega más polémica y la más documentada, la de Daniel, donde señaló que “el caso se cae por su propio peso”. Curiosamente, los cuatro condenados fueron encontrados culpables con prueba de cargo similar a la que se tenía contra Daniel, pero menos sofisticada, pues de ellos no se contó con videos de las entregas.

“Si bien es cierto que hay prueba de cargo que ubica a Daniel en ese día y a esa hora en Plaza Mundo y la cámara de video dice que ese día y a esa hora en el lugar no recibió llamadas entrantes y salientes, eso me genera duda, sinceramente no tengo certeza de si efectivamente, en el caso de Daniel, estuviste en ese lugar –dice el juez mientras levanta la vista hacia él-. Me podrían decir: sí, pero mire, es que cuando se introdujo en el bus seguramente cambió el chip y ya iba con otro, pero eso no está documentado, no hay prueba.”

Para terminar el fallo, el juez criticó a la Fiscalía por su investigación: “Es posible que se haya dado porque hoy en día la delincuencia se está volviendo más compleja, lo que implica que la Policía y la Fiscalía tienen que superar esas barreras de investigación, lo que veo es que faltó más investigación”.

Al terminar el juicio, Daniel salió libremente por el portón de las bartolinas del Centro Judicial Isidro Menéndez. Allí abrazó a su madre, Meira, y a su hermana mayor, Tatiana, que lo esperaban junto a varios amigos. El grupo se tomó unos segundos para observar el reencuentro en silencio y rápidamente aplaudieron en celebración. Unos segundos después, Daniel se separó de ambas y se arrodilló. Hablaba bajito, pero se podía escuchar que agradecía de forma repetitiva: “Gracias, Dios, porque me escuchaste. Gracias, Dios, gracias, me escuchaste”.

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