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AC/DC: a 35 años de la vuelta al black

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Apenas siendo un niño, desde temprana edad, aquel ímpetu ya me empujaba hacia el black. Y no me refiero al black metal. Hablo de la tendencia a la rebeldía.

Teníamos por entonces una tradición –influenciada por los gustos roqueros de mi hermano mayor– cuando, llegado el 31 de octubre de cualquier año en aquella década ochentera, y con la única intención de desquiciar a los vecinos, solíamos poner dos canciones con especial morbo y hartos watts en las bocinas: “Halloween” de King Diamond era la primera… Mientras que la segunda emergía entre el repicar maligno de una campana hipnotizante.

Doing…. Doing… Doing…. ¡Dooooooooing! ¡Trece veces doing!

Se trataba de “Hell’s Bells”, quizás la canción más importante del disco más importante de la banda más importante parida en el fin del mundo: AC/DC, una banda capaz de contagiar su torrente eléctrico (disfrazado de música) incluso a los tiburones.

Han pasado 35 años desde aquel 25 de Julio de 1980, fecha en la que se publicó el disco “Back in black“.

Por aquellos boreales intensos, al puño clandestino de El Salvador le punzaban las tripas de la indignación por el asesinato de su mártir; Ronald Reagan afinaba su candidatura republicana para suceder a Jimmy Carter en Estados Unidos y alimentar de armas y dinero a quienes obedecieran su “doctrina”; la Revolución Sandinista aprendía a gatear entre la maleza de Nicaragua; Moscú se refugiaba en el verano para vengar “el milagro de hielo”; y, básicamente, la música rock afrontaba con preocupación el paso hacia la adultez.

Podría preguntarse usted: ¿qué tiene de importante un disco como “Back in black”?

Pues en la historia de la música popular, mucha. Tiene mucha importancia.

Por ejemplo, de acuerdo a la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos (RIAA, por sus siglas en inglés), en toda la historia musical en suelo yanqui, solo han existido cinco discos que han logrado más ventas que “Back in Black”.

Estos son:

  1. “Thriller”, Michael Jackson.
  2. “Their greatest hits 1871-1975”, The Eagles .
  3. “The Wall”, Pink Floyd.
  4. “Led Zeppelin IV”, Led Zeppelin.
  5. “Greatest Hits Volume I & II”, Billy Joel.
  6. “Back in Black”, AC/DC.

Y si consideramos al resto del mundo, con este disco AC/DC se ubica en el Top 3.

Por eso,  más allá del chirriar de las cajas registradoras, la historia de este álbum es un cuento apasionante, una historia de muerte y resurrección. Se trata de un disco que se empapó del negro del luto para trascender a la eterna resistencia. De lo contrario no se entendería que, con la trágica muerte de su cantante original (Bon Scott), la banda cantara una frase como la siguiente:

“Olvídate del carro fúnebre porque yo nunca muero
Tengo nueve vidas… Ojos de gato…

Porque estoy de vuelta
Sí, estoy de vuelta

¡Sí, estoy de vuelta en negro!”

Un año antes, en 1979, la banda australiana de los hermanos escoceses Young (Angus y Malcolm) había creado uno de los mejores discos del hard rock, rythm & blues y el heavy metal en aquella Inglaterra qué tanta calidad musical escupía al mundo por aquellos tiempos. El disco, llamado “Highway to Hell”, serviría como una cátedra irónica de cómo encontrar esa “autopista al infierno”. Bon Scott, cantante y profeta del exceso, accedió a ella a través de un boleto disfrazado de alcohol.

El Martes 19 de febrero de 1980, Ronald “Bon” Scott salió a beber con sus amigos a un club londinense entonces conocido como Music Machine. El exceso fue tan descomunal que, al final de la parranda, cuando uno de sus amigos (Alistair Kinnear) quiso llevarlo a casa, pasadas las tres de la mañana, Scott perdió el sentido en el carro de Kinnear, quien tiempo después narró, los sucesos:

“Lo dejé en el carro y llamé a su puerta. Le dije a Silver Smith (ex novia de Bon) que no había podido despertar a Bon. Ella dijo que él solía desmayarse (por las borracheras) con bastante frecuencia y que era mejor simplemente dejarlo a dormir libremente”.

– Alistair Kinnear, amigo de Bon Scott.

Acta de defunción de Bon Scott.

Acta de defunción de Bon Scott.

