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10 razones por las que el ‘football’ es mejor que el fútbol

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Me excuso de antemano por el titular de este conteo (que no es el más exacto), pero lo utilizo porque se me antoja más “engatuzante”.

En realidad debí titularlo como “10 razones por las que la NFL (National Football League) o el CFB (College Football) es mejor que cualquier liga de fútbol del mundo”…

Pero ¿verdad que no hubiera sido lo mismo?

Y aunque incluyo excepciones, la mayor parte de mis argumentos se basan en comparaciones entre ligas y no se enfocan en el gusto (o disgusto) que cada quien pueda sentir por un deporte u otro. En Factum me apego a lo fáctico. Intento evadir, entonces, el uso de argumentos como el “a mí me gusta más (o menos) tal deporte por esto (o aquello)”. Porque si razonamos así, entonces va a ser complicado que nos pongamos de acuerdo o que exista un justo debate al respecto. Excluyo entonces a la estética como argumento.

Degrado también argumentaciones basadas en afinidades raciales, regionales, patrióticas o hasta políticas. No se trata entonces de argumentar con un “Es que ese deporte es de los gringos… ¿Acaso vos te creés gringo?” o el clásico uso etimológico de atentar contra el “(american) football” debido a que el objeto en disputa de este deporte sea un huevo de cuero (en lugar de un esférico) que casi nunca entra en contacto con el pie. La historia bien explica que el origen del nombre de este deporte se remonta al árbol genealógico del que procede: el “Rugby Football”, que al ser exportado a Estados Unidos adoptó nuevas reglas y características de una propia autonomía, entre ellas, la de eliminar la palabra “rugby” para diferenciarse.

Así que advierto desde esta introducción que si a usted le parece erróneo que emplace al deporte de los gringos como algo superior al deporte más popular de casi todo el resto de la humanidad (incluida nuestra finca), sepa que yo entiendo que la popularidad de tal o cual juego no es lo importante, y que valoro más las diferencias entre los reglamentos, las estrategias, la aceptación de la violencia como un recurso válido (aunque lastimosamente cada vez estén suavizando más a la NFL) y el fomento de la paridad en la construcción de los equipos, entre otras cosas.

Sepa también que de ninguna manera estoy desmereciendo las virtudes de nuestro fútbol (el de nuestra finca, el de las favelas brasileñas o el del más alto nivel europeo). Sé que las tiene y en toda mi vida me he apasionado por ellas. Simplemente es una aceptación personal de algo que cambió en mi panorama desde el día en que comprendí que la esencia de la pasión por un juego no debería recaer en las tradiciones de los pueblos, sino en un mayor sentido de justicia y paridad entre los competidores cuyo requisito indispensable es la emoción y la estrategia.

Dicho eso, detengo mi diatriba y paso al punto por punto:

1) Tecnología (corrupción)

Empiezo con la más obvia: el uso de la tecnología.

Fue el 27 de Junio de 2010. Lo recuerdo muy bien por dos razones: primero (y la más importante), porque fue un momento doloroso para la selección mexicana de fútbol ( 😆 ); y segundo, porque fue un momento bochornoso para la FIFA y su terquedad por aceptar que es imperioso el uso de la tecnología como un soporte para que las decisiones arbitrales sean más justas. Argentina anotó un gol en claro fuera de lugar. Las pantallas del Estadio Soccer City, de Johannesburgo, mostraron con absoluta claridad que aquel tanto no debía haber contado, pero los árbitros decidieron ignorar la evidencia y dar por válida la anotación. Sabían que, de haber anulado el gol, habrían gestado un precedente de utilización de la tecnología en una decisión arbitral. Y claro, la FIFA se opone a ello, aunque permita que el juego más popular del mundo sea un poco más justo, aunque colabore a evitar posible corrupción.

