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Adelante muchachos, provoquen más caos por favor

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El mundo se transforma y como dice el experto en cultura y medios de comunicación, Jesús Martín-Barbero, “los jóvenes siguen queriendo ser ciudadanos pero de otro planeta, de otra sociedad, de otra familia, otra escuela y otra calle…” La respuesta de la sociedad salvadoreña, y en especial de la clase política, a los intereses y ambiciones de cambio de esta nueva generación, ha sido mantener intactas las viejas estructuras sociales y pretender que los jóvenes participen en política a cambio de una condición: ser sumisos.

En medio de esta nebulosa, en la que apenas se distingue horizonte posible para los jóvenes, ocurrió lo que había estado esperando: la dirigencia arenera decidió expulsar a su director de información y comunicaciones, Andy Failer, y el resultado es que cinco miembros de la Juventud de ARENA renuncian como un acto de protesta y legitimación de sus posturas políticas. La noticia me provocó una gran alegría.

Por fin un grupo de jóvenes militantes de un partido político se atreven a pensar con cabeza propia y asumen los riesgos de sentar posiciones maduras y con visión de futuro sobre los principales problemas que generan debate, hasta ahora estéril, en este país.
Días antes de su expulsión, me ilusionó escuchar a Andy Failer explicando que su interés de militar en un partido político era la certeza de que “a través de la política podes transformar tu realidad”.

En esa misma oportunidad, la directora de información e ideología de la juventud arenera, Érika Nottebohm, agregaba: “no pensamos todos iguales pero nos respetamos y queremos demostrar a la gente que a pesar de pensar diferente podemos trabajar juntos porque nuestro objetivo común es El Salvador”.

Ante tanta sensatez, la respuesta de los dirigentes areneros ha sido de absoluto desconcierto, como la reacción del diputado Norman Quijano: “A esos jóvenes les faltó política y les sobró show”. De esto se trata el problema, de adultos mayores que siguen refiriéndose al futuro de este país sin comprender que esta nueva generación está preparada para algo más que llevar las redes sociales y programar los teléfonos inteligentes de políticos desfasados.

En este sentido, Martín-Barbero afirma que “lo único que preocupa a los mayores y a los espacios de la política es que (los jóvenes) sean sumisos porque esas edades eran de gente obediente. La insumisión de hoy tiene que ver con verdaderas transformaciones de lo que significa ser padre, madre, novia, hijo, maestro”.

El mundo se transforma y El Salvador sigue flotando, extraviado, sin rumbo, en buena medida por esta élite política que se aferra a sus verdades, a sus prejuicios y a sus privilegios feudales, en lugar de darse a la tarea de comprender a esta nueva generación de “nómadas” que habitan un mundo interconectado, tecnológico y moderno, imprescindible para hacer otro tipo de política en este país.

Dicho esto, quiero reiterar mis felicitaciones a este grupo de nómadas insumisos que con su energía creadora despabilaron la nebulosa de este ambiente estancado. Y cierro con una cita brillante y oportuna de Martín Barbero: “Hay que dejar de tener miedo al caos porque es de donde puede brotar un orden menos injusto, menos tramposo, opresor…necesitamos un caos para poder reinventar esta vieja sociedad”. Adelante muchachos, provoquen más caos por favor.

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