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¿Qué pasa con la formación continua de los docentes en El Salvador?

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Todos estaremos de acuerdo en que, hoy más que nunca, la formación continua de las y los docentes del sistema educativo salvadoreño es necesaria y urgente. Sin embargo, no por ser urgente, cualquier proceso o espacio de formación continua está bien.

Como recordatorio y por que es útil enmarcar este texto, a inicios de 2015 el Ministerio de Educación lanzó el Plan Nacional de Formación para Docentes en Servicio con miras a ejecutarse en el período 2014-2019. Este plan se orienta a la formación de docentes de inicial, parvularia, básica y bachillerato en el dominio y especialización de sus disciplinas: matemáticas, ciencias naturales, sociales, humanidades, inglés, informática[1]. Entre los ejes del modelo de formación se plantean: formación de redes de docentes especialistas que repliquen la formación recibida con otros docentes en su zona de trabajo, fortalecimiento de procesos de reflexión sobre la práctica pedagógica, promoción de la equidad de género y evaluación continua, promoción de la conectividad digital e internalizar el enfoque de ciencia, tecnología e innovación.

Entre los pasos para echar a andar este plan están: constitución de núcleos de expertos en las disciplinas quienes a la vez diseñaran los planes de formación continua[2], formación de docentes especialistas que se prepararán para replicar este proceso formativo con otros docentes en su zona de trabajo hasta cubrir los 45 mil docentes del sistema público y el involucramiento de los núcleos de expertos en las siguientes fases del plan. La etapa de formación de docentes especialistas y el proceso formativo que deben replicar con sus compañeros docentes se realizarían en un periodo de dos años.

Hasta noviembre pasado, a unos meses de cumplirse dos años de su lanzamiento, el MINED publicó en su sitio la noticia que con este plan, en lo que va de 2016, han dado atención a “más de 32 mil docentes y especialistas a nivel nacional, sobrepasando los 25 mil proyectados para este año[3], y que solo durante ese mes se estaban atendiendo más de 15 mil docentes entre los niveles de educación inicial hasta media en especialidades como estudios sociales, matemática, lenguaje y literatura, ciencias naturales y tecnología.

Creo que lo anterior basta para hacer algunas preguntas a este proceso de formación continua, así como también para hacer algunas cuantas reflexiones.

Busqué informes y noticias sobre avances de este plan de formación en sus casi dos años de existencia. Los que encontré no hablan más allá de números de docentes formados y que se ha llegado a 32 mil docentes en un año, casi el 71% de los docentes del sistema público, que en cobertura está muy bien. Sin embargo, quedarse solo con los números me preocupa porque no caracterizan los procesos de formación de tal manera que nos ayudaran a comprender cómo se organizan, cómo viven estos procesos los docentes o qué lugar está ocupando el docente como sujeto de aprendizaje en esos espacios. Es decir, no se aborda la cara cualitativa, la que, finalmente, nos puede decir mucho sobre cómo los están recibiendo los docentes, sobre cómo están aprendiendo, reflexionando y, sobre todo, cómo los están re-significando e incorporando a la práctica cotidiana en sus aulas.  Con este número de docentes que se han formado tampoco nos dicen nada de cómo se concreta el eje de reflexión sobre la práctica pedagógica que forma parte del modelo planteado por el plan.

Otra de las cosas que nos debería ocupar es que al hablar de los avances de este plan de formación no se menciona nada de seguimiento y acompañamiento a los docentes. Claro que en el documento oficial del plan sí se menciona que los asesores pedagógicos tienen las funciones de seguimiento y acompañamiento, pero estas se mencionan de forma un poco escueta y ambigua diciendo que su responsabilidad es el “seguimiento del proceso de formación, organizar el proceso de asistencia técnica inherente a la formación[4]. Nuevamente, que nos digan que han llegado a 32 mil docentes no nos va a servir de nada si no discutimos cómo son los procesos de seguimiento y acompañamiento, si es que se están llevando a cabo, y tampoco nos va a servir de mucho si no se piensa en cómo garantizar que el acompañamiento permita a los docentes tiempos y espacios para reflexionar, entender e incorporar estas nuevas herramientas y aprendizajes a su aula, con cada uno de sus estudiantes. Todo esto tampoco nos dice nada sobre cómo se va a asegurar que el asesor pedagógico, quien idealmente es esta figura de acompañamiento para el docente, no se vuelva un supervisor y un vigilante punitivo del trabajo de los docentes.

