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Al diputado Velásquez Parker

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Diputado, le quiero contar una pequeña anécdota que me pasó hace unos días en la casa de una amiga que me ha marcado. No dejo de pensar en esa escena pues creo que reúne el sentir de la mayoría de salvadoreños y salvadoreñas en El Salvador, esos ciudadanos que día a día se levantan a las 4:30 am para ir a sus trabajos y que regresan a las 7-8 pm, con el único incentivo de ganar a final de mes 220 dólares o menos. Esos ciudadanos que solo ven a sus hijos dormidos de lunes a viernes y con suerte cada 15 días un domingo entero. Esos ciudadanos que con esfuerzos crían a sus hijos con miedo, no solo de las pandillas sino también de las autoridades que ejercen violencia contra ellos y ellas por el solo hecho de vivir en comunidades de alto riesgo; esos ciudadanos que pagan sus impuestos para ir a un seguro social que parece más una morgue mal cuidada que un hospital; esos que toman buses que van atestados de personas y que muchas veces se accidentan por falta de precaución; esos ciudadanos que la palabra vacaciones no esta en su léxico;  esos ciudadanos que están cansados de vivir humillados día a día por el actuar de nuestros políticos, por la presión social, por la violencia de genero, por el maltrato laboral y por la brecha profunda que los separa de soñar con un futuro digno y libre de miedo. Esos ciudadanos, diputado, son la mayoría en el país al que usted SE DEBE y le paga. Esos ciudadanos ni se imaginan que es tener un salario de mas de cuatro mil dólares.

Sabiendo esto le cuento la historia. Estábamos reunidas un grupo de amigas, algunas que ganamos un salario digno y otras que no. Entre las que no ganan un salario digno estaba una que es miembro de la Cachada Teatro, un grupo de mujeres vendedoras en el sector informal que un día, hace casi 8 años, decidieron hacer teatro. A través de este arte cuentan sus historias, las historias del bajo mundo como lo llama la gente; el mundo de la mayoría, como yo le llamo.

Estábamos hablando de temas políticos, de lo cansadas que estamos de no ser representadas con dignidad por nuestros políticos y políticas, estábamos hablando de cómo desde lo que hacemos podemos cambiar este país, estábamos hablando de esta nueva generación que no quiere tomar las armas como lo hicieron algunos de nuestros padres y buscar otro tipo de salida a esta crisis que vive el país. En eso estamos, diputado, luchando cada una de las que estábamos en esa reunión desde nuestras trincheras sin armas pero con nuestros talentos y proyectos sociales. Cuando salió el tema, su tema, por el que usted está pidiendo ahora que se investigue a las personas que le han hecho memes, (sí, diputado, eso es lo que usted se merece: memes y un despido por haber dicho que no le alcanza para vivir esos mas de cuatro mil dólares mensuales -a parte de todas las prestaciones adicionales que su puesto le otorga), esta chica, madre soltera que no gana más de 150 dólares mensuales, con los cuales no solo cría a su hijo sino también le ayuda al resto de su familia, se puso a llorar.

Diputado, pocas veces he visto llorar con ese sentimiento a un ser humano. No lo puedo describir bien, diputado, era un llanto de rabia, indignación, humillación; era desanimo, era rabia, mucha rabia, diputado. En medio de su llanto nos cuenta que ella y su mamá lo estaban viendo a usted en el programa de televisión en el que dio esas declaraciones y nos decía que ella no podía creer que un político podía pisotear así al pueblo. Ella nos dijo que se sentía tan humillada, que su madre comenzó a llorar cuando lo escucharon decir lo que dijo. Ella nos dijo, ya alterada, que le pidió a su madre que apagara la televisión, que ella ya no podía escuchar más sus palabras, pues eso es lo único que puede hacer el pueblo: apagar la televisión para no escuchar. Todas hicimos un silencio profundo.

Ella continuó alterada pero ya hablándole a usted, como si lo tuviera enfrente. Cómo puede ser, decía ella, que pueda pedir más dinero y decir que nosotros no le agradecemos.  ¿Agradecerle qué? ¿que tengo 25 años y que trabajo desde los 7 años? ¿que he pasado hambre? ¿que por más que me esfuerzo no logro tener un salario de dignidad, una casa bien hecha, que mes a mes llego rezando para que me alcance el salario? ¿que me rebusco día a día por unos pesos más, que paso miedo, que me siento humillada, aplastada,  decepcionada, rabiosa, por sus declaraciones? Ella se lo quería decir a usted en su cara.

Diputado Velásquez Parker, usted se pasó de la raya, ya hace mucho tiempo, pero ahora logró que muchas personas apagaran el televisor pues ya no aguantan escuchar sus palabras.

Usted, diputado, ha sido un inconsciente, usted no merece representarnos pues no sabe lo que vive la mayoría de los ciudadanos. Usted debería renunciar a su puesto y dejar que otra persona con un poco más de información, corazón y sentido común ocupe su curul.

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