Kinnear además dijo que inclinó hacia atrás el asiento en el que dormía Scott, para que pudiera recostarse. A la mañana siguiente, Alistair narró que descubrió que su amigo aún estaba en el carro, pero ya no respiraba. Alarmado, Kinnear lo llevó  al Hospital Kings College, pero fue demasiado tarde. Bon Scott fue declarado muerto a su llegada.

Por mucho tiempo se divulgó la teoría de que el cantante de AC/DC había fallecido ahogado en su propio vómito, pero la causa oficial fue definida en el certificado de defunción como “intoxicación etílica aguda” y clasificada como “muerte accidental”.

Ronald “Bon” Scott tenía sólo 33 años de edad.

El luto del negro vistió a AC/DC, aunque la terapia que Angus y Malcolm Young encontraron para evadir la realidad fue la de refugiarse en la música. Poco después de la muerte de Scott, los restantes miembros de AC/DC consideraron por un momento sepultar el proyecto, pero finalmente decidieron que Scott hubiera querido a continuar. Es muy conocida la historia en la que Malcolm cuenta que le llamó por teléfono a su hermano para que juntos superaran el dolor a través de los ensayos con sus guitarras. Mucha de la conceptualización de las canciones para el siguiente disco ya existía en la mente de ambos, así que decidieron pulirlas. Superado este proceso, comenzaron a audicionar posibles cantantes que remplazarían a su viejo amigo escocés.

La búsqueda fue frustrante, pero fue Robert “Mutt” Lange, el productor de “Highway to Hell” (y muy reconocido también por su trabajo con grupos como Def Leppard, entre otros) quien les recomendó al cantante de una banda llamada Geordie: se trataba de Brian Johnson, quien fue el elegido para tomar la batuta.

Cinco meses después de la muerte de Scott, AC/DC terminó la obra que ha vendido ya más de 40 millones de copias en todo el mundo y que se encuentra celebrando 35 años de existencia. El disco incluyó la portada en negro como un homenaje a Scott, un tributo que resulta más que evidente al escuchar canciones como “Hell’s Bells” y “Back in Black”, entre otras.

Sobre el disco

Para 1980, aunque no lo pareciera, “el rock duro” estaba pasando una etapa un tanto complicada. AC/DC quiso hacer entonces un disco en el que defendiera la esencia del rocanrrol (algo que dejaría de manera clara en la canción final del álbum: “Rock and roll ain’t noise pollution”). En aquel año el rock parecía necesitar de un paladín que lo enalteciera. Led Zeppelin estaba disuelto, Black Sabbath, Rainbow, los Rolling Stones y Kiss estaban viviendo un cierre de ciclo o experimentando con otros sonido.

AC/DC no quiso experimentar.

Y nunca cambió. Se aferró a la esencia de su religión musical, la que todavía se mantiene intacta.

Así nació “Back in black”, un disco que también fue producido por John “Mutt” Lange, quien estuvo a cargo del álbum anterior de AC/DC (“Highway to Hell”). Durante los inicios de la década de los ochenta, Lange tuvo una prolífica racha de discos exitosos de corte heavy metal y hard rock, como la trilogía “High ‘N’ Dry” (1981), “Pyromania” (1983) e “Hysteria” (1987) de la banda inglesa Def Leppard.

“Back in black” fue grabado apenas unos meses después de la muerte de Bon Scott.  El estudio elegido fue el mismo donde muchos años después Los Fabulosos Cadillacs grabarían el disco “Rey Azúcar”: Compass Point Studio, ubicado en las Bahamas.

Se estima que más de 42 millones de copias de “Back in black” se han vendido hasta la fecha en todo el mundo.

1) “Hells bells”

El disco inicia con el repicar de unas campanas que poseen su propia historia, un ejemplo para entender el empeño y la búsqueda de perfección que la banda realizó para esta grabación.

Para grabar el sonido buscado, la producción contaba con una campana muy pequeña en el estudio, por lo que el sonido natural que emitía no alcanzaba la nota de LA que posee la canción. Decidieron que, para honrar como lo merecía la memoria de Bon Scott, sería necesario grabar el repicar de una campana real, grande, propia de una iglesia, que doblara su octava. El primer intento de registrar la campana tuvo lugar en Leicestershire, Inglaterra, en el War Memorial Museum, pero a cada golpe que recibía la campana en cuestión se infiltraba también el sonido de muchas palomas que habitaban en ese lugar. El resultado no fue el esperado, por lo que la banda encargó una campana de dos toneladas rescatada de una fundidora local y que terminó dando el sonido buscado. El símbolo de la campana se mantiene aún en los espectáculos de AC/DC.