Y es que ante este escenario es relevante considerar que no cualquier proceso de formación para docentes funciona. Habría que preguntarnos si estos espacios de formación de los que habla el plan del MINED consideran que estos espacios de formación, que brindan nuevos aprendizajes a los docentes (disciplinares o de contenidos, didácticos, pedagógicos) podrían entrar en conflicto con sus prácticas, creencias, concepciones sobre la educación, docencia y el proceso de aprendizaje y si lo toma en cuenta qué hace para enfrentar este conflicto con cada docente.

Al respecto, hay algunos autores que sostienen cómo las intenciones de cambios o mejoras educativas, a veces, padecen la debilidad de no ser concebidas como procesos de construcción de significados, es decir, no se conciben al docente como alguien que debe y que necesita construir significados de estos procesos de formación, como alguien que debe encontrar sentido en los cambios que les plantean para su práctica, como alguien a quien hay que ayudar a construir un criterio para que sea capaz de tomar las mejores decisiones en el aula, en materia de práctica docente y estrategias de enseñanza, de forma autónoma y profesional[5]

En ese sentido, también es necesario preguntarse: ¿Las formaciones o talleres toman en cuenta las diferentes formas en que los docenes aprenden? ¿Toman en cuenta sus creencias, sus concepciones, sus historias, sus experiencias en educación y en sus escuelas? Y si las toman en cuenta ¿cómo lo hacen y cómo se reflejado en los espacios de formación, de seguimiento y acompañamiento?

Y si a todo esto le sumamos que en El Salvador existe la mala costumbre de proponer cambios o mejoras educativas con las prisas que los cinco años de gobierno exigen, con las prisas de quien no conoce  o no quiere considerar que las transformaciones en las aulas no pueden consistir solo en transmitir nueva información a los docentes y por arte de magia, en un abrir y cerrar de ojos, lo habrán concretados en su práctica docente.

No dudo que existen experiencias de formación que acompañan, que se toman los tiempos y espacios necesarios para reflexionar los cambios, tampoco no dudo que existen facilitadores que acompañan a los docentes en este proceso, pero necesitamos hacerlo extensivo, necesitamos hacerlo para todos los docentes, necesitamos que los procesos sean reflexivos, que sean minuciosos, que se les dé tiempo, que sean adecuados a las necesidades de las escuelas. Esto implica gente dedicada completamente a esto, implica recursos económicos y materiales dedicados a este proceso, implica trascender de los planes de cinco años de las gestiones de gobierno, implica dejar de correr por las prisas para ver resultados para beneficio político.

Referencias:

-Ministerio de Educación de El Salvador (2014). “Plan Nacional de Formación de Docentes en Servicio en el Sector Público”. Recuperado de: https://www.mined.gob.sv/jdownloads/Institucional/Plan%20Nacional%20de%20Formacin%20Docente/inf_completo.pdf

https://www.mined.gob.sv/index.php/noticias/item/8451-plan-nacional-de-formacion-docente-supera-meta-2016

-Stenhouse, Lawrence (1999). Investigación y Desarrollo del Curriculum. España, Ediciones Morata

[1] Ciencias naturales: física, química y biología; ciencias sociales: historia, sociología, antropología, economía y política; humanidades: literatura, filosofía y pedagogía

[2] Las dos etapas de formación se realizarán en un periodo de dos años, desarrollando un plan de formación estructurado en 8 módulos, en modalidad semipresencial con apoyo de una plataforma virtual para los momentos no presenciales, totalizando 120 horas de formación por módulo.

[3] https://www.mined.gob.sv/index.php/noticias/item/8451-plan-nacional-de-formacion-docente-supera-meta-2016

[4] Plan Nacional de Formación de Docentes en Servicio en el Sector Público, 2014, p. 34

[5] Stenhouse, 2010

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