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Adelio y Enma no olvidan lo que pasó en El Mozote

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Un hombre recuerda cómo mataron a su madre cuando amamantaba a su hermanita de 40 días. Una mujer, que llora cada diciembre, recuerda cómo mataron a su padre. Los testimonios en las audiencias por la masacre de El Mozote continúan. Ambos piden una sola cosa: justicia. 

Foto FACTUM/Gerson Nájera


Adelio se sienta rápido en la silla de los testigos. Pone las manos entre sus piernas y comienza a moverlas, nervioso. Frente a él, un equipo de abogados está a punto de entrevistarlo sobre lo que vio y escuchó hace 36 años. Durante su interrogatorio, confiesa que, por el tiempo, algunos detalles se le han borrado, pero no puede olvidar el punto central: un grupo de soldados del Batallón Atlacatl mató a su mamá y a sus tres hermanos mientras él veía, oculto, desde la hornilla de su casa.

Muchos años después de aquella mañana fatídica, Adelio, a sus 42 años, ha sido citado para remover sus recuerdos y ayudar con uno de los procesos judiciales más emblemáticos de la historia reciente de El Salvador. Adelio está aquí para confesar hechos relacionados con la masacre de El Mozote, ocurrida los días 9, 10 y 11 de diciembre de 1981. En esos días, miembros del Batallón Atlacatl masacraron a casi mil personas, la mayoría mujeres y niños, en El Mozote y caseríos aledaños en el departamento de Morazán. Hoy es jueves 30 de septiembre. Los años han pasado, pero muchos de los recuerdos parecen estar presentes.

Antes de iniciar el interrogatorio a Adelio, el abogado Rodolfo Garay Pineda dio una breve conferencia a los medios. Este abogado es el encargado de defender a los doce militares acusados de ser autores intelectuales de la masacre. Desde el principio, trata de desacreditar a los testigos con una frase: “Nosotros dudamos mucho de su credibilidad porque nos van a declarar sobre hechos ocurridos hace tre-inta-y-siete-años”, dice, separando y haciendo énfasis en la cantidad. “Entonces, ¿qué veracidad pueden tener principalmente cuando ningunos conocimientos tenían de los posibles imputados?”

Sin embargo, Adelio Díaz Chicas, ni ninguno de los testigos que han sido citados para las audiencias de aportación de prueba, parece haber olvidado cómo les mataron a uno, dos, cinco, nueve, once familiares en aquellos tres días.

Adelio se acerca el micrófono y comienza a narrar, ayudado con las preguntas del abogado David Morales, ex procurador de Derechos Humanos de El Salvador, quien ahora es acusador particular del caso.

Adelio Díaz Chicas, testigo de la masacre de El Mozote y lugares aledaños, muestra una cicatriz de herida de bala en su brazo, que según sus testificó ante el juez, fue disparada por un soldado del Batallón Atlacatl. Foto FACTUM/Gerson Nájera

Habla Adelio.

– Estoy aquí porque soy testigo de la masacre de mi familia. La masacre del Cerro Pando. No recuerdo exactamente qué día fue. Yo vivía con mi mamá. Ella se llamaba Carolina Díaz.

El testigo dice que no recuerda el día, pero sí los hechos. Dice que un grupo de soldados llegó a su casa por la mañana, que sabe que eran soldados del Batallón Atlacatl porque ya los había visto antes, porque ellos mismos le habían dicho a qué batallón pertenecían.

Los soldados llegaron, narra Adelio, y le dispararon a él, que estaba jugando con sus dos hermanos en el patio. Le dispararon en un brazo. Para comprobarlo, se levanta la camisa a petición del abogado David Morales, y muestra al juez y al público presente en la sala de audiencias su cicatriz. La cicatriz que le dejó en su carne la matanza de El Mozote.

Luego sigue narrando las otras cicatrices, las que le dejó la muerte de su madre y de sus hermanos.

–Yo vivía en Cerro Pando. Vivía con mi mamá y mis hermanos. Después que me dispararon, y salí corriendo a la hornilla de la casa. Desde ahí vi que unos soldados entraron y le dijeron a mi mamá que por qué no se había salido. Ella estaba sentada en una silla, dándole de mamar a una niña de 40 días. Mi hermanita. Entonces le dispararon. Ella cayó al suelo y también cayó la niña. La niña cayó muerta.

Al finalizar su declaración, uno de los abogados acusadores, esta vez el representante de la Fiscalía, le pregunta a Adelio: ¿Qué es lo que pide usted para este caso? Adelio tarda unos dos segundos en responder: justicia, dice.

Viernes 1 de diciembre. El segundo día de audiencia de esta semana una testigo más llega a declarar. Su nombre es Enma Lidia Vigil. Es viuda. Los soldados, también del Batallón Atlacatl, le mataron a su padre. Y lo recuerda bien. Con detalles.

Antes de iniciar su relato, recuerda algo que talvez puede servir para entender por qué esas imágenes están tan presentes en su memoria: año con año, diciembre “es un mes muy triste para mí porque fue cuando mataron a mi papá”, dice la mujer.

–Fue el 8 de diciembre de 1981. En esa época vivía en Arambala. Éramos catorce en la familia. Doce hermanitos y mi mamá y mi papá. Yo era la mayor. No había cumplido los 18 años y mi hermanito más chiquito tenía dos meses de nacido. Ese día en la mañana, no habíamos desayunado todavía y llegaron unos solados a decirnos que nos saliéramos, que nos fuéramos para la iglesia, para el parque. Andaban uniformados todos del mismo color y con fusiles.

Enma Lidia Vigil viuda de Amaya, sobreviviente de la masacre de El Mozote y lugares aledaños. Foto FACTUM/Gerson Nájera

Enma llora. Dice que no puede contenerse y hace un gesto de sentirse apenada. La secretaria del juzgado le acerca un vaso con agua y ella repite que diciembre es un mes duro.

–Nos dijeron que saliéramos para la iglesia de Arambala. Y que no cerráramos ni las puertas. Yo les vi la insignia que decía Atlacatl. Mi padre tenía como 38 años. Estaba bien joven. (Suspira) Estábamos bastante ahí. Unos que habían llegado a otros cantones a quedarse y la gente de ahí. La iglesia estaba llena. Como que era misa. Todos eran conocidos. Eran del pueblo. Ahí nos tuvieron toda la mañana. Quizá hasta el mediodía.

Enma no vio cómo los soldados se llevaron a su padre. Solo desapareció. Ya no lo vio. Entonces escuchó el sonido que le confirmó lo que pensaba.

–Entonces oímos los disparos. Lo habían matado ya.

No es la primera vez que esta masacre se aborda en un tribunal. Ya en 1993 el caso fue visto por un juez. Sin embargo, debido a la Ley de Amnistía General, decretada después del fin de la guerra civil que duró más de 12 años, el alto mando de la Fuerza Armada, acusado como autor intelectual de la masacre, quedó sobreseído.

El caso, reabierto en septiembre del 2016, gracias a un revés que la Sala de lo Constitucional le dio a la Ley de Amnistía, se procesa hoy en el Juzgado 2° de Primera Instancia de San Francisco Gotera, en Morazán.

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