La NFL, en cambio, no anda con semejantes farsas. No permite semejantes escotillas para una posible corrupción. La NFL sí se apoya de manera decisiva en la tecnología para corregir posibles errores humanos. De hecho, fomenta el desafío de las decisiones arbitrales. No coloca a “las cebras” (los referís) en la inmaculada posición de incuestionables. Faculta a los entrenadores de los equipos para que (haciendo uso de un pañuelo rojo) desafíen una decisión que les pareciera equivocada y atentatoria contra sus intereses. Pero a la vez castiga al abuso de esta facultad. Si un ‘coach’ utiliza erróneamente un desafío, es castigado con un (muy valioso) tiempo fuera. Nótese que esta facultad convierte a los entrenadores en parte activa del juego, con la posibilidad de incidir directamente en un resultado, a diferencia del fútbol, en donde a excepción de los cambios de estrategia y los cambios de jugadores (que son limitados), los entrenadores más bien fungen como simple “tambor de boga” en un barco de guerra.

Sin embargo, la NFL tampoco es infalible. Incluso con el uso de la tecnología se siguen tomando decisiones equivocadas. Lo incuestionable es que la tecnología reduce el margen de error y que, al hacerlo, reduce la posible incidencia de factores externos, como la corrupción a través del soborno de los árbitros.

Y bien sabemos que de esa pata cojea bastante nuestra querida mula balompédica… ¿O no?

Por último, y respecto a este punto, retomo lo que una vez me comentó un buen amigo (que por supuesto no entendía ni pepa de fútbol americano):

“No me gusta. Es que yo solo veo a un señor hablando por teléfono con otro señor… ¡Y así pierde gracia la cosa!”

Repito algo que dije al principio. Este conteo no aborda argumentos sobre “gracia”, sino más bien sobre “funcionalidad”.

Esos teléfonos a los que se refería mi amigo –que más bien son micrófonos y audífonos– permiten una comunicación fluida entre un grupo de ‘coaches’ que ni siquiera aparecen en pantalla, pero que toman decisiones importantes. La tecnología permite que esto sea así, permite que haya una mayor posibilidad de uso de estrategia y eso –considero– es algo positivo.

2) El manejo del reloj

cuarto árbitro
El tiempo, el implacable, el que pasó” es el nombre de una gran canción de Pablito Milanés. Y sí, en el fútbol americano el tiempo es una cosa concreta. Los partidos se dividen en cuatro períodos con duración de 15 minutos cada uno. Ni un segundo más, ni un segundo menos. El entretiempo dura 15 minutos. Y si hay extra tiempo, este dura también 15 minutos.
Además, durante un juego se sigue el tiempo de dos maneras y, por lo tanto, hay dos relojes:

-El reloj que marca el tiempo que queda del partido.

-El reloj que marca el tiempo para iniciar una jugada.

¿Demasiado complicado? Ese es el precio de tener un juego más exacto y menos abierto a las interpretaciones humanas (y por ende corruptibles) de un árbitro. En nuestro fútbol, el tiempo es un misterio. Dura lo que el árbitro central calcula que debe durar. Sí, nos dicen que cada mitad dura 45 minutos, pero lo que ocurre después, con los minutos de reposición es un verdadero acto de fe… Lo que el señor guste mandar… Lo que sea de su voluntad… Si se le avería la pila del cronómetro, tendrá que calcular las cosas como hace el tío Anacleto en la finca: por la posición del sol. ¿Y si el juego es nocturno? Pues ni modo. Lo más fácil: ¡Hasta que marque el Madrid!

3) Diferencias presupuestarias

Ilustración de Flickr con licencia Creative Commons y creada por hikingartist.com.

Ilustración de Flickr con licencia Creative Commons y creada por hikingartist.com.

Se quejan de las diferencias en el reparto de riquezas en nuestras sociedades (o incluso en el mundo), pero dan por válidas (y hasta defienden) esas mismas diferencias en la competencia deportiva del deporte más popular del mundo: bienvenidos al negocio del fútbol.

¿Por qué va a ser justo que el Barcelona Fútbol Club compita contra el Almería si su presupuesto para la presente campaña es casi 30 veces superior (29.7, para ser exactos)? ¿Por qué va a ser justo que Barcelona y Real Madrid –los dos equipos consentidos por el aficionado salvadoreño– puedan pagar más que la sumatoria de los 18 equipos contra los que compiten en España? ¿Cuál es el orgullo de ganar amparado en condiciones como esas?

España vive tiempos complicados en su economía. Por ello, en el presente campeonato adoptaron medidas de tope salarial como una de las iniciativas para que no se gaste más de los que se gana y lograr así que los clubes de fútbol puedan pagar las millonarias deudas que mantienen con Hacienda.

Pero los españoles no se inventaron el Tope Salarial. Al contrario. Los dos equipos más poderosos de su liga de fútbol se han opuesto a medidas coercitivas que apliquen camisas de fuerza a sus chequeras.

En la NFL –y en casi todas las ligas profesionales de deporte en Estados Unidos– existe desde hace mucho tiempo la figura del Tope Salarial, que en términos simples consiste en la suma total de dinero que pueden costar los jugadores para cada equipo cada temporada. Los equipos, a través de ciertas estrategias, pueden trasladar algo del espacio del tope salarial no utilizado el año anterior, lo que hace que a veces la plantilla de un equipo sea más cara que la de otro. Sin embargo, el objetivo final es que haya un balance, una posible igualdad en el uso de los recursos.

Por supuesto que mercados de ciudades más grandes llevan ventaja sobre mercados menores. Queda en los dueños de las franquicias –y sus gerentes deportivos– la decisión de cómo usarán el dinero para contratar a las mejores estrellas disponibles.

Es por eso, en buena parte, que las dinastías en la NFL son más complicadas de edificarse. En este deporte es muy complicado repetir campeonatos. En los últimos 15 años esto solo ha ocurrido una vez: con los New England Patriots (2004 y 2005). Pero en cambio es más común que un equipo que tiene una mala temporada se reponga para la siguiente y compita con los mejores.

4) El draft/El descenso

Foto de Flickr publicada por Matt McGee con licencia Creative Commons.

Foto de Flickr publicada por Matt McGee con licencia Creative Commons.

La NFL (al igual que otras ligas de deporte profesional en Estados Unidos, como la NBA, MLB, NHL) posee equipos que en realidad son franquicias, como si se tratara de Kentucky Fried Chicken o Pollo Campero. Por lo tanto, los dueños de estas franquicias (de capitales multimillonarios) no pueden permitirse el riesgo de desaparecer debido a una racha de malos resultados deportivos. Por eso, a diferencia del fútbol, en el deporte gringo no es bien visto el castigo del descenso a una categoría inferior para un equipo que termine con el peor récord al finalizar una campaña.

De hecho, es al contrario: a los pequeños, a los desposeídos, a los que las cosas no les han salido como esperaban se les brinda preferencia de selección a través del draft. Y esto es para todos. No importa si el equipo pertenece a un gran mercado o si no. Pueden ser los Dallas Cowboys (quizás el equipo más popular y más repudiado en Estados Unidos) o los Jacksonville Jaguars. Da igual. Si un equipo tiene una malísima temporada, se le da la preferencia a la hora de seleccionar del semillero de atletas colegiales al mejor talento disponible. De esta manera puede rearmarse y volver con mejores herramientas para la campaña siguiente.

Esto es porque la NFL busca que su liga esté lo más equilibrada que se pueda en cuestiones de competencia entre equipos. El draft consiste en una serie de reglas para que los equipos que más lo necesitan puedan contratar a los jugadores más codiciados del CFB (College Football).

¿Se imagina usted esto en el fútbol? Que los peores equipos de una liga tuvieran preferencia a la hora de elegir a un listado de los mejores talentos jóvenes disponibles.

Claro que no. El fútbol funciona de otra manera. Al fútbol no le interesa demasiado que haya paridad entre equipos. Al fútbol le interesa poco si un equipo que no genera demasiado dinero desciende (o hasta desaparezca).

Tome en cuenta, por ejemplo, la historia de la máxima estrella del fútbol en la última década: Lionel Messi, que a los 11 años le fue diagnosticada una deficiencia de la hormona de crecimiento. El tratamiento para subsanar la situación tenía un costo de $900 dólares por mes, de acuerdo a una publicación del periodista Ian Hawkey, del periódico inglés The Times.

El FC Barcelona pagó aquel tratamiento y lo incluyó en sus fuerzas básicas.

Pregúntese: ¿puede hacer lo mismo el Almería, el Elche o el Cadiz?

La historia cuenta que ni siquiera se animó a hacerlo el River Plate, un club que en Argentina apodan como “Los Millonarios”.

5) El Super Bowl (el show)

Lo dice Forbes y yo solo retransmito el mensaje: el año pasado el Superbowl (la gran final del campeonato de la NFL) tuvo 108 millones de televidentes (solo en Estados Unidos) y la mitad de ellos estuvo atraída en buena parte también por razones extra deportivas. Millones de ellos estuvieron atentos a un espectáculo que en otras ocasiones funciona solamente como un distractor:

¡Los comerciales de TV!

El mismo artículo informa que en el Superbowl de este 2015, un comercial que dure 30 segundos costará $4 millones de dólares y si dura el doble, pues costará el doble. Se trata de 133 mil 333 dólares por segundo. Sin contar los costos de la producción del comercial, que según Forbes tiene un promedio de $1 millón de dólares.

Y ese no es el único espectáculo que vemos en la gran final de la NFL.

Quizás es que los gringos son menos mojigatos que la FIFA y se olvidan de mosaicos y danzas regionales. La NFL es más de rock & roll para el espectáculo del medio tiempo (Kiss en 1999, U2 en 2002, Paul McCartney en 2005, The Rolling Stones en el 2006, Bruce Springsteen en el 2009) o también con grandes súper estrellas del pop (Madonna en 2012, Prince en 2007 y The Black Eyed Peas en 2011)…

Sumado a esto… ¿Cuándo el fútbol nos ha obsequiado la contemplación de un seno de Janet Jackson en una de las finales de Copa del Mundo como Justin Timberlake y la NFL sí lo hicieron en el Superbowl de 2004?

Le daría un infarto a Joseph Blatter o a Pelé…

6) Funciones en el campo (ofensiva/defensiva/equipos especiales)

Imagen de Flickr con licencia Creative Commons, compartida por www.SeniorLiving.Org

Imagen de Flickr con licencia Creative Commons, compartida por www.SeniorLiving.Org

El fútbol de nuestra parte del mundo tiene unas maneras un poco curiosas y abstractas para evaluar la propuesta de un equipo. Hay quienes hablan del “buen fútbol” como un sinónimo de una propuesta ofensiva. Incluso en las entregas de premios a los mejores jugadores descartan a (o toman menos en cuenta el valor de) los futbolistas que cumplen faenas defensivas.

En la NFL –como buen deporte gringo que es– esas apreciaciones subjetivas no tienen demasiado peso en los debates. Ahí importan más las estadísticas frías, aunque no se descarta la proyección de talento innato en los atletas. Además, el fútbol americano fracciona las funciones que los deportistas deben cumplir: ofensiva, defensiva y equipos especiales. Cada una de ellas cumple funciones de mayor o menor importancia, pero vitales para el objetivo final.

El MVP de un juego importante (cuya traducción es “jugador más valioso”) puede ser un jugador ofensivo, defensivo o hasta de equipos especiales (como ocurrió con Desmond Howard en el Superbowl de 1997). Y cada función se aprecia y se trabaja de manera determinada. Los equipos cuentan con coordinadores ofensivos, defensivos y equipos especiales, pero también con preparadores de pateadores, preparadores de mariscales, entrenadores de receptores.

Es como afinar un campo de guerra con especial atención y validez: la infantería por un lado, la caballería por otro, la artillería por otro. Es un juego de ajedrez con guerreros en movimiento. Un equipo puede ganar un campeonato basado en una buena defensa, aunque tenga una ofensiva mediocre. Y nadie juzga de mala manera esta disparidad de fortalezas.

En cambio el fútbol de nuestra parte del mundo, por su concepción, obliga a que los jugadores comprendan las tres facetas del juego (ataque, defensa y transición) y a la vez permite que algunos se desentiendan de alguna de ellas. Pero en la apreciación del vox populi persiste un aprecio mayor del aspecto ofensivo sobre el defensivo.

El premio Balón de Oro al mejor futbolista del mundo es una prueba de ello: por más de 30 años (con la revista France Football y con los años recientes de fusión con la FIFA) el premio solo se le concedió una vez a un futbolista defensivo: Fabio Cannavaro, en 2006.

7) Superioridad atlética (la violencia)

Violencia

No es cierto eso que dicen que “el Fútbol Americano es un deporte de contacto“. En absoluto. El Fútbol Americano es un deporte de violencia. Y eso está bien que sea así. Los seres humanos nos hemos divertido con la violencia en una justa atlética desde tiempos ancestrales (Ojo: este es un video NSFW).

Y luego, este punto parece una obviedad: la supremacía de la fuerza y la masa sobre la velocidad.

Lionel Messi podría jugar en los New England Patriots como uno de los receptores (ala cerrada) de velocidad y pocos kilos de peso que tanto le gustan al coach Bill Belichick. Pero nadie garantiza que su velocidad le asegure eludir un funeral adelantado. Esto porque no es lo mismo que se cruce en tu camino Thomas Ujfalusi a que lo haga William “el refrigerador” Perry con sus 350 libras de peso.

Además, el Meme de este numeral deja muy claro el problema de fingir faltas y lesiones que cada vez envenena más a nuestro fútbol.

8) Los nocivos empates 

A los gringos no les gustan los empates. Casi ninguna de sus ligas entiende al empate como un resultado atractivo. Y tanto les desagradan los empates que incluso en el fútbol de la MLS intentaron eliminarlo del reglamento con aquellos nefastos “shootouts“. Pronto aprendieron que en el fútbol la cosa es distinta.

Y a decir verdad, un fanático que acude a un estadio a apreciar un espectáculo deportivo no debería planearlo pensando en que su equipo empatará. ¿Cuál es la gloria de igualar a un rival?

Y volvemos al punto #3 de este conteo: son las diferencias presupuestarias las que hacen que los equipos asuman inferioridad y den como victoria cuando se alcanza un empate. ¿Cuál es la gloria de ello? La gloria es vencerlo…

La existencia de los empates como un resultado válido es lo que haría que David ni siquiera se animara a lanzarle una piedra a Goliat. Con eludirlo sería suficiente. Y yo soy más del estilo de Mad Max: dos entran a la jaula y solo uno sale.

Incluso a la misma FIFA le desagradan los empates, al grado que en 1994 aceptaron modificaciones que ya se implementaban en distintos países europeos para premiar con tres puntos a la victoria (en lugar de dos) y así buscar que los equipos buscaran ganar más y empatar menos.

En la NFL existe una posibilidad muy remota de que dos equipos terminen empatados. Para ello deben terminar los cuatro períodos del tiempo oficial empatados. Luego viene un tiempo extra de 15 minutos de duración y si ninguno toma ventaja sobre el rival ahí (eludiendo varias posibilidades de decisión por muerte súbita en la puntuación), entonces terminan empatados.

Para muestra: la temporada regular del 2014 tuvo 256 juegos. Solo uno de ellos terminó empatado.

9) Popularidad

Age of Empires

Sí. Sé muy bien que al comienzo de este conteo pedí que no se tomara en cuenta a la popularidad de uno u otro deporte, pero es que quise hacer un poco de trampa y utilizar psicología inversa.

Lo aparentemente bueno no es tan bueno como lo malo.

Es indudable que nuestro fútbol es el deporte más popular del planeta tierra, pero no siempre la popularidad es signo de calidad. Que algo sea popular no significa que sea lo mejor. Hay demasiados ejemplos en elecciones electorales que así lo demuestran.

El fútbol americano es un juego más complicado de entender. Posee muchas reglas y esa variedad de tantas reglas obliga a pensar más. Y no a todas las personas les gusta pensar tanto. Si bien el fútbol es un deporte que admite mucha estrategia, la proporción de su uso es ridícula en comparación con el fútbol americano . En este último, cada jugada obedece a una planificación que se ha diseñado y se ha practicado en repetidas ocasiones. El fútbol es más suelto y por ende más afín a la habilidad que a la estrategia.

El fútbol es Mario Bros. La NFL es Age of Empires.

El fútbol es jugar Monopolio. La NFL es Ajedrez.

El fútbol es el Canelo Álvarez. La NFL es Floyd Mayweather Jr.

10) Las porristas

Aunque en tiempos recientes el fútbol ha comenzado a indagar en el encanto y la belleza de las animadoras de los equipos en un estadio, la verdad es que la desventaja en la historia es descomunal.

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