“Hell’s bells” también se caracteriza por el riff principal, que a cada repetición va creciendo y desarrollando el sentido y la fuerza de la canción. Al ser el primer tema del disco, la rola despejó dos grandes dudas que existían alrededor de Brian Johnson. ¿Sería tan buen vocalista como su predecesor? ¿Qué tal sería su capacidad como letrista? Desde “Hell’s Bells” quedó claro que Johnson  pasaría el examen notablemente.

2) “Shoot to Thrill”

La canción que sirve como primera muestra de velocidad en el álbum. Un nuevo ejemplo de los diálogos hechizantes que entre riff y riff suelen orquestar Angus y Malcolm en sus composiciones.

Y también se trata de una de las mejores letras que Brian Johnson escribió para el álbum, una oda al concepto de sexo, drogas y rock & roll.

“Dispara hasta emocionarte, juega a matar;
Demasiadas mujeres con muchas pastillas…
Dispara hasta emocionarte, juega a matar;
Tengo mi arma lista para abrir fuego a voluntad”

Los detractores  de AC/DC opinan que es una banda que nunca se cansa de grabar el mismo disco, una y otra vez. Y cuando escucho ese argumento, siempre me pregunto que, habiéndose creado el molde que da vida a la emoción de estas canciones… ¿No sería un disparate querer romperlo?

¿Quién ha sido el guapo capaz de crear, en el hard rock, un disco mejor en los últimos 35 años?

3) “What do you do for money honey”

Una de las canciones más subestimadas del disco. Y si le das la oportunidad, vas a darte cuenta de la injusticia que se comete al verla de menos.

Otra de tantas canciones que esta banda ha creado para sacarle fuego a la carretera, manejando una moto (sí, lentes oscuros y con cara de paria), dejando que la cabellera baile con el viento.

La letra de la canción, escrita por Brian Johnson (como todas en el álbum) habla, de manera burlona, sobre una mujer interesada, una gold digger (como le llaman los gringos a las mujeres que solo muestran interés por tener una relación con hombres adinerados). En un principio la canción incluso fue subvalorada por sus creadores, que la dejaban fuera de los set lists en sus conciertos. Pero a partir de la gira de 2001, “Whay do you do for money honey” forma parte ocasionalmente de su repertorio.

4) “Givin’ the dog a bone”

Si no sos muy ducho en el inglés, dejá que te lo explique sin muchas florituras: la canción habla sobre sexo oral.

En lo musical, el tema sostiene el estilo festivo, perfecto para corearse a puño suelto entre la masa de carne y sudor.

Voy a dejar parte de la letra en inglés, para que todo aquel que tenga mucho interés en el tema se dé a la tarea de traducir lo que Brian Johnson buscaba decir:

“She take you down easy
Going down to her knees
Going down to the devil
Down down to ninety degrees
Oh, she’s blowing me crazy
‘Till my ammunition is dry
Oh, she’s using her head again
She’s using her head
Oh, she’s using her head again

I’m just a givin’ the dog a bone
Givin’ the dog a bone
Givin’ the dog a bone
Givin’ the dog a bone
I’m just a givin’ the dog a bone
Givin’ the dog a bone
I’m just a givin’ the dog a bone
Givin’ the dog a bone”

Por cierto, la parte de “Till my ammunition is dry” no podía ser más explícita…

5) “Let me put my love into you”

Soy una convencido de tres cosas con esta canción:

  1. Que aquí es donde Brian Johnson más hace alarde del talento y el alcance de sus vocalizaciones.
  2. Que Barón Rojo, la legendaria banda española de hard rock, se inspiró mucho en esta canción para consolidar su sonido.
  3. Que Brian Johnson era un maniático sexual en aquellos tiempos. 

“Let me put my love into you” baja un poco el ritmo un tanto acelerado que el disco traía hasta este punto, sin llegar a ser un blues cadencioso de pausa total. Prepara al oyente para el mood necesario para asimilar lo que se viene y lo hace sin convertirse en una canción desechable.

*Llegado a este punto el oyente debería tener bien claro que en este disco no existe nada parecido a “una canción desechable”.

6) “Back in black”

La canción que le da nombre al disco y una seria candidata a ser tomada en cuenta como la mejor canción compuesta por AC/DC en toda su discografía.

Recordemos que por aquellos años la música se ordenaba en los discos pensando en Long Plays (LP), por lo que al terminar un lado del disco, el oyente debía cambiarlo manualmente de lado. 35 años después, a muchos (de los resistentes a la vuelta del vinilo) les parecerá una incomodidad. Pero en aquel entonces, una buena estrategia era colocar a tus mejores canciones al comienzo y al final de cada lado, y así fomentar la escucha repetida del disco.

“Back in black” es la primera canción del Lado B y es tan importante que le da el nombre al disco. Es además el segundo homenaje explícito a Bon Scott. 

La banda tuvo la idea para el título antes de escribir cualquiera de las canciones. Así de claro lo tenían.

Malcolm Young ha contado muchas veces que tuvo la idea  principal del riff de guitarra durante años y solía jugar con frecuencia como una melodía para calentar en los ensayos o previo a los conciertos. Agazapada, merodeando en los momentos de soltura, “Back in black” yacía escondida en la mente de Angus.

Tras la muerte de Bon Scott, Angus Young decidió que el primer disco de AC/DC sin él debía llamarse “Back in black (De vuelta al negro)” como una especia de tributo, y fue así como escribió esta canción, jugando en torno a esa frase.

7) “You shook me all night long”

Ha sonado tantas veces en la vida de cualquiera que no vague despistado por el mundo que, quizás por ello, su frescura se ha perdido. Pero si hacemos el esfuerzo de imaginar que la estamos escuchando por primera vez, “You shook me all night long” es un manual perfecto de cómo se debe componer una canción popular de rocanrol, una alabanza a la vida festiva y la emoción, todo encapsulado, sin falla alguna, en 3 minutos y 30 segundos. 

Brian Johnson dejó eternamente su sello con esta canción. Hay mucho de él metido en la letra. Siendo un apasionado de lo automóviles, no es de extrañar que le escuchemos comparando a una bomba sexual hecha mujer con…

She was a fast machine; she kept her motor clean“.

8) “Have a drink on me”

Resulta que después de que Bon Scott muriera por los excesos en el consumo de alcohol, AC/DC respondió con un disco en el que incluye una canción con semejante (y embriagante) alusión alcohólica.

¿Es acaso una muestra de resistencia? ¿Una forma de decirle al mundo que nada cambiará la esencia de la banda?

So don’t worry about tomorrow
Take it today
Forget about the check
We’ll get hell to pay

Have a drink on me

Sí, creo que ese era el mensaje…

9) “Shake a leg”

Aquí hay mucha, muchísima… evidente… influencia de Led Zeppelin.

Con un nombre como ese (“Shake a leg”–”Sacude una pierna”) era de esperarse que la canción fuera un frenesí de rocanrol. Y la canción no decepciona. Por momentos emula parte de la mejor esencia de “Rock and roll”, la rola magistral que Led Zeppelin grabó en su disco “IV”, en 1971. Pero todo aderezado con el estilo peculiar de AC/DC.

10) “Rock and roll ain’t noise pollution”

Hay que ubicarse en la época. En los ochenta, el rock (y en especial el heavy metal) fue muy censurado y criticado por brigadas de católicos, cristianos, evangélicos y demás “defensores de la fe, la moral y las buenas costumbres”. Incluso existía una liga de extensa influencia que “luchaba” contra la propagación de ese “virus” que tanto estaba contagiando a los jóvenes: el rock.

AC/DC creó esta canción a manera de himno. Lo hizo con un poco de rythm & blues y el doblaje multitrack que “Mutt” Lange le puso a las guitarras. Y mientras tanto, Brian Johnson escribió una letra que habla sobre el otro gran componente al que hice referencia al principio de estas líneas: la resistencia.

 “Heavy decibels are playing on my guitar
We got vibrations coming up from the floor
We’re just listening to the rock that’s giving too much noise
Are you deaf, you wanna hear some more
We’re just talkin’ about the future
Forget about the past
It’ll always be with us
It’s never gonna die, never gonna die

Rock ‘n’ roll ain’t noise pollution
Rock ‘n’ roll ain’t gonna die
Rock ‘n’ roll ain’t noise pollution
Rock ‘n’ roll it will survive”

Al escuchar esta canción –y el disco en su totalidad– siempre me ocurre que imagino a Angus y a Malcolm jugueteando con sus guitarras y creando estos riffs, que a simple escucha parecieran sencillos, pero es justo ahí donde yace gran parte de la grandeza de esta banda: la capacidad de crear trozos de música de contagiosa sonoridad, revestirlos con feroces solos de guitarra y cantarle a la eterna actitud rebelde de quienes se resisten… Los que nunca van a envejecer